Abascal justifica la purga en Vox: «Nadie critica al CEO si los resultados de la empresa mejoran»
Exdirigentes del partido creen que la euforia de la dirección nacional no está justificada: «El PP nos dobla en votos»

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en una sesión de control al Gobierno. | EP
En los dos últimos años, en casi todos sus eventos públicos y privados, Santiago Abascal ha tenido que justificar la marcha de primeros espadas, en especial de Iván Espinosa de los Monteros, una de las cuestiones por las que más se le pregunta. Según ha podido saber THE OBJECTIVE, el dirigente vasco usa un símil empresarial cuando se le interpela por la purga de sus exdirigentes, tales como Macarena Olona, Rocío Monasterio o, más recientemente, Javier Ortega Smith: «Si altos cargos de una empresa se marchan y los resultados mejoran, nadie cuestiona al CEO», suele decir, en referencia a cómo Vox sube en la intención de voto de las encuestas.
Tras la salida de Espinosa de los Monteros —posterior a las elecciones generales de 2023, cuando Vox cayó de 52 a 33 diputados—, Abascal ha soportado muchas críticas por la descapitalización del proyecto. Antes de la marcha de su portavoz parlamentario, Rubén Manso, Víctor Sánchez Del Real y Macarena Olona ya se habían apartado. Tras él, Rocío Monasterio primero y Juan García-Gallardo después. Esta semana, le ha tocado a Javier Ortega Smith. Pero desde Vox se aferran a que están en máximos históricos en las encuestas, que le auguran 60-70 escaños a nivel nacional.
Ante esto, un ex alto cargo del partido replica que los buenos resultados pueden ser por «causas endógenas o exógenas, internas o externas», y atribuye a lo segundo el auge de Vox, estableciendo un paralelismo con el supuesto «milagro económico» de Mariano Rajoy, «que se debió principalmente a la caída del precio del petróleo», restando méritos a Santiago Abascal y atribuyéndolo a deméritos de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. También subraya cómo Vox está aún muy lejos de los resultados de sus homólogos europeos, que ya gobiernan o están a las puertas, mientras que «aquí estamos eufóricos por sacar la mitad de votos que el PP en Extremadura y Aragón».
Al ser cuestionado por los discretos resultados de Vox en España en comparación con el éxito de sus homólogos europeos, Abascal se escuda en el poco tiempo —más de una década— del proyecto, en comparación, por ejemplo, con la longevidad del Frente Nacional de Francia. «Creo que el sistema electoral, el poco tiempo que lleva Vox en España, o que los hechos que hacen que la población los apoye aún no han adquirido en España la gravedad que han adquirido en Francia, Alemania o Gran Bretaña», sostuvo el líder vasco en su última entrevista concedida a este medio, a finales de 2024.
Desde entonces, y sobre todo tras la ruptura de los gobiernos autonómicos con el Partido Popular, la inercia de Vox ha sido ascendente. En verano de 2024, las encuestas situaban a los de Abascal con un 10-11% de intención de voto a nivel nacional, con proyecciones de alrededor de 21-27 escaños en el Congreso, mientras que ahora se ubicarían en torno al 18-20%. Con la mitad de escaños, eso sí, que el Partido Popular que preside Alberto Núñez Feijóo, que no pasa por su mejor momento, pero resiste a la inercia europea, en donde los democristianos están siendo canibalizados por la derecha dura.
«Si por los resultados entendemos las encuestas, entonces, según esa lógica, tendría que haber dimitido en 2023 o en 2024, cuando, tras nuestra salida, le daban veintipico diputados», le replica un exdirigente del partido consultado por este medio. Otro ex primer espada en el Congreso emplea la sorna: «Cuando un CEO está vendiendo volver a los resultados de 2020 como un gran crecimiento, es más comercial que CEO. Cuando una empresa no tiene consejo de administración, los inversores no entran. El CEO no manda nada cuando el dueño de una empresa en realidad es alguien en la sombra».
La última purga
Ha sido Javier Ortega Smith, el último dirigente defenestrado por no plegarse ante la voluntad de la dirección nacional, que lo quería sustituir como portavoz municipal pese a no tener la competencia para ello, el que ha hablado de «purga estalinista» para referirse a lo que sucede en Vox. En una carta remitida al CEN este mes, Ortega Smith denunció una campaña contra quienes reivindican «los principios y valores fundacionales» y cuestionan «las incoherencias actuales» de la formación. Un reproche, el de abandonar los principios, que también le hacen desde Hazte Oír, asociación otrora cercana a Vox, pero alejada por su abandono de la defensa de la vida.
«Los partidos tienen que resolver los problemas de los ciudadanos y no mirarse el ombligo», se ha limitado a repetir machaconamente ante los medios Santiago Abascal para eludir hablar de la expulsión del padrino de su hijo, de quien fuera su abogado defensor contra un grupo de radicales abertzales en Llodio (Álava) en 2003, en un juicio ante la Audiencia Nacional al que les acompañó Iván Espinosa de los Monteros. Hoy solo queda el «CEO», que justifica las purgas sobre la base de resultados futuribles.
