¿Cómo nos está afectando no poder dar besos durante la pandemia?
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Sociedad

¿Cómo nos está afectando no poder dar besos durante la pandemia?

Este año la celebración del Día del Beso va a ser diferente por la falta de intimidad y el miedo al contagio

por Inés Bertrán

Cada 13 de abril se celebra el Día Internacional del Beso, una festividad que surgió para conmemorar el beso más largo de la historia, de 58 horas de duración. Este beso fue protagonizado por una pareja tailandesa durante un certamen y superó su propio récord de 46 horas consecutivas, logrado el 13 de abril del año anterior.

Este año la celebración del Día del Beso va a ser diferente, y es que la falta de intimidad y el miedo al contagio son las principales causas por las que las personas se besan menos en épocas de coronavirus. Y es que el 76% de la gente afirma que durante lo que llevamos de año de pandemia ha besado menos, según una encuesta realizada por Gleeden, la plataforma líder en el mundo de encuentros extraconyugales.

Lo cierto es que, según los expertos, los besos ayudan a reducir la presión arterial, a disminuir el colesterol de la sangre, quemar calorías, aliviar el estrés y disparar la endorfina de nuestro organismo, por lo que pueden considerarse muy beneficiosos para el cuerpo humano.

¿Y cómo ha afectado esta situación a la población? En The Objective hemos hablado con tres expertos que nos cuentan como no poder mostrar cariño ha dañado de manera muy negativa a la gente.

¿Cómo celebrar el Día del Beso en medio de una pandemia?

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Falta de empatía

«No poder relacionarnos con los demás como antes, con la cantidad de contacto físico y la corta distancia social a la que estábamos acostumbrados, produce tristeza y sensación de pérdida y soledad. Por ejemplo, no poder dar besos a nuestros amigos cuando quedamos o un abrazo cariñoso o consolador genera incomodidad, sensación de que falta algo, de que estamos menos conectados», nos cuenta Marta Cernuda Aspe de ACIMUT, un gabinete de psicólogos en Madrid.

Los seres humanos ligamos el contacto físico a la empatía. «La gente que te comprende y valida como te sientes te abraza para consolarte o te pone una mano en el brazo o en la pierna en señal de reconocimiento. También, tenemos muy relacionado tocarnos con querernos: si no te toco parece que te quiero menos que antes. Esto nos ha permitido convertir la palabra en la principal muestra de afecto. Ahora, este tipo de interacciones, si se hacen, se viven con culpa, como una excepción peligrosa», afirma la psicóloga Rocío Valdelomar Llantada.

Y esta situación que estamos viviendo ha afectado de manera más especial a dos colectivos muy vulnerables: los ancianos y los niños. «Las personas mayores tienen más dificultades para adaptarse a estos cambios. Pueden sentir que en sus últimos años tienen más dificultades para recibir y expresar el cariño. Y esta situación les obliga a perder lo más preciado que tenían: el cariño, labrado durante años, de sus seres más queridos», dice Juan Carlos Tomás del Río, también psicólogo de ACIMUT.

En el caso de los más pequeños, la manera que para ellos era «normal» de relacionarse de repente se ha convertido en «mala y peligrosa». «Estas situaciones les están generando muchas emociones y necesitan más explicaciones por parte de los adultos. Esto implica que enseñemos a los más pequeños a expresar el afecto de formas diferentes: mirando más a los ojos, expresándose con palabras más concretas, identificando las emociones, normalizando el miedo o la incomodidad de llevar mascarilla», cuenta Marta Cernuda Aspe.

¿Cómo celebrar el Día del Beso en medio de una pandemia? 1

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La nueva forma de relacionarnos 

Durante un tiempo, cuando todo esto ya haya pasado, vamos a seguir temiendo al virus y vamos a tardar en readaptarnos a la normalidad.

«Tras un repunte de euforia por salir de esta situación, nos daremos de bruces con las consecuencias de haber estado viviendo con incertidumbre y estrés tanto tiempo. Volver a la «normalidad» va a suponer un estrés añadido que puede acarrear consecuencias negativas sobre la salud mental. Miedo a que la situación vuelva a empeorar, ansiedad ante el futuro o tener que volver a enfrentarnos a situaciones que «se nos han olvidado». Cuando volvamos a compartir espacios con mucha gente existe la posibilidad de que los vivamos con miedo y estrés, puesto que nos hemos «desacostumbrado» a vivir este tipo de situaciones, como por ejemplo discotecas, conciertos, festivales y otros espacios multitudinarios», afirma Juan Carlos Tomás del Río.

A pesar de todo, hay una parte positiva de todo esto. «Mucha gente se ha dado cuenta de la importancia que tiene la salud mental. Hoy en día acude más gente a terapia y no necesariamente por la pandemia, sino porque esta situación y el confinamiento les ha permitido darse cuenta de cómo, en muchas ocasiones, damos por sentado que estaremos bien. La búsqueda activa de ayuda psicológica, tanto profesional como el apoyo de nuestros seres queridos, es una de las consecuencias más positivas de esta trágica situación», dice Rocío Valdelomar Llantada, psicóloga de ACIMUT.