Vox culmina la purga de los críticos para evitar que contaminen la campaña andaluza
El partido no quiere que los líos internos le perjudiquen como ocurrió en las elecciones de Castilla y León

Santiago Abascal.
«Los ataques no son internos, sino externos». Esa es la frase con la que Santiago Abascal se lleva defendiendo de las críticas de, entre otros, Iván Espinosa de los Monteros, José Ángel Antelo y Juan García-Gallardo. Abascal sugiere que se mueven por intereses abstrusos que nada tienen que ver con el bienestar del partido. Una defensa que dentro de poco se corresponderá con la verdad, pues todos tienen abierto un expediente de expulsión por sus declaraciones ante los medios de comunicación, y pronto estarán fuera.
La intención de esta purga acelerada en las últimas dos semanas es que no se repitan los líos internos que pasaron factura en Castilla y León, como admiten todas las fuentes de Vox consultadas en privado. Las expectativas eran superar el 20% de los votos, e incluso algunos fantaseaban con el sorpasso al PSOE, pero quedaron —con el 18,9% de las papeletas— lejos de estas. Uno de los factores en el que todos coinciden a la hora de señalar, amén del candidato flojo y de la política confusa de pactos con el PP, son los ataques de los críticos de Vox, que ya no podrán ser denominados como tal en lo sucesivo.
La semana pasada, tras las elecciones castellanoleonesas, depuraron a García-Gallardo, pero este va a recurrir, por cuanto Ignacio Garriga hizo pública la apertura del expediente, los motivos, y además adelantó la decisión del Comité de Garantías, cuya dependencia del partido es casi total, aseverando que «seguramente» terminará expulsado. Esta misma semana, fue el turno de Espinosa de los Monteros. Aunque los motivos no se han hecho públicos, se supone que es por sus críticas al partido.
«Lo llamativo es que lo hacen justo al convocar elecciones Juanma [Moreno Bonilla]. Así, cualquier expectativa no cumplida… es culpa de los ataques de los que se han marchado», señala uno de los críticos, que considera que Vox puede estar poniéndose la venda antes de la herida. Lo que está claro es que al partido de Abascal no le conviene que la campaña andaluza vuelva a estar marcada por los líos internos, ya que un buen resultado se antoja fundamental en las que pueden ser las últimas autonómicas antes de las generales. En Extremadura y en Aragón la campaña ayudó a sumar apoyos, y la intención es que en Andalucía suceda lo mismo.
La expectativa es impedir la mayoría absoluta de Juanma Moreno Bonilla. Y de ahí, «soñar», en referencia a un hipotético sorpasso al PSOE, que está en horas bajas. El último Votómetro elaborado para este medio apunta a que este escenario no estaría tan alejado: los socialistas se encuentran ahora mismo en los 23-26 diputados, mientras que los de Vox se ubican en los 19-22, por lo que mejorarían sustancialmente los 14 cosechados en 2022 por Macarena Olona en una campaña, liderada por Álvaro Zancajo, que resultó fallida. Llama la atención, de todos modos, que hace cuatro años el objetivo fuese la Vicepresidencia y ahora lo sea solo quitarle la mayoría absoluta al PP.
El candidato
La campaña de Andalucía, como la de Extremadura, Aragón y Castilla y León, estará protagonizada por Santiago Abascal, aunque el candidato a la presidencia de la Junta es Manuel Gavira, tal y como adelantó este medio y ha confirmado Vox este jueves. Quienes le conocen aseguran que es «muy majo» y muy querido en su Cádiz natal, pero admiten que «en lo político y comunicativo, necesita mejorar». Un perfil similar al de Carlos Pollán, criticado incluso por su jefe de campaña por sus carencias.
Fuentes conocedoras del candidato apuntan que es «un perro apaleado» que «se ha dejado humillar» por el aparato del partido, y que «ese es su mejor aval interno»: «No se le conoce una idea propia después de muchos años como portavoz de Vox en el Parlamento andaluz, una de las principales comunidades autónomas de España». Un perfil gris que rinde pleitesía al líder. No en vano Manuel Gavira fue el hombre que consignó que «en Vox, salvo Santiago Abascal, todos somos prescindibles, todos». El tiempo le ha dado la razón.
