Vox ante el espejo de Podemos: el apoyo externo a Lambán les quitó nueve escaños
Los morados lograron hace diez años 14 diputados en Aragón, el mismo resultado de Vox en las últimas autonómicas

La plana mayor de Podemos en 2016. | Europa Press
Corría el año 2015 y Podemos acababa de irrumpir en el tablero político nacional. En las europeas del año anterior habían dado «la campanada», diría Juan Carlos Monedero, y en ese año debían medirse a sus primeros comicios autonómicos y municipales. Era el paso previo a las generales, que para Pablo Iglesias e Íñigo Errejón representaba el momento catártico de su proyecto. El domingo 24 de mayo de 2015, Podemos se presentó a las elecciones de Aragón. Lo hizo en solitario y fue el ganador simbólico de aquellos comicios. Cosechó 137.000 papeletas y 14 diputados, un resultado igual al de Vox del pasado domingo 8 de febrero. Y como Vox ahora, Podemos tuvo en ese momento que resolver una duda: qué relación mantener con el partido histórico de su sector ideológico, el PSOE.
Podemos debía elegir si permitir la investidura de Javier Lambán o insistir en la estrategia frentista para pugnar por la hegemonía de la izquierda. Los morados apostaban entonces por una estrategia atrápalotodo, bajo la consigna de la «guerra relámpago» (diseñada por Errejón y aprobada por Iglesias) y una «transversalidad» expresada a través de lemas como la lucha del pueblo contra las élites. Ese planteamiento inspira hoy en día a Vox, según interpretan miembros del partido morado que estuvieron en la primera línea del partido durante esa etapa. Y al igual que Podemos, el partido de Santiago Abascal debe resolver un dilema parecido, esta vez con respecto al PP.
Con sus 14 diputados, Vox ha sido uno de los ganadores de los comicios de Aragón. Después de triunfar en Extremadura, su cúpula deberá fijar un planteamiento que puede condicionar su porvenir en el ámbito nacional: ¿pactar o no pactar con el PP? Si Vox mira la trayectoria de Podemos, aun estando —o diciendo estar— en las antípodas de Iglesias, difícilmente emulará la decisión tomada por el partido morado. En 2015, el socialista Lambán obtuvo 18 diputados autonómicos, y Podemos, 14. ¿Qué ocurrió en ese momento? La dirección de Podemos pensó resolver el dilema a través de una especie de tercera vía.
División interna
Los errejonistas empujaron a favor de un acercamiento al PSOE. Sostuvieron que la ciudadanía había votado y expresado su voluntad, y que eso no se podía obviar. Es decir, que el deber de los morados era permitir un gobierno de los socialistas y afianzar así una estrategia dirigida a suavizar la marca de Podemos. Iglesias, que abogaba por un planteamiento más rupturista (parecido al de Vox de hoy), dio su visto bueno y los suyos respaldaron a Lambán, aun sin tener cargos de gobierno.
La decisión salomónica consistió en apoyar la investidura de Lambán, después de la firma de un documento «programático» y sin entrar en su gobierno. El acuerdo se sustanció en diez puntos «fundamentales para el cambio político». Los morados afirmaron que el acuerdo se limitaba «única y exclusivamente» a la investidura. Pablo Echenique, que ejercía de secretario regional de Podemos, se fotografió con Lambán. Y el presidente socialista afirmó en el parlamento autonómico que «la unidad de España es un bien a preservar sobre todo».
Eran los años del procés, y Lambán dijo que apostaba por «construir un proyecto nuevo de país» a través de «grandes acuerdos» y «unión de todo el arco parlamentario, tanto la izquierda como la derecha». Pidió «altura de miras y dejar a un lado los intereses partidistas». Eran otros años, y otro PSOE (la que negoció con los morados el pacto fue la socialista Pilar Alegría, que después se pasaría al sanchismo en contra de Lambán y que el domingo lideró la candidatura del PSOE).
Corto y medio plazo
El planteamiento de Podemos no fue exitoso desde el punto de vista electoral. Cuatro años después, los morados perdieron más de la mitad de sus papeletas, hasta alcanzar cinco escaños. El equilibrio de fuerzas en la izquierda había cambiado radicalmente, y la nueva estrategia de Iglesias consistía en asumir el papel minoritario de Podemos. En 2019, los morados reiteraron su apoyo a Lambán, aunque esta vez exigieron entrar en el gobierno. El socialista les entregó la consejería de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento. Cuatro años más tarde, Podemos se hundió al 4% de votos, y ahora solo tiene el 0,9% de las papeletas.
La lectura que hoy en día hacen aquellos que vivieron esa experiencia recuerda que en 2015 el PSOE movió ficha en Andalucía (Susana Díaz adelantó los comicios) para generar una fractura en el partido morado. El choque interno entre errejonistas y pablistas arrancó allí. El PSOE, sostienen esas fuentes, empleó una estrategia inteligente para dividir y debilitar a su contrincante. En el caso del PP, en cambio, creen que el adelanto de las elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León ha obtenido el efecto contrario a lo esperado: en lugar de debilitar a Vox le ha entregado el protagonismo en el nuevo ciclo político.
En opinión de esos promotores de Podemos, la táctica del PP ha sido equivocada, y ahora ven a Vox lanzado hacia un resultado histórico a nivel nacional, que llevará al PP a una paulatina caída y a Sánchez a erigirse como único dique de contención a la «ola de extrema derecha». El grupo de Yolanda Díaz, socio de Sánchez en el Gobierno, lo vio claro a finales del año pasado. Como desveló este diario, los de Díaz entienden que Sánchez está sacrificando a todos los territorios en aras de convertir las próximas elecciones generales en unos comicios plebiscitarios: «Yo o el caos».
Responsabilidad y altura de miras
Una situación que, vista desde el sector de Díaz, preocupa porque su plan alternativo se queda inevitablemente desdibujado, siempre y cuando todas las formaciones de la izquierda más radical no alcancen un pacto entre ellas, aunque esta es otra historia. Ahora, Vox debe resolver un dilema parecido al de Podemos de 2015.
En julio de 2024, Vox ya decidió romper con todos los gobiernos autonómicos del PP. Ese giro permitió al partido de Abascal recuperar fuelle demoscópico. Pero después del triunfo en Extremadura y Aragón, vuelve a sobrevolar la misma disyuntiva: asumir, como decía Errejón, el mandato de las urnas o insistir en un planteamiento frentista, que el propio Iglesias recuperó en 2016 cuando se dijo dispuesto a pactar con el PSOE, pero solo a cambio de obtener el control de áreas estratégicas, como el CNI y la presidencia de RTVE. Mientras tanto, el PP, al igual que Lambán en 2015, pide a sus contrincantes «responsabilidad».
