Sociedad

¿Es la crisis del coronavirus una pandemia o una sindemia?

Ahora que ya todos tenemos claro que lo que vive el mundo es una pandemia, llega un grupo de científicos y nos dice que no, que en realidad la crisis del coronavirus es una sindemia. ¿Qué supone esto?

por The Objective

La palabra pandemia entró a formar parte de nuestro vocabulario hace unos meses y, desde entonces, aparece casi en cada conversación. Y ahora que ya todos tenemos claro que lo que vive el mundo es una pandemia, llega un grupo de científicos y nos dice que no, que en realidad la crisis del coronavirus es una sindemia.

Y esta palabra ¿qué significa? ¿Y cómo nos afecta llamarlo de una manera u otra?

Epidemia, pandemia y sindemia

Para entender la diferencia entre estos tres términos, primero hay que conocer a qué se refiere cada uno.

Una epidemia es el aumento notable de afectados por una enfermedad en una zona concreta. La pandemia es una epidemia que, por su ritmo y forma de crecimiento, ha acabado afectando a distintas zonas del mundo en el mismo periodo de tiempo.

El término sindemia fue acuñado en la década de los 90 por el médico estadounidense Merrill Singer y es una combinación de los términos sinergia y pandemia. La palabra se usa para referirse a una situación en la que «dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades», según explicó el propio médico.

¿Es el coronavirus una sindemia?

La duda sobre si la situación generada por el coronavirus es una pandemia o una sindemia ha surgido a raíz de la publicación de un artículo del editor de la revista médica The Lancet, Richard Horton.

En él, afirma que lo que vivimos es una sindemia porque el coronavirus está interactuando con otras enfermedades no transmisibles, como la diabetes, el cáncer y los problemas cardíacos, que empeoran las consecuencias de este nuevo virus en los pacientes que las sufren.

Además, hay condiciones sociales y ambientales que empeoran la suma de las enfermedades, uno de los motivos por los que el coronavirus está afectando más a zonas con elevados niveles de pobreza y desigualdad social.

Por eso, Horton y un gran número de científicos consideran que el coronavirus cumple las condiciones para haber creado una sindemia, ya que cuando interactúa con otras enfermedades, las consecuencias son mucho más graves.

¿Qué supone llamarlo sindemia y no pandemia?

Considerar que la situación que vive ahora prácticamente el mundo entero es una sindemia supondría un cambio en la estrategia que se está utilizando para combatir la COVID-19, dado que se trataría de luchar contra las otras enfermedades y no solo contra este nuevo virus.

Según el punto de vista de Horton y de los científicos que lo apoyan, la estrategia que se debería seguir está basada en potenciar la investigación enfocada en acabar con estas enfermedades no contagiosas, puesto que no se puede acabar con el coronavirus si no se acaba antes con ellas.

«Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora COVID-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia», opina, por su parte, Merrill Singer en declaraciones a BBC.

Además, los defensores de esta posición afirman que el coronavirus ha demostrado que son los países y regiones pobres los que peores consecuencias han sufrido debido a la mayor incidencia de problemas como la obesidad, por ejemplo. Por eso, insisten en que la lucha contra estas enfermedades no se puede centrar solo en los países ricos.

«Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada», añade Singer. «El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de la COVID-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos».

Por su parte, Richard Horton es concluyente: «No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para la COVID-19 puramente biomédica fracasará».