Rufián propone un pacto con Sumar para que cada izquierda se presente en su territorio
El portavoz de ERC y sus sectores afines buscan un encaje por si fracasa la gran coalición plurinacional

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la periodista Sarah Santaolalla y el diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid, Emilio Delgado. | César Vallejo Rodríguez (Europa Press)
Una izquierda por cada región: Bildu para el País Vasco y Navarra; ERC para Cataluña; Compromís para Valencia y Sumar para el grueso de los demás territorios. Este es el plan b que el portavoz en el Congreso de ERC, Gabriel Rufián, tiene previsto proponer si la creación de una nueva marca electoral —o coalición que aglutine a todas las izquierdas estatales y nacionalistas— fracasa. En su opinión, un gran esfuerzo de «generosidad» y «coordinación». El borrador de ese proyecto está circulando entre sectores de los partidos afectados, y fuentes conocedoras de esa estrategia afirman en conversación con THE OBJECTIVE que Podemos también ha recibido ese «mapa» político. En él se dibuja un proyecto alternativo para tratar de evitar el «escenario» de una victoria de las derechas en las próximas elecciones generales.
La izquierda alternativa al PSOE está viviendo un momento de convulsión. De eso no duda nadie, y tampoco de que tienen que buscar algún tipo de fórmulas innovadoras si se quiere frenar, o por lo menos paliar, un cambio de ciclo político. El movimiento de Rufián ha acelerado todos los movimientos. El diputado propone un plan coordinado entre todos los partidos de la izquierda alternativa al PSOE. En la presentación de su proyecto en Madrid, el portavoz de ERC ya parece haber abandonado la idea de una coalición», para deslizar lo que se está cocinando de forma más confidencial con los actores de la izquierda alternativa al PSOE. «Pido generosidad, ciencia y método», ha afirmado Rufián en clara referencia a los mensajes internos que se están transmitiendo entre los socios de Sumar y el diputado catalán.
Podemos le afea haber trasladado a los medios de comunicación un plan que debía tejerse con discreción, y que este diario había empezado a desvelar en el pasado mes de julio, dos días antes de que Rufián empezara oficialmente a proponerse como alternativa a todo lo existente. En el maremagnum de Sumar se muestran disponibles al diálogo, pero la orden interna es impedir que sus cuadros se dejen seducir por aventuras incontrolables. Al menos las de los aparatos, porque también hay quien habla de sectores que en gran secreto respaldan al catalán.
Rufián pide paciencia. El problema, señalan en el ámbito socialista, es que el diputado catalán carece de apoyos estructurales. Su proyecto, en definitiva, puede «nacer muerto», sugieren. Pero la idea de que Rufián, un dirigente que a lo largo de esos años se ha convertido en el político con mayor tirón y popularidad en su sector, ha dado un salto sin tener apoyos en la sombra no convence a muchos. Y lo que Rufián tiene pensado proponer a los demás partidos, y también a la sociedad civil, no es un cartel electoral conjunto, sino un gran pacto que haga que cada partido, con sus siglas, afronte las próximas elecciones para evitar que se pierdan votos por el camino. «Qué sentido tiene que nos presentemos en el mismo sitio», lanzó Rufián el miércoles en clara referencia, aunque sutil, a su plan.
Un nuevo «mapa» político
Sectores de la izquierda catalana sostienen que este es, en realidad, el gran diseño político de Rufián. El diputado está barajando algo parecido a una tercera vía: se trataría de proponer a los demás partidos una coordinación territorial que evite la fragmentación del electorado progresista. Un «esfuerzo de generosidad», afirman estas fuentes. Si, por ejemplo, Sumar o su nueva marca se presentan solo en regiones como Madrid, Andalucía, las Castillas y Extremadura, pero evitan hacerlo en el País Vasco, Cataluña, Aragón, las islas y Galicia, el voto de la izquierda se concentraría en dos opciones: el PSOE, por un lado, y otra representanda por Sumar o ERC, Bildu, Compromís y BNG.
La idea de fondo es que, ante la amenaza de Vox, no se puede afirmar que el PSOE sea igual al PP, aunque Rufián quiere a un partido socialista «sometido». Pero solo con un pacto entre todos los miembros de Sumar y las fuerzas de izquierda nacionalista se lograría frenar un reparto de escaños que puede favorecer al PP y a Vox, en particular en las provincias pequeñas y medianas. «Yo quiero ganar, provincia por provincia, escaños a Vox», ha dicho Rufián este miércoles.
Este es el razonamiento que Rufián puede poner sobre la mesa si los vetos cruzados le impiden llevar adelante una candidatura unitaria nacional. Ya existen algunas simulaciones demoscópicas al respecto: sin una candidatura de Sumar en el País Vasco, Bildu podría ganar dos o tres escaños con respecto a las generales de 2023; el BNG duplicaría sus representantes y ERC también ganaría peso en Cataluña. Compromís y Más Madrid se beneficiarían también de esa dinámica.
Esfuerzo coordinado
Este diario adelantó que Sumar habló antes del verano de la opción de no proponer su candidatura en todas las provincias españolas para huir del exceso de fragmentación. Entonces, las fuentes consultadas hablaban de conversaciones con el PSOE, que tanto Yolanda Díaz como los portavoces socialistas negaron de manera oficial. Pero las fuentes consultadas reiteran esa opción, que ahora hacen coincidir con el plan b de Rufián para intentar igualar la balanza electoral.
El PSOE, por su parte, podría bendecir este movimiento, porque la clave de las próximas elecciones sigue siendo evitar la fragmentación en la izquierda. Las últimas elecciones en Aragón lo demuestran. Con la separación en tres partidos (Chunta; Podemos y Sumar/IU), la izquierda alternativa ha desperdiciado un botín de un 14% de papeletas (Vox rozó el 18% de votos). Algo parecido ocurrirá en las generales, de no resolverse el problema de la balcanización de la izquierda. Y Sumar, que afronta una delicada etapa de recomposición interna y debate sobre el liderazgo, podría dar muestras de generosidad retirando su sigla de algunos territorios.
Reparto por provincias
Podemos es el principal escollo a cualquier tipo de entendimiento. La formación de Ione Belarra mantiene un planteamiento en solitario, aunque fuentes conocedoras de la propuesta de Rufián sostienen que el partido morado también ha recibido el mapa del plan de Rufián. Y aunque el portavoz de ERC se esfuerce en alabar a los morados, y más concretamente a Pablo Iglesias e Irene Montero, de momento solo recibe portazos, a los que también contesta: «Me llaman malmenorista, pero reivindico el malmenorismo frente a Vox», dijo el miércoles en Madrid.
Además de los morados, todavía bajo el liderazgo en las sombras de Pablo Iglesias, que se muestran aún a reacios a cualquier pactos, en el caso de Sumar habría que resolver el papel de los Comunes. Sumar obtuvo en las pasadas generales una cuarta parte de sus diputados en las provincias catalanas. Es uno de sus feudos, pero puede haber sorpresas. Entre otras cosas porque el hundimiento de la marca podría ser notable. Ada Colau, por ejemplo, se ha abierto a debatir la primera propuesta de Rufián y desde hace tiempo apela a tener posiciones estratégicas generosas para evitar la fragmentación. Por ello, en el acto en Madrid Rufián reiteró una y otra vez la palabra «generosidad».
Las próximas semanas se prevén delicadas para la izquierda radical. Rufián ha agitado el avispero, afirman sus partidarios. Aunque corre peligro de quemarse en el intento, responden los críticos. Una cosa es despertar la atención de las redes y de los medios de comunicación y otra vertebrar un proyecto político innovador. Al entender que su propuesta no goza de los apoyos orgánicos suficientes, Rufián y sus partidarios piden un esfuerzo coordinado a todas las izquierdas en el común interés de minimizar la caída y frenar a la derecha. Tal vez lo hagan buscando a un eslogan, un lema como el «horizonte republicano». Pero más en general, una consigna: «Cada uno en su casa y antifascismo. Cuatro puntos programático y después un grupo interparlamentario coordinado. O nos ponemos de acuerdo o nos vamos al carajo».
