Quieren que declare en la querella de ETA contra el Lobo
Nunca han aceptado que un joven vasco de pueblo fuera más listo que la banda

Mikel Lejarza, 'El lobo'.
Siento haber tardado seis meses en enterarme, me habría encantado poder contaros esta historia antes. La transparencia es importante en los temas que algunos montan sin sentido. Os recuerdo el origen de la historia en la que participa la familia de un miembro de ETA fallecido, el Observatorio de Derechos Humanos de Euskal Herria y el exagente del servicio secreto, Mikel Lejarza, El Lobo.
El 30 de julio de 1975 —hace casi 51 años—, cuatro miembros de ETA iban por el centro de Madrid, fueron detectados por un despliegue policial, pararon el coche y huyeron como pudieron. Mikel Lejarza, el Lobo, agente infiltrado, era el jefe de infraestructura de la organización, el responsable de los pisos y, al abandonar el vehículo, los otros tres —Felix Egia, Papi; José María Lara, Txepe, y Josu Mujika, Kepa— le siguieron a la búsqueda de un escondite. La fuerte presencia policial y los tiros los obligaron a dispersarse, cada uno en una dirección distinta, a la búsqueda de seguir siendo libres. El resultado fue que Papi, que llevaba una metralleta y una pistola, intercambió disparos con sus perseguidores y, una vez herido, detuvo la lucha. A Txepe lo hirieron, cejó en su resistencia y se dejó arrestar. Kepa se enfrentó a los policías con su metralleta Marieta y terminó acribillado a balazos.
El Lobo fue perseguido por uniformados —le creían un miembro de ETA más, nadie les informó de que hubiera un infiltrado—, le dispararon sin acertar y consiguió huir. Se escondió en un piso cercano, secuestró al matrimonio que vivía allí y consiguió que unas horas después le rescatara el jefe de la unidad operativa del servicio secreto. Esta es la historia que hace tiempo me contó Mikel y que con más detalle publiqué en el libro Yo confieso, sus memorias. Nadie en 50 años había cuestionado esta historia, ni siquiera los propios miembros de la banda terrorista. En particular, Juan Cruz Unzurrunzaga, encarcelado basándose en el trabajo de Mikel, que publicó en 1979 el libro Infiltración, en el que acusa al Lobo de traidor, pero no menciona para nada que pudiera ser un asesino.
La interesada selección de periodistas
Sin embargo, hace algo más de un año, el Observatorio de Derechos Humanos de Euskal Herria y la familia de Mujika presentaron una querella en un juzgado de Guipúzcoa por la posible comisión de un «delito de lesa humanidad». Pedían actuar contra Mikel Lejarza y un policía. El juzgado vasco no aceptó el caso, lo presentaron después en un juzgado de Madrid, el número 12, que se lo quedó.
Después vino la noticia, que me enseñaron el otro día, de que el pasado mes de julio, el Observatorio había enviado al juzgado una lista de personas que solicita que llame a declarar. En esa relación aparece Pedro Gorospe, de El País, Xabier García Ramsden, de Radio Euskadi, y Gema Huesca, de Voz Pópuli, los tres por haber entrevistado al Lobo. ¿Por qué, junto a ellos, me pregunto yo, no aparecen el más de un centenar de compañeros que le han entrevistado a raíz de Yo confieso? Además, no entiendo el motivo de llamarles a declarar, cuando nada pueden aportar sobre lo que pasó hace 51 años.
También incluyen en su lista a quien organizó la presentación del libro en Bilbao y Madrid, en Bidebarrieta y Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Mi querida Blanca Rosa Roca, una de las mejores editoras que ha tenido este país, que lo fue de su Roca Editorial, seguro que irá encantada, pero ¿qué pretenden que aporte sobre lo que ocurrió hace 51 años?
Manipulación del relato del libro
Encabezando la lista aparezco yo, que escribí el libro, dicen, «junto al propio Lejarza, y en el que este último asume su participación en la operación policial realizada el 30 de julio de 1975 en Madrid y en la que mataron a tiros al legazpiarra Josu Mujika». La manipulación de los hechos es exagerada. Pocas personas desconocen en este país que Mikel se infiltró exitosamente en ETA, pero lo que aparece en el libro es un relato que demuestra que no tuvo nada que ver, desconocía la redada y los policías estuvieron a punto de matarle también a él.
Quien investigó el tiroteo de ese día y a quien el Observatorio no ha incluido sospechosamente en su lista, es a Jesús María Zuloaga, el periodista que trabajaba en la agencia de noticias Europa Press. Su testimonio, que recogí en mi libro Secretos de confesión, es sumamente esclarecedor sobre el papel de víctima que jugó El Lobo.
No citan a Zuloaga porque, según mi opinión, no buscan la verdad, solo la venganza. ETA y sus simpatizantes nunca han podido soportar que El Lobo hiciera una infiltración brillante. Ahora intentan colarnos que participó en un asesinato, cuando saben perfectamente que es falso. Seguro que todos estaremos encantados de colaborar con la Justicia, yo el primero.
