Bustinduy aprovechará el 'escudo social' para desarrollar su perfil de candidato
Goza del aprecio de su sector, pero carece de proyección. Aun así, gana enteros como sustituto de Yolanda Díaz

El ministro Pablo Bustinduy. | EP
Primero será el desembarco en la campaña electoral de Castilla y León, donde la alianza de Sumar e Izquierda Unida aspira a robar un escaño —el único en juego— a Podemos. Y después la negociación con el PSOE para el «escudo social» ante la guerra en Irán. Pablo Bustinduy, actual ministro de Derechos Sociales, está creando un «perfil de candidato» para la sucesión de Yolanda Díaz, según transmiten fuentes del bloque de Sumar. La vicepresidenta sigue ejerciendo de representante y principal portavoz de la coalición de izquierdas. Pero tras su retirada, los integrantes deberán nombrar a un sustituto. Aunque alejado intencionadamente de esa lucha, cada vez son más frecuentes las voces que apuntan a Bustinduy como sustituto «natural» de la dirigente gallega. Tiene pedigrí de Podemos y de Sumar a la vez, y algunos apuntan a que este político madrileño de 42 años podría encajar en el cargo.
Bustinduy entró en el Gobierno con un ministerio cargado de simbolismo político. Heredó la cartera de Derechos Sociales, que controlaron Pablo Iglesias e Ione Belarra, los dos secretarios generales de Podemos. Hijo de Ángeles Amador, ministra de Sanidad entre 1993 y 1996 en el Gobierno de Felipe González; entró en política de la mano de Podemos. Fue compañero de viajes por América Latina de Iglesias e Íñigo Errejón, y uno de los miembros de la ejecutiva morada más respetado por ambos bandos. Afín a Errejón, renegó de él cuando este creó Más Madrid. Apostó por una salida silenciosa. Prefirió no apuntarse a ninguna caza de brujas. Tal vez no tenga el carisma de otros líderes de la nueva política, dicen algunos de sus compañeros, pero sí habilidad táctica: dejó la política, pero lo hizo para volver, en 2023, cuando Yolanda Díaz le llamó para ayudarla a armar su proyecto.
A medida que Díaz iba gestando (en teoría, en gran secreto) su partido o coalición personalista, Bustinduy, experto en política internacional, volvió al redil. Lo hizo al mismo tiempo que Errejón —todos a una para enterrar a Podemos—, pero ya sin la afinidad orgánica de antes. Yolanda Díaz resucitó a algunas «mentes pensantes» de Podemos, y entre ellas, Bustinduy era una de los más destacadas. Podemos le agradeció no participar en la conjura de Más Madrid, así que no pudo acusarle de doble juego. Aunque a lo largo de estos meses la artillería digital del partido de Belarra y Montero también le puso en la diana.
Sucesión sin guerra
El problema de fondo, explican las fuentes consultadas, consiste en encontrar a alguien que sepa aglutinar todas las sensibilidades de la alianza sin proponerse de nuevo como líder mesiánico después de Iglesias y Díaz. Casi por descarte, Bustinduy podría obtener amplios consensos internos, aunque queda reforzar su proyección e imagen pública. Los sondeos detectan un problema muy concreto: es el ministro más valorado entre los suyos, pero también el menos conocido. De ahí que, si alguien pretende hablar de «operación Bustinduy», lo primero es crear o construir un perfil de líder.
Dos indicios parecen reforzar la puesta en marcha de esa operación. A menos de cuatro días de las elecciones en Castilla y León, el ministro viajará para participar en la campaña electoral. No lo hará como simple comparsa, sino como uno de los dirigentes presentes en los mítines de cierre (el del jueves). Y el segundo tiene que ver con la negociación de las medidas anticrisis por la guerra de Irán. Bustinduy será el encargado de debatir y negociar el «nuevo escudo social» con el área socialista. Para ello, el ministro mezcla palabras de Sumar con consignas de Podemos. Exige topar los alquileres y al mismo tiempo ataca a grandes empresarios, como el dueño de Mercadona. En su opinión, las medidas de Sumar representan «una de las prioridades para poder proteger a la ciudadanía con este nuevo escudo social».
Si se encarga de negociar con el PSOE el nuevo escudo, lo más plausible es que se haga cargo también de presentarlo (se calcula que a partir de la próxima semana). Eso podría ser el pistoletazo de salida para la «construcción» de un perfil de candidato. El aludido niega estar interesado en ello, pero en la trastienda de la política muchos lo ven como un dirigente al alza. Y otros aseguran que ya está manteniendo contactos discretos con varios segmentos de la sociedad. La coalición asegura no tener prisa para elegir a su máximo representante, y que todo deberá pasar por primarias. Pero entre ganar tiempo y mantener a Díaz como principal portavoz nacional hay un buen trecho.
