El espía 'favorito' de Delcy y Zapatero urdió un plan contra Aznar con ayuda de Amedo y el CNI
El objetivo de la operación era implicar al expresidente en el golpe de Estado contra Chávez

Miguel Rodríguez Torres. - Archivo
El general chavista Miguel Rodríguez Torres, elegido por Delcy Rodríguez y José Luis Rodríguez Zapatero como el «candidato favorito» para liderar la transición venezolana, urdió una conspiración contra el expresidente José María Aznar con la ayuda del exsubcomisario de los GAL José Amedo. El objetivo era señalar con pruebas falsas a Aznar como el instigador del golpe de Estado que estuvo a punto de derrocar a Hugo Chávez en 2002.
Para llevar a cabo su plan de propaganda negra, Rodríguez Torres se sirvió de la colaboración de un agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que fabricó una serie de documentos falsos con papel y sellos oficiales de los servicios secretos españoles. Y lo más sorprendente: el mediador de toda la operación, ejecutada en Madrid con la ayuda de la Embajada venezolana, fue el policía José Amedo Fouce, condenado a más de cien años de cárcel por las acciones de guerra sucia contra ETA.
Amedo, el intermediario policial de las operaciones de crimen de Estado contra la banda terrorista vasca, se entrevistó en la capital de España una docena de veces con Rodríguez Torres. El hombre fuerte del régimen chavista y amigo íntimo del presidente venezolano ocupaba la jefatura de la temida Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, más conocida por sus siglas Disip. Cualquier opositor político a la dictadura chavista, tanto con Chávez como con su sucesor, Nicolás Maduro, podría describir los métodos de tortura utilizados por los servicios secretos bolivarianos y su desprecio a los derechos humanos.
El mismo general Rodríguez Torres reestructuró más tarde el espionaje chavista. La Disip pasó a llamarse Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), pero los crímenes de lesa humanidad no cesaron. Se mantuvo al frente de la Disip entre 2002 y 2010, con un paréntesis, y después del Sebin hasta 2014. En aquel año pasó a ser ministro de Relaciones Internas, Justicia y Paz, otro de los cargos de poder del régimen. Los servicios secretos pasaron a depender directamente de la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez, hasta su ascenso a la Presidencia tras la detención de Maduro.
El servicio secreto bajo la enseña Sebin, con los dos Rodríguez a la cabeza —Miguel y Delcy—, fue una de las piezas claves para sostener las dictaduras de Chávez y Maduro y engrasar la máquina de represión para apuntalar el régimen bolivariano.
La conspiración contra Aznar
La conspiración contra Aznar comenzó cuando uno de los vecinos del inmueble de Pozuelo de Alarcón en el que vivía Amedo, que ya había abandonado la cárcel por el caso GAL y se enfrentaba a graves problemas económicos, le propuso en 2001 una oferta que difícilmente podía rechazar. Su interlocutor era un ciudadano venezolano que trabajaba en la delegación diplomática bolivariana en la capital. Mantenía una buena relación de vecindad con él y, a veces, incluso compartían una copa de vino en un bar de la Avenida de Europa. El venezolano, que conocía los antecedentes de Amedo por los medios de comunicación, estaba plenamente convencido de su participación a cambio de dinero en el plan urdido desde Caracas. El diplomático chavista, que según el policía era el responsable de una de las agregadurías de la Embajada, le preguntó entre copa y copa si seguía teniendo contactos dentro de los servicios de información del CNI, y compartió con el exsubcomisario el encargo de su Gobierno. Le aseguró que la orden de Caracas procedía del mismísimo jefe de la Disip. Por sus antecedentes profesionales y sus viajes a Venezuela durante la lucha antiterrorista, Amedo no necesitó más explicaciones. Conocía la importancia de la Disip para el régimen bolivariano y estaba al tanto de su dureza.
«Me dijo que había mucho dinero para la operación y que podía ganar una pasta. Para convencerme me aseguró que el mismísimo jefe de los servicios secretos de Chávez estaba dispuesto a desplazarse a Madrid a entrevistarse conmigo. Me comentó que el presidente de Venezuela estaba obsesionado con Aznar, a quien señalaba como su gran enemigo, y que quería darle un gran escarmiento», recordaba Amedo hace unos días a THE OBJECTIVE.
El expolicía no tuvo que esperar mucho tiempo para reunirse en persona con el hombre fuerte del régimen bolivariano. En unas semanas, Rodríguez Torres, a quien no conocía de nada, se presentó en Pozuelo para significarle la importancia de la operación que preparaban.
¿Y en qué consistía esa operación? El propio Amedo aportaba a este diario los detalles del plan: «Llegué a un acuerdo con el jefe de la Disip, que desde el primer momento se mostró arrogante para dar a entender su poder al formar parte del círculo más íntimo de Chávez. Asimismo, se mostraba muy generoso cuando hablaba del dinero que disponía para cumplir su plan. Usaba frases como: ‘El dinero no es problema’. Yo le conseguí a un agente del CNI a quien conocía de mis años en el País Vaco, donde el espía estaba destinado en la lucha antiterrorista como yo. Su nombre de guerra era ‘Emilio’. Cuando se enteró de la propuesta económica —dos entregas de 100.000 dólares en billetes nuevos— no dudó ni un segundo en aceptar el trabajo. Delante de mí le pagaron cien mil por adelantado. Se presentaban con un maletín repleto de billetes de dólares. Yo sabía que ‘Emilio’ iba a actuar de agente doble pero no me importaba. Mejor. Así el CNI podía estar al tanto de todo. Tampoco hice ascos al dinero que me prometieron por mi intermediación. Ya demasiado me debían el Estado y los políticos que me dejaron tirado».
Las reuniones con el jefe de la Disip se celebraban en lugares discretos para no ser descubiertos o levantar sospechas: en la Embajada venezolana o en la casa del diplomático en Pozuelo de Alarcón, en las inmediaciones de Madrid, según Amedo. Tras varios meses de trabajo, el agente del CNI —con una larga trayectoria profesional en la institución antecesora, el Cesid— y el grupo conspirador lograron elaborar un dossier contra José María Aznar en el que lo implicaban en el golpe de Estado contra Chávez. Ese era el objetivo del operativo, pero, al mismo tiempo, también incluyeron a multinacionales españoles a las que acusaban de participar en la asonada militar.
Según las confesiones de Amedo, el jefe de la Disip le exigió al espía español del CNI que incluyera en el informe un apartado especial sobre la participación de mercenarios europeos y de Miami en la asonada militar contra Chávez, que recibían órdenes de los servicios secretos de España y Estados Unidos. La misión de los supuestos soldados de fortuna era la de perpetrar misiones de sabotaje contra instalaciones estratégicas venezolanas a fin de facilitar el golpe.
Rodríguez Torres también le insistió a Amedo y ‘Emilio’ que el informe apócrifo del CNI debía destacar que uno de los propósitos principales del pronunciamiento armado era el magnicidio del presidente venezolano Hugo Chávez.
El informe, confeccionado en las mismísimas entrañas de los servicios secretos españoles, aparentaba ser un documento oficial de la propia Casa, como se conoce a la sede del CNI. Era una de las condiciones del trato: que el dossier presentara el logo y la nomenclatura de los servicios secretos españoles. De esa manera Chávez podía exhibirlo públicamente como un documento genuino del espionaje español. Al chavismo todo aquello poco le importaba si se trataba de un montaje siempre que se convirtiera en un arma arrojadiza contra Aznar. Además, si el trabajo había pasado por las manos de Rodríguez Torres, el Palacio de Miraflores, sede de la Presidencia, no necesitaba ninguna comprobación. La presencia del jefe de los espías era toda una garantía de éxito.
El general Rodríguez, años antes, había participado junto con Chávez en el golpe frustrado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Ambos fueron detenidos y conducidos a prisión donde permanecieron dos años, quedando en libertad tras una amnistía concedida por el presidente Rafael Caldera. Esa experiencia golpista y carcelaria de 1992 fue el precedente para que Chávez lo catapultara a la cúspide política bolivariana cuando ganó las elecciones en abril de 2002.
Con aquel complot contra Aznar, el régimen bolivariano pretendía asimismo castigar al presidente español por el comunicado que compartió conjuntamente con EE.UU, tras el estallido de la asonada militar contra Chávez, en el que se exigía una democracia real para Venezuela: «Los Gobiernos de Estados Unidos y de España siguen los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela con gran interés y preocupación y en contacto continuo. Declaran su rechazo a los actos de violencia que han causado una cantidad de víctimas, expresan su pleno respaldo y solidaridad con el pueblo de Venezuela y expresan su deseo de que la excepcional situación que experimenta Venezuela conduzca en el plazo más breve a la normalización democrática plena».
Con todos los datos aportados por Amedo sobre la conspiración contra Aznar se entiende mejor la escena caricaturesca del «por qué no te callas» entre Juan Carlos I y Hugo Chávez en la XVII Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, en noviembre de 2007. El presidente venezolano atacó a Aznar y después interrumpió a Rodríguez Zapatero cuando intentó defender la imagen del dirigente popular. Fue cuando el monarca le reprendió levantando la voz con el ya histórico: «¿Por qué no te callas?».
La huella de Amedo
Años después, en 2013, Amedo escribió el libro El encargo en el que narraba, en un estilo entre ficción y realidad, su experiencia con los servicios secretos venezolanos en la conspiración contra Aznar. Logró que la obra fuera distribuida por Amazon, pero pasó desapercibida, aunque en la actualidad todavía sigue figurando en el catálogo de la plataforma.
A pesar de las revelaciones del subcomisario de los GAL, recogidas en las páginas de El encargo, ninguno de los personajes señalados en la conspiración jamás desmintió la información, exigió una rectificación o emprendió acciones legales contra el autor. Amedo, como ya había hecho durante el proceso de los GAL, recopiló y guardó todo tipo de pruebas para demostrar el contenido de su libro: notas manuscritas, tarjetas de visitas oficiales, números de móviles y fijos, mensajes escritos, fotografías del dinero y grabaciones sonoras, entre otros documentos. Hay que recordar que existe el precedente de que, durante el proceso contra los GAL, todas sus denuncias fueron después demostradas judicialmente y los altos cargos del Ministerio del Interior fueron condenados por el Tribunal Supremo.
El subcomisario quedó sobrecogido hace unos días cuando vio las imágenes de Rodríguez Torres en televisión y se enteró por los medios de comunicación de las aspiraciones de Delcy Rodríguez y Zapatero para catapultar políticamente al exjefe de los servicios secretos chavistas en la nueva etapa política en Venezuela. Su reacción fue inmediata: «¿Cómo un personaje con esos antecedentes puede ser apoyado para liderar cualquier proceso democrático? ¿Cómo el jefe de unos servicios secretos tan sanguinario puede servir para blanquear una dictadura?».
El general Rodríguez Torres, que reside en la actualidad en España, donde gestiona varios negocios con sus familiares y disfruta de un exilio dorado, fue denunciado en Madrid por la opositora a la dictadura chavista Dulce Bravo por crímenes de lesa humanidad. La causa fue archivada por la Audiencia Nacional.
El exministro del Interior y exjefe del Sebin cayó en desgracia tras la muerte de Chávez en 2013 y el ascenso de Maduro a la Presidencia. Su enfrentamiento con el nuevo dictador lo llevó a la cárcel, donde permaneció tres años hasta que Rodríguez Zapatero logró su expulsión a España en 2023.
Ni los opositores a la dictadura chavista ni el propio Amedo, que logró salvarse de siete intentos de ETA para acabar con su vida, olvidan el papel desempeñado por el servicio secreto venezolano bajo el mandato de Rodríguez Torres en la protección de los terroristas de ETA y otras organizaciones violentas refugiados en territorio venezolano. En esa labor de confraternización con los terroristas huidos de la acción de la justicia española, los chavistas contaron con la ayuda de los espías del G2 cubano. Etarras como el sanguinario De Juana Chaos o Arturo Cubillas, empleado por el Gobierno venezolano, y hasta medio centenar de ellos que tienen causas pendientes en España, viven con la protección del Sebin en Caracas y otras regiones del país.
