La denunciante de Errejón se queda sola: por qué una acusación colectiva acabó en nada
La actriz Elisa Mouliaá lamenta en su escrito que «ninguna de las personas afectadas ha decidido personarse»

La actriz Elisa Mouliaá llega a los Juzgados de Plaza de Castilla
El 24 de octubre de 2024, el portavoz parlamentario de Sumar, Íñigo Errejón, comunicó su intención de renunciar a todos sus cargos tras verse involucrado en una batería de denuncias anónimas por presuntos casos de acoso sexual. Estas denuncias se recopilaron en el perfil de una red social de la periodista Cristina Fallarás, y la intervención directa de las principales dirigentes de Sumar forzó la dimisión de Errejón. Al día siguiente, la actriz Elisa Mouliaá fue la primera persona en decir que había sufrido una «agresión sexual» por parte del político. Alegó tocamientos y violencia sexual en un encuentro ocurrido tres años antes, cuando coincidió con él durante un acto de presentación de su libro.
Las fuentes políticas consultadas tras la declaración pública de Mouliaá señalaron el interés de los adversarios de Sumar, sobre todo de Podemos, de alimentar una polémica que debilitaba a sus contrincantes. Y con el tiempo consideraron que Mouliaá había decidido denunciar públicamente como parte de una operación o maniobra que debía dar consistencia a un caso que solo contaba con denuncias anónimas. Las fuentes consultadas sostienen que se transmitió a la denunciante que, tras su paso, las demás mujeres que habían denunciado al político en el foro digital de Fallarás se sumarían a la acusación. Un año y medio después, ya a las puertas del juicio oral y ante una denuncia que muchos consideran que flaquea, la actriz ha decidido dar marcha atrás, y al hacerlo ha apuntado a esa sustancial soledad, que alimenta las voces que creen que fue sustancialmente utilizada y «dejada sola».
En enero del año pasado, en efecto, Mouliaá sostuvo que otras mujeres se habían puesto en contacto con ella para relatarle casos similares de presunta agresión sexual. «Esta persona —dijo refiriéndose a Errejón— es una persona que tiene un problema de actitud, de conducta y que ha ejercido el poder para abusar de niñas, de chicas y de mujeres porque le daba igual 8 que 80. Te cuentan y es el mismo patrón, al principio por Instagram, después por Telegram donde los mensajes se autoeliminaban y después pasa a la acción». En octubre había hablado de dos mujeres en concreto que se habían comunicado con ella, y de que ella estaba de alguna manera dando la cara por todas: «Me están llegando relatos de chicas», dijo, e insistió: «La manera en la que actuó conmigo esa noche era un patrón».
Declaración pública
Este miércoles, sin embargo, la presunta víctima del político decidió tirar la toalla. Anunció su intención de retirarse de la acusación y en un escrito transmitido al juez afirmó que «desiste de forma total, libre, consciente e irrevocable de la acusación particular». Aunque deja abierta la posibilidad a que la Justicia siga investigando la presunta agresión sexual que sufrió porque los hechos son «públicos», si bien lo más probable es que dicha maniobra conlleve el archivo de la causa. Y añadió en el documento: «Ninguna de las demás personas afectadas ha decidido personarse ni ejercer acción penal, habiendo quedado esta compareciente como única acusación particular, lo que ha incrementado su sensación de exposición y desgaste personal».
Este apartado del documento es el que más ha llamado la atención en el bloque de Sumar, porque ven sustanciarse la tesis de la maniobra orquestada por sus adversarios. Tal y como publicó este diario en varias exclusivas, se confirmaría la sospecha de que detrás de las denuncias contra Errejón existían intereses políticos contrapuestos, con cierto protagonismo de Podemos por la buena relación de Fallarás con Irene Montero. Mouliaá acabó agradeciendo el apoyo de Montero, y Pablo Iglesias dijo en televisión que «de esto se hablaba desde hace un año. Pero había muchas víctimas que no encontraban un espacio seguro para denunciar».
Según las fuentes consultadas, el sector feminista que publicó las primeras denuncias alentó a Mouliaá con la promesa de que otras mujeres afectadas se sumarían a la acusación. Pero a medida que se conocieran los pormenores de la denuncia de Mouliaá, y que se interpretara la debilidad o claroscuros de su acusación, esas presuntas víctimas se habrían echado atrás. Incluso aquellas personas que difundieron las primeras denuncias en las redes hicieron lo mismo, dejando así de facto a la denunciante «sola».
Presiones políticas
Tal y como publicó este diario nada más conocerse la renuncia de Errejón, en Sumar se habló de que al menos una parte de las denunciantes podía proceder del propio grupo parlamentario que dirigía el político madrileño. Más en concreto, de personas vinculadas a Más Madrid, la formación de la que Errejón fue cofundador, pero en la que había cosechado varias enemistades internas. Las dudas sobre una posible vuelta de la ministra Mónica García al mando del partido, y la posibilidad de que Errejón dificultara esa operación retorno, representarían otro elemento oculto en todo el escándalo que involucró al político.
Detrás de las denuncias contra Errejón, por lo tanto, el grueso de las fuentes consultadas en el espacio de Sumar nunca descartó el móvil político, y que Mouliaá así como las otras denuncias recopiladas por Fallarás sirvieron para dar el toque final al dirigente. Pero tras la salida del dirigente de la primera línea, el interés de todos esos sectores empezó a flaquear. Y esa es la razón que a día de hoy esgrimen para explicar por qué una causa que debía ser colectiva y desnudar los presuntos acosos o malos tratos perpetrados por Errejón ha decaído: «Tras cargarse a Errejón, a nadie ya le interesa apoyar a Mouliaá. Y muchos saben que no hay causa. Todo fue un cuento chino para cargárselo». Después de la renuncia de la presunta víctima, y con la Fiscalía abogando por el archivo, lo más probable es que el juez declare pronto archivada la causa.
