La colaboración real implica cambiar las reglas
Entendemos la innovación social como la capacidad colectiva de generar soluciones desde la colaboración entre actores


Durante años hemos hablado del papel de la empresa en la transformación social en términos de responsabilidad, propósito o sostenibilidad. Sin embargo, frente a retos globales cada vez más complejos, resulta evidente que ningún actor puede generar impacto real por sí solo. La pregunta ya no es si las empresas deben implicarse, sino cómo hacerlo de forma efectiva y sostenible.
Desde Ayuda en Acción entendemos la innovación social como la capacidad colectiva de generar soluciones nuevas a problemas sociales complejos, no desde la acción aislada, sino desde la colaboración entre actores que comparten un objetivo común: crear oportunidades reales para las personas.
Muchos esfuerzos de innovación social y colaboración siguen centrados en responder a las consecuencias de la exclusión. Pero, mientras no se aborden las dinámicas que producen esas situaciones, el impacto seguirá siendo parcial y difícilmente sostenible. Innovar socialmente desde una lógica transformacional implica desplazar la mirada de los efectos a las causas, cuestionando cómo funcionan los mercados, qué reglas excluyen a determinados colectivos y qué incentivos perpetúan desigualdades estructurales. La exclusión rara vez responde a la falta de talento o esfuerzo, ya que suele ser el resultado de mercados que no funcionan de forma inclusiva: cadenas de valor fragmentadas, servicios empresariales inaccesibles, normas discriminatorias, fallos de información o ausencia de modelos de negocio viables para llegar a poblaciones tradicionalmente excluidas.
Frente a este enfoque, cobran relevancia las alianzas transformacionales: aquellas que no se conforman con resolver un problema puntual, sino que buscan modificar las dinámicas que lo producen. Son alianzas que transforman sistemas y, al mismo tiempo, a los propios actores que participan en ellas.
Desde esta mirada surge el enfoque de Market Systems Development (MSD), clave para Ayuda en Acción y basado en una idea sencilla, pero poderosa: si queremos lograr un impacto sostenible, debemos cambiar la manera en que los mercados funcionan.
Las empresas ocupan aquí un lugar central con capacidad real para influir en dinámicas económicas, introducir innovación, generar empleo y abrir oportunidades para colectivos tradicionalmente excluidos. Cuando se implican siguiendo este enfoque, la innovación social se convierte en una palanca real de cambio. Al adaptar su modelo de negocio o invertir en nuevas soluciones, las empresas no solo crean valor económico: pueden desbloquear cambios de comportamiento que beneficien a todo un sistema.
Desde Ayuda en Acción acompañamos estos procesos aportando metodología, conocimiento del territorio y capacidad de articulación, para que la innovación social se traduzca en cambios sistémicos reales. Esto se materializa en proyectos como SUNSCALE en Uganda, que impulsa la utilización productiva de energías renovables. El proyecto aborda una restricción estructural clave: el acceso limitado de pequeños agricultores a energía renovable asequible. A través de alianzas, reparto de riesgos y demostración de viabilidad económica, se incentiva a las empresas a integrar soluciones sostenibles en sus modelos de negocio, contribuyendo a la transición verde y generando efectos que pueden escalarse y replicarse de manera autónoma.
Algo similar ocurre en proyectos de cadenas de valor de cacao que llevamos a cabo en Colombia y Ecuador, donde el foco no está en aumentar la producción a corto plazo, sino en transformar el modo en que funciona el sistema de mercado para que incorpore a los más vulnerables. A través del trabajo con empresas se han abordado restricciones estructurales como el acceso a asistencia técnica, financiación y comercialización, mejorando los ingresos y las condiciones de trabajo de pequeños productores.
Mientras que en los proyectos de transición educación–empleo en España y México, la colaboración con empresas permite ir más allá de la formación tradicional. Al situar al sector privado como actor central del sistema laboral, se identifican brechas reales entre oferta y demanda de habilidades y se impulsan soluciones alineadas con incentivos de mercado. Las empresas no solo incorporan talento, sino que contribuyen a redefinir perfiles profesionales, modelos de inserción laboral y rutas hacia el autoempleo, generando cambios sostenibles.
En un momento en el que el concepto de propósito corre el riesgo de diluirse, el enfoque MSD ofrece una vía concreta para traducir intenciones en acción estratégica. El futuro del impacto no pasa por elegir entre rentabilidad o compromiso social, sino por entender que los mercados solo funcionan plenamente cuando son inclusivos, resilientes y capaces de generar oportunidades para todas las personas. Porque cuando innovar implica colaborar de esta manera, el impacto deja de ser una promesa y empieza a convertirse en una oportunidad real.
