Los socios de Díaz contraprograman a Rufián para evitar una desbandada hacia su proyecto
Los partidos que conforman la alianza de Sumar lo reducen a una búsqueda de visibilidad personal del diputado de ERC

Gabriel Rufián con Yolanda Díaz en el Congreso | Europa Press
Tan solo tres días separarán el primer acto de Gabriel Rufián con el diputado autonómico de Más Madrid, Emilio Delgado, para construir un nuevo proyecto de izquierdas de la presentación de una nueva entente entre IU, Más Madrid, los Comunes y el Movimiento Sumar. Rufián y Delgado hablarán en Madrid el próximo 18 de febrero, mientras que los partidos que conforman Sumar se han citado en la capital el día 21. Esto revela la necesidad de los actuales socios de Yolanda Díaz de cortar cualquier tipo de tentación de sus cuadros o miembros de subirse al carro del político catalán.
El malestar interno por el movimiento de Rufián es palpable, aunque oficialmente la orden es no mostrar debilidad. Los críticos acusan a Rufián de buscar visibilidad «personal», y en Más Madrid el aparato recela de la decisión de Delgado de acudir al acto con Rufián. Según miembros con cierto peso orgánico en Sumar, el proyecto de Rufián respondería sobre todo a la voluntad del dirigente catalán de mantenerse fuerte dentro de su propio partido: estas fuentes interpretan en clave interna el movimiento de portavoz de ERC, y su intención ha sido cortar de raíz cualquier tipo de especulación sobre un proyecto que modifique las líneas trazadas hasta ahora para la superación de Sumar.
La cuestión fundamental es que, según los miembros de los partidos de Sumar, el actual ciclo de las autonómicas está devolviendo el reloj a una situación anterior al 15-M. Es decir, que los mismos políticos que en su día apelaban a la regeneración y decretaban el fin de las viejas nomenclaturas se han hecho mayores y reclaman ahora la importancia de cuestiones como el arraigo territorial de los proyectos y la militancia para dar por finiquitado el experimento de la «nueva política». Es una vuelta a los cuarteles de invierno que invalida proyectos renovadores, centrados en figuras de impacto mediático por encima de las estructuras de partido, tal y como creen que defiende Rufián.
Desprecio y miedo
El próximo 21 de febrero los promotores de la coalición de Sumar se reunirán en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aunque sus miembros aseguran que llevan «meses» trabajando en la definición de una nueva «alianza» (por decirlo con las palabras de Yolanda Díaz), el hecho de que Rufián anunciara el arranque de sus conferencias políticas poco antes de los resultados de las autonómicas en Aragón ha irritado a los integrantes de los partidos de Sumar. Sospechan que Rufián quiso aprovecharse de unos resultados que se preveían desastrosos para proponer su alternativa.
La clave, según las fuentes consultadas en Sumar, no es tanto la idea que Rufián pueda tener de una nueva izquierda, sino el hecho de que reduce su movimiento a una cuestión más de poder dentro de ERC que de auténtica renovación. Según las fuentes consultadas, Rufián está buscando fuera de Cataluña un reconocimiento y autoridad que sus compañeros de partido a veces no le otorgan, y subrayan que el diputado catalán no cuenta con el apoyo explícito de su partido. ERC, de hecho, no quiere oír hablar de proyectos que salgan del eje independencia-soberanía.
Podemos, que amagó con afianzar una alianza con los partidos nacionalistas, tampoco apoya a Rufián. En su caso, porque el dirigente catalán hizo algo parecido a lo que ocurrió el pasado domingo: transmitió a la prensa su idea justo cuando se empezaba a hablar de un frente político que incluyera a los actores de la izquierda regionalista o nacionalista. Se le acusó de reventar esas negociaciones, que se estaban manteniendo en gran secreto, con un anuncio al diario El Mundo justo después de que THE OBJECTIVE hablara de ello, en julio de 2025.
Sorpresa en Más Madrid
Esta es, por lo menos, la lectura que hacen en Podemos. Según las fuentes de este espacio, Rufián llegó a hablar personalmente con miembros de la cúpula morada para intentar concretar su idea. Se habló incluso de posibles listas electorales, pero en ese punto los bloques no se entendieron. Y en Podemos ahora definen el proyecto de Rufián como un «Sumar 2.0», es decir, una operación orquestada por la Moncloa y sus tentáculos mediáticos para recuperar la idea de un proyecto político dócil con el PSOE, al igual que lo fue Yolanda Díaz y antes Íñigo Errejón.
Pero el hecho de que Sumar y Podemos desprecien el movimiento de Rufián no significa que no lo teman. Sobre todo en Sumar, algunos apuntan a que el anuncio de una cumbre para lanzar la nueva alianza responde al «miedo» de que haya cuadros que se dejen seducir por el proyecto del catalán. Es decir, para blindar el aparato. El propio Emilio Delgado, cuyo movimiento está siendo criticado dentro de su partido, sugiere que ha generado mucho interés y que ha recibido muchos mensajes de personas interesadas en acudir al encuentro del día 18.
Más Madrid insiste en que Delgado acudirá a título «individual», pero admite que el anuncio de la nueva cumbre del colectivo de Sumar ha sido lanzado para frenar desbandadas. Y como colofón, un dato: todos los actores de la alianza de Sumar dan por hecho ya el cambio de nombre de la marca política, con la superación de Sumar, y ya todos hablan de abrir el debate sobre el liderazgo. Es decir, sobre la sustitución de Yolanda Díaz como candidata.
