660.000 votantes del PSOE en 2023 apoyan ahora a PP y Vox, y se reparten casi al 50%
El PP se mantiene como la formación más votada, en torno al 33%, pero con fugas hacia Vox

Estimación de escaños. | Alejandra Svriz
Trump barrió los restos del mundo de ayer el 3 de enero en Caracas, y lo confirmó en Davos la semana pasada. Groenlandia aparece como un pulso crucial en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea (y Canadá). Sea cual sea el resultado, la confianza entre los socios está rota. Al menos, mientras dure la presidencia de Trump. Ha vuelto la primacía de la fuerza. La UE parece carecer de voluntad de poder ante Estados Unidos y China, pero esta crisis le lleva a la nueva realidad. Habrá que asomarse al caos antes de emprender la construcción de un nuevo orden, pero la relación de fuerzas para estabilizarlo será la que resulte de esta etapa en cada país.
Será una tarea de una envergadura comparable a la emprendida por Dean Acheson (Present at the Creation: My Years in the State Department, Norton, 1969) tras la II Guerra Mundial: «Solo un poco menos formidable que lo descrito en el primer capítulo del Génesis: crear un mundo a partir del caos […] sin hacer estallar todo en pedazos en el proceso» (p. xvii). O por George Bush I, y Ben Scowcroft (A world transformed, Vintage Book, 1998) para gestionar la desintegración de la URSS sin sobresaltos. Acheson abre su monumental libro citando a un español, Alfonso X: «Si hubiera estado presente en la creación, les habría dado algunos consejos útiles para mejorar el orden del universo» (Una presunción muy española).
Europa ya no puede contar con el paraguas norteamericano. Tendrá que luchar por su posición en el nuevo orden. Las primeras impresiones —al constatar en España la renuencia de los políticos y la sociedad a implicarse— llevan a que tampoco ahora aportemos gran cosa. Sin la excusa del rey Alfonso que vivió en el siglo XIII, las generaciones actuales de españoles seremos testigos, pero no nos perfilamos como actores. De la confusión del momento y las nieves de Canadá emerge Mark Carney, su primer ministro, que ha señalado en Davos algo que no existe en España: «La conciencia de lo que está sucediendo y la determinación de actuar en consecuencia».
Aunque la opinión pública española se mueve en lo doméstico, la dimensión de los acontecimientos globales la moldeará o la estrujará. Los cambios descritos responden a vientos en la política y la opinión pública que recorren el planeta. Los estertores del viejo mundo (político y económico) han sacudido la opinión pública y la política españolas los últimos quince años, y las tensiones que se avecinan lo harán aún más. El auge de Vox y la desintegración de los restos de la extrema izquierda son efectos de las nuevas fuerzas. El radar de la opinión pública detecta estas cosas.
En diciembre y la primera quincena de enero, el CIS ha hecho cuatro encuestas de ámbito nacional, un formidable observatorio. Ciñéndonos a las estimaciones de voto (nuestras, no del CIS), la serie refleja tendencias que llegan a momentos críticos:
- El PP se mantiene como el partido previsiblemente más votado, pero estable en torno al 33% de voto válido, con fugas hacia Vox y captando pocos descontentos con el PSOE. No logra traspasar la barrera izquierda/derecha. ¿Por qué ocurre esto? Hay varios motivos. El 12 de enero, en Barcelona, uno quedó de manifiesto: ¿Puede digerir la opinión pública (y publicada) una propuesta sobre vivienda que parece un tratado de derecho administrativo? Dudoso. La comunicación es un punto débil crónico del PP. Su discurso frontal, otro. Sus portavoces parecen talonadores y piliers de un equipo sudafricano de rugby, pero las primeras líneas necesitan jugadores más finos para ganar los partidos.
- El PSOE desciende, tendencia acelerada tras su derrota en Extremadura. Sánchez trata de salir del trance con una catarata de propuestas que dividen a su Gobierno: sobre su oportunista idea del problema de la vivienda, que debilita al PSOE en todas partes menos en Cataluña; con una propuesta de financiación autonómica pactada con ERC, que después trató de difuminar con la inverosímil oferta de que convivan el viejo y el nuevo sistema de financiación. Con el PNV acordó la transferencia del subsidio por desempleo, las prestaciones no contributivas de la Seguridad Social y el Seguro Escolar, desmontando piezas del sistema integrado de protección social. Sorprendió con la idea de un fondo soberano sin claras fuentes de financiación. Se presentó como «alternativa» a Trump, y cuando tiene ocasión de demostrarlo, está prendido en la tela de araña de su «mayoría de investidura», cuyos integrantes no quieren entender el mundo en que viven. Su consuelo es que parte de la prensa internacional cree que se perfiló como oposición a Trump.
- Clave en lo sucesivo, evitar derrotas en las Cortes. Así las cosas, la voluntad de Sánchez de agotar la legislatura tendrá altos costes en la coherencia de las políticas del país. Una política de pago para salir de cada paso no lleva a la coherencia. Pero esta es la lógica del «somos más». Hay que incluir la utilización de TVE como batería contra la derecha, con algunos ‘analistas’ pintorescos.
- Para colmo, los accidentes de tren de Adamuz y Gélida, aún pendientes de investigación, decantan en los medios una gestión presupuestaria y técnica descuidas durante años. La controvertida gestión de ADIF y la presencia de Koldo en su consejo de administración lo tiñen todo. Ciñéndose a Rodalies, el medio más cercano al Gobierno editorializaba Caso intolerable (22-01-2026).
- La extrema izquierda vuelve a su tejer y destejer. Su éxito limitado en Extremadura, con una candidatura que excluía a Sumar, ha animado a IU (y al PCE) a plantear dejar atrás a «Yo, Yolanda» y sus ministros, o sea, a Sumar. La idea es alcanzar un acuerdo con Podemos, lo que excluye a Díaz. Quizá lo único salvable sea el ministro Bustinduy, dada su valoración (4,8). Son escaramuzas previas a la elaboración de las listas autonómicas. Más o menos, lo de siempre.
- Vox es el vencedor en Extremadura y a escala nacional. Se aproxima al 20% de voto válido en unas generales. Su discurso enuncia los problemas de sus votantes; eso ya es mucho, y evita pisar charcos. Hay un cambio de fondo: entrará en los gobiernos regionales para evitar la imagen de partido de aficionados que arrastró en otros proyectos. Eso significa reforzar el control de la sede central.
Vox no se puede interpretar solo en clave nacional: recoge el impulso de la derecha radical que ha surgido en Occidente y que proporciona un referente a sectores perturbados por la globalización en los que han nacido sentimientos de amenaza laboral y cultural, y abandono de los partidos centrales, con la inmigración como pararrayos de su enfado. Un discurso que se alimenta en las redes sociales (y algunos programas de televisión), con un fuerte componente antisistema.
Extremadura ha tenido un impacto crucial (ver gráfico). El PSOE perdió apoyos durante la campaña. Hay que pensar que el forcejeo sobre el candidato y su aforamiento en relación con el hermano de Sánchez tuvieron importancia. Los resultados impulsaron al PP, como casi siempre sin terminar de cristalizar, y a Vox.

La traducción a escaños muestra el papel crucial que adquiere Vox (67), mientras el PP quedaría con solo uno más que ahora (138). El PSOE queda en el filo de los 100 (102). Junts quedaría sin grupo parlamentario (4 escaños). La extrema izquierda, dividida, con 11. No deja de ser paradójica la supervivencia de «la mayoría de la investidura». Dados los resultados previsibles para cada uno de sus integrantes, deberían plantearse disolverla: permanecer en algo en lo que les va mal no tiene mucha lógica. Su única lógica es retrasar que gobierne la derecha.

Las transferencias de voto entre los partidos reflejan la cristalización de tendencias:
- El PSOE transfiere 660.000 votos al PP y a Vox, casi a partes iguales, algo más al PP. El 8,6% de sus votantes en 2023.
- Un 13,7% de los votantes se orienta a la abstención, esto es, más de un millón. El PSOE los tratará de movilizar a tambor batiente, excitando su enfado contra «la derecha».
- La extrema izquierda se fragmenta: el 46,4% de sus votantes en 2023 votaría a Sumar, el 17,9% a Podemos y el 16,0% al PSOE, mientras que un 15,7% se abstendría.
- Los movimientos anteriores muestran la debilidad de la izquierda.
- El intercambio en el centro derecha se desequilibra a favor de Vox: 1,5 millones de votantes pasarían del PP a Vox, pero solo 180.000 harían el camino inverso. Vox absorbe paulatinamente a los votantes fronterizos entre ambos partidos.

Uno de los resultados de las elecciones de Extremadura ha sido la normalización de Vox como opción votable de centro derecha.

El deslizamiento de los votantes del PP a Vox provoca que, desde la perspectiva de la autoubicación ideológica de sus votantes, los dos se superpongan. Los de Vox en cada casilla, en el espectro izquierda-derecha, son casi la mitad que los del PP. Cabe pensar que hay poco coste en los votantes de centro derecha para pasar de un partido a otro, y cada vez más se inclinan hacia Vox.
En clave de liderazgos hay una competición igualada. En los últimos meses las valoraciones de Feijoo en la opinión pública se han debilitado mientras las de Abascal se refuerzan. Ambos están igualados, tanto en preferencia como posible presidente del Gobierno como en valoración en la conocida escala de 0 a 10. (Para los aficionados a la estadística, obsérvese la correlación de 0,98 entre la valoración de Feijoo en la escala 1 a 10 y la conversión de la escala semántica confianza).

La intensa dinámica que se ha desencadenado en el centroderecha se observa bien en las estimaciones de voto por edades:

PP y Vox están igualados entre los menores de 45 años, pero Vox se ha reforzado en los últimos meses en esas cohortes y entre los mayores de hasta 64 años.
El baluarte generacional del PSOE son los mayores de 55 años, cabe decir que beneficiarios del Estado del bienestar, con las pensiones como clave (así como la asistencia sanitaria).
Sumar y Podemos se basan en las generaciones intermedias, 25 a 64 años, con Podemos gravitando sobre los 35-54, pero su incidencia entre los jóvenes es marginal, han sido desplazados por la derecha en sus dos versiones. La extrema izquierda se ha encapsulado en los nacidos entre los setenta y los noventa. Hace quince años eran jóvenes, quizá la clave de su experiencia personal sea el 15-M en la Puerta del Sol. Entonces tenían entre 20 y 40 años. Aunque Le Pera y Gardel dijeran que 20 años no es nada, 15 son muchos.
La clave está en el centro derecha. Desde la óptica del PP, necesita hallar una síntesis que le permita algo así como una triangulación (Dick Morris, Juegos de Poder): dar respuesta a las preocupaciones de las bases sociales de Vox con sus herramientas, discurso e ideas, Meloni, desde el poder, parece haber encontrado una clave.
Da que pensar que, desde su congreso de julio de 2024, con un Gobierno casi inoperante, golpeado por todas partes, incluso por sus socios, el PP no consiga ampliar su electorado. Otra vez hay que recodar que ir al choque constante compacta al adversario y agota las fuerzas propias, que acaban orientándose hacia otras formas de hacer oposición.
Las corrientes globales e internas conducen al centro derecha. Del PP depende qué vertiente del centroderecha prevalezca.
