Un Gobierno roto que no se rompe
«Aragón lo da por perdido, y Esquerra, sin embargo, le garantiza su continuidad en la Moncloa»

Pedro Sánchez. - Archivo | EP
Me lo decía festivamente una colega: «Lo de Maduro no ha dejado de ser una broma; un conductor de autobús convertido en presidente, es como si aquí, en España, Koldo, un ‘machaca’ de putas, hubiera llegado a la Moncloa». Pero lo de Venezuela es como sigue: toda una larga etapa de decenas de años que aún queda por resolver. ¿Qué va a hacer Trump con todos los restos del chavismo que siguen en el país? ¿Toda una descomunal operación militar casi de Netflix para que sigan mandando los narcos al mando de Delcy Rodríguez? Hoy, quedan horas, lo vamos a comprobar: si esta individua jura como presidenta de la Nación, será que algo no se nos ha dicho, que puede haber un pacto a no sé cuántas bandas que todavía desconocemos. Aquí, en España, lo que sí sabemos es que Sánchez, que quizá aún continúa patinando por Andorra, no sabe qué hacer. La izquierda le está achuchando con el regreso del «No a la guerra», pero en su Gobierno, quebrado en mil pedazos, hay gentes como la ministra de Defensa, Margarita Robles, que le está susurrando: «Cuidado, Pedro, que nos estamos quedando más solos que los de Tudela». Y es que en Europa las grandes naciones han apoyado a Trump sin objeción alguna: lo ha hecho Macron, el más evidente, Meloni, y también el laborista Starmer. De tal modo lo han hecho que en este país, en España, ha habido muchos ciudadanos que se han pronunciado así: «Yo quiero ser francés, italiano o incluso inglés».
Por una parte, marcha casi toda España, la que llena la Puerta del Sol de Madrid y que apoya sin duda alguna la operación policial de Estados Unidos, y por otra, un Gobierno, una de cuyas facciones pretende nada menos que romper relaciones diplomáticas con Washington. Son los histéricos de Sumar, al mando de la depreciada Yolanda, y por fuera los leninistas de Podemos, que están atisbando la posibilidad de subir escalones mientras el deportista Sánchez se desangra. Se trata de un Gobierno roto, lo acabamos de escribir, que de ninguna manera se va a romper. No, entre otras cosas, porque el presidente, de regreso al país, no puede permitirse el lujo de mandar a freír espárragos a los disidentes comunistas porque ello supondría que él también se iría a escardar champiñones. Solo les separaría la cualificación herbácea. Nada más. Es decir: afirmar que este Ejecutivo de extrema izquierda está roto, pero no se rompe, es lo más lejano a un retruécano, Sánchez lo sabe y por eso está tranquilo: pase lo que pase, él aguantará hasta mayo del 27.
Porque antes de que Trump enviara a su escuadrilla a detener al payaso del Caribe, el jefe del Gobierno español ya lo tenía complicado. Este jueves mismo aparecerá Ábalos por el Senado, de cuerpo presente o por videoconferencia, que para el caso es lo mismo. ¿Qué se espera de él? Pues algunas fuentes, que dicen tener noticias de cómo se encuentra, adelantan que lanzará puyas a la siniestra, pero no deslizará su lengua por grandes revelaciones. Son estas fuentes las que aseguran que ni en el peor de los momentos el PSOE ha dejado de tener contactos con el preso de Soto del Real, harto él, esto sí es de conocimiento común, de soportar los fétidos pedos de su colega de habitáculo, Koldo García. Para este mismo día, según tiene avanzado su periódico de cabecera, Sánchez tenía preparada una conmoción nacional en forma de, literalmente, «golpe de efecto». Es muy probable que Trump le haya jorobado la pirotecnia, pero debemos quedarnos con esto: la intención del psicópata era llegar a su anunciada reunión con el penado Junqueras antes del día 15 con la filtración de un «sistema singular de financiación para Cataluña». Ni siquiera la cercanía de las elecciones aragonesas —8 de octubre— le pueden hacer cambiar el rumbo y solo por esto: porque Aragón lo da por perdido, y Esquerra, sin embargo, le garantiza su continuidad en la Moncloa.
Y, por favor, quédense asimismo con esta amenaza: por el Viejo Reino de Navarra se está especulando con la posibilidad de que Sánchez esté negociando con la factoría del PNV en la región, Geroa Bai, la posibilidad de abrir la Transitoria Cuarta de la Constitución, aquella barbaridad que antaño Arzalluz y los socios le colaron a Suárez. La Transitoria recoge el «caso de la incorporación de Navarra…» y es un referéndum por el que, llegado el momento, no tengan duda que tragaría la escuálida Chivite, presa de Bildu, y toda su patulea de socialistas navarros. Sánchez no repara en barras y si hay que entregar a Aitor Esteban, ocho apellidos castellanos en su ficha natal, esta cesión lo hará afirmando que ese movimiento —lo verán— estabiliza para siempre la situación institucional del País Vasco en España.
¿Será algo parecido al «golpe de efecto» que la coyunda Sánchez-Gómez ha preparado en Andorra? Por lo pronto, el Gobierno, por boca de su portavoz, tiene dicho que el Parlamento les trae exactamente por una higa, y que si en su sede no se puede aprobar las reformas judiciales del pequeño Bolaños, ya encontrarán una trampa para metérsela doblada a la Justicia. O sea, como dice un periodista que conoce muy bien la Moncloa: «Habrá reforma de la carrera judicial quiéralo o no la oposición». Todo esto ocurrirá mientras Sánchez se pasea por el mundo, más concretamente por Europa, donde ya no le saludan ni los bedeles de la Comisión. ¿A él que le importa que su nuevo hombre en Extremadura, un tal Quintana, esté acusado no por una, sino varias mujeres de acoso laboral? Que le echen (quizá suceda esto la presente semana) porque, textualmente: «Yo no le he conocido nunca». Así están las cosas: el PSOE confiaba que de la lectura de los mensajes cruzados entre Feijóo y Mazón el día de la gran dana, se pudiera extraer toda una inhabilitación del presidente del PP, pero las palabras de este no dan para mucho, así que Sánchez, y la limitada Morant, se quedan con las ganas.
El Gobierno roto que no se rompe, está a la espera de qué hace Trump con la amiga de Zapatero, Delcy Rodríguez. Digo yo que el presidente yanqui no ha fabricado todo este revuelo para mantener a los chicos/as de Maduro al frente del país. Esta semana lo iremos viendo. ¡Ah!, y una consideración final: ¿Cómo que se ha violado el Derecho Internacional en Venezuela? Al revés: si todo transcurre como debe ser, se reintegrará este Derecho asesinado por Maduro tras unas elecciones que perdió clamorosamente. Esa Venezuela estaba regida por un poder ilegítimo que no reconocía la soberanía popular. Quiera Dios (y Trump) que esta misma semana se restablezca la democracia en aquel bello (y rico) paraje caribeño. Si no Trump, y nosotros apoyándolo, habremos hecho un pan como unas tortas.
