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Política

Debacle del PSOE en Aragón con un PP atascado y Vox más fuerte que nunca

El PSOE, con Pilar Alegría al frente, ha igualado el peor resultado en cuanto a escaños en la región: los 18 escaños de Lambán en 2015

Debacle del PSOE en Aragón con un PP atascado y Vox más fuerte que nunca

Gráfico electoral. | Alejandra Svriz

Aragón ha confirmado este domingo la tendencia que ya se vio en Extremadura el 21 de diciembre: el PP se atasca y, si quiere seguir gobernando, va a depender aún más de Vox. Y es ese partido, el que lidera Santiago Abascal a nivel nacional, el gran triunfador de la noche: pasa de los 7 diputados que obtuvo en 2023 a los 14 que ha logrado en la cita electoral de este 8 de febrero.

Cuando Jorge Azcón convocó elecciones adelantadas en la región, las primeras en la historia de este territorio, seguro que entre sus planes no entraba perder dos diputados. Dos escaños, pasando de 28 a 26, y 1,26 puntos con el 98% escrutado. Un descenso, eso sí, inferior al del PSOE de Pilar Alegría: casi 5,25 puntos y 5 escaños (de 23 a 18). Por su parte, la formación liderada en Aragón por Alejandro Nolasco ha visto cómo los siete diputados logrados se han conseguido tras subir 6,65 puntos.

En la izquierda sí hay un partido que puede estar contento, la Chunta Aragonesista. La lista encabezada por el diputado a nivel nacional de Sumar ha logrado 3 diputados más (de 3 a 6) y ha doblado también sus votos: de 5,1 puntos a un porcentaje de apoyo del 9,7 de los aragones. También entran en la Cámara aragonesa Aragón Existe, con 2 representantes, y IU-Movimiento Sumar, con otro diputado (lo que ya tenía ahora).

En el capítulo de damnificados, el día deja un cadáver político histórico: el Partido Aragonés (PAR). La formación, antaño llave ineludible de la gobernabilidad en la región, confirma su desaparición institucional al no lograr representación, víctima de la polarización y del auge de otras marcas regionalistas. Tampoco ha sido una buena jornada para Podemos, que certifica su irrelevancia política quedando definitivamente fuera del hemiciclo, una tendencia de desgaste que ya parece irreversible en el tablero autonómico.

Por último, la irrupción de Se Acabó La Fiesta (SALF) se ha quedado en un conato estéril: la agrupación de Alvise Pérez ha atraído miles de votos que han fragmentado el bloque de la derecha —perjudicando probablemente al PP en la asignación de los últimos escaños—, pero que han resultado insuficientes para superar el umbral necesario y obtener entrada en las Cortes.

La apuesta fallida de Azcón y el «síndrome extremeño»

La noche electoral deja una lectura amarga en el PP aragonés. La maniobra de adelanto electoral, diseñada en teoría para ensanchar la base del Partido Popular y liberarse de las ataduras de la coalición, ha resultado ser un error de cálculo estratégico de primer orden. Azcón buscaba una mayoría más holgada, quizás soñando con el modelo de mayoría absoluta andaluza de Juanma Moreno, pero se ha encontrado con la realidad del ‘síndrome extremeño’»’.

Lo ocurrido en Aragón mimetiza casi quirúrgicamente lo vivido en Extremadura el pasado diciembre. En ambos escenarios, el electorado ha enviado un mensaje claro a Génova: el voto útil al PP no está funcionando como aspiradora de la derecha. Al contrario, existe un trasvase de votos consolidado y creciente hacia Vox, que ya no se percibe como un voto de castigo, sino como una opción de gobierno necesaria para una parte significativa del electorado conservador.

Si en Extremadura el PP vio frenadas sus aspiraciones, pese al crecimiento de María Guardiola, en Aragón el retroceso de dos escaños es aún más doloroso simbólicamente, pues invalida la tesis de que la gestión institucional desgasta a los socios minoritarios (Vox) y premia al presidente. Alejandro Nolasco no solo ha resistido, sino que ha capitalizado el descontento, duplicando su fuerza parlamentaria. La aritmética es implacable: PP (26) y Vox (14) suman 40 escaños, superando holgadamente la mayoría absoluta (34), pero la relación de fuerzas ha mutado. Azcón es el candidato para gobernar, sí, pero la factura política que pasará Nolasco será mucho más alta que en 2023.

Alerta roja en Ferraz y aviso a navegantes para Feijóo

En clave nacional, los resultados de este 8 de febrero son un torpedo a la línea de flotación de las estrategias de los dos grandes partidos. Para el PSOE, el descalabro es mayúsculo. Que una figura de la talla, o supuesta talla, de Pilar Alegría, ministra y portavoz del Gobierno, pierda 5 escaños y casi 5 puntos, evidencia que la marca socialista sufre un desgaste severo que ya no se puede atribuir únicamente a dinámicas locales. El votante progresista aragonés no se ha quedado en casa, sino que ha migrado hacia opciones de corte regionalista y a la izquierda del PSOE, premiando a una Chunta Aragonesista que ha sabido leer el momento político mejor que la maquinaria de Ferraz.

Pero es en la sede del PP, en la calle Génova, donde las luces de alarma deberían parpadear con más intensidad. Aragón confirma que el techo electoral de Alberto Núñez Feijóo podría estar por debajo de lo que indican las encuestas internas. La estrategia de fagocitar a Vox apelando a la «moderación» o a la «gestión» choca con una realidad tozuda: el partido de Abascal se ha consolidado.

Si extrapolamos estos datos a unas hipotéticas elecciones generales, el escenario se complica para el PP. La idea de gobernar en solitario se desvanece. Aragón demuestra que el centroderecha español no tiende a la reunificación, sino a una bicefalia asimétrica pero obligada a entenderse. Azcón probablemente formará gobierno, pero Feijóo tiene hoy un problema más grande: la confirmación de que el camino a la Moncloa, si existe, pasa ineludiblemente por un pacto de sangre con Vox, con un Abascal más fuerte y exigente que nunca.

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