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El bello pueblo de Toledo que acompañó a Sara Carbonero en su infancia: «Recuerdo su olor»

La periodista nació en una pequeña localidad de La Mancha que tuvo que abandonar cuando se fue a estudiar a Madrid

El bello pueblo de Toledo que acompañó a Sara Carbonero en su infancia: «Recuerdo su olor»

Sara Carbonero, en una imagen de archivo. | Gtres

Sara Carbonero no está pasando por su mejor momento, en cuanto a su salud. La periodista ha tenido que se ingresada en un hospital de Lanzarote después de sufrir un fuerte dolor abdominal. A su lado, como siempre, se encuentra su amiga, Isabel Jiménez, y, también, su pareja, Jota Cabrera. Por el momento, parece ser que su entorno quiere que se mantenga cierta discreción sobre su estado. Y es que su familia siempre ha preferido mantenerse en un segundo plano, a pesar de las distintas complicaciones que han pasado en su salud. Es más, todos ellos suelen regresar al pueblo que les vio crecer, en la provincia de Toledo, donde son capaces de darle un respiro a la vida.

Lo cierto es que Sara tiene ha tenido una relación personal y afectiva muy estrecha con el municipio de Corral de Almaguer (Toledo), que va mucho más allá de simples visitas ocasionales. Corral de Almaguer es el lugar donde creció parte de su familia y donde mantiene fuertes vínculos personales y emocionales. A lo largo de los años ha compartido en redes y medios momentos íntimos allí con su familia, especialmente con su abuela y otros parientes. Sara también posee una casa familiar en este pueblo, una vivienda rústica que adquirió junto a su entonces pareja Iker Casillas y que ha sido un lugar de descanso, retiro y conexión con sus orígenes cuando busca tranquilidad lejos del bullicio mediático. 

Corral de Almaguer, el pueblo que vio crecer a Sara Carbonero

Uno de los lugares más importantes de Corral de Almaguer. | Turismo de Toledo

En todos estos años, la periodista ha pasado vacaciones y celebraciones familiares en Corral de Almaguer con sus hijos, disfrutando de planes sencillos, paseos por la localidad y tiempo con sus seres queridos. También ha vivido en primera persona momentos duros allí, como el fallecimiento de su abuela Maxi, de 100 años, cuyos funerales y homenajes se celebraron en esta localidad con la presencia de la familia. Más allá de ser solo un lugar de vacaciones, Corral de Almaguer representa para Sara un vínculo profundo con sus raíces y su historia familiar. Es un espacio donde revive recuerdos de infancia, comparte tiempo con la familia y reflexiona sobre su vida personal y profesional. 

Corral de Almaguer se sitúa en la Mancha Alta Toledana, a ambos márgenes del río Riánsares, en un paisaje dominado por viñedos y campos agrícolas, muy característico de La Mancha. Tiene una población de alrededor de 5 000 habitantes y su extensión es una de las mayores de la provincia. El nombre del municipio combina dos conceptos: «Corral», que podría provenir del latín currale —lugares para ganado o carros—, y «Almaguer», de origen árabe —al-magid, «canal de riego»—, lo que refleja sus raíces históricas diversas. La historia de Corral de Almaguer es profunda y rica. Hay indicios de asentamientos humanos desde la Edad del Hierro (siglo V a. C.) evidenciados por restos arqueológicos en el cerro del castillo. 

Una mezcla de culturas y vino de Denominación de Origen

Más tarde fue una zona poblada por celtíberos y romanos, consolidándose como núcleo estable durante la ocupación musulmana, cuando se le conocía simplemente como Almaguer. Tras la Reconquista cristiana, las tierras se entregaron a la Orden de Santiago y los habitantes se asentaron en un nuevo emplazamiento llamado «El Corral»: de ahí nació el nombre completo Corral de Almaguer ya en el siglo XIV. Durante la Edad Media también existió en la villa una comunidad judía significativa, con su propia aljama o barrio, vinculada a oficios como el curtido de pieles. Este cruce de culturas —romana, musulmana, cristiana y sefardí— ha dejado huellas visibles en su arquitectura y trazado urbano.

Corral de Almaguer tiene diversos puntos de interés histórico, cultural y natural. La Plaza Mayor es el corazón de la localidad: punto de encuentro social rodeado de edificios señoriales y portales típicos manchegos. Por su parte, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el templo principal, de estilo gótico-plateresco del siglo XV, declarado Bien de Interés Cultural. Su interior armonioso y su retablo barroco son obras de gran valor. El Santuario de Nuestra Señora de la Muela está situado a unos 4 km sobre el cerro de la Muela, alberga la imagen de la patrona de la localidad y es centro de una famosa romería anual. También, tiene un castillo medieval, es decir, restos de una fortaleza medieval construida en una atalaya natural junto al santuario. Aunque hoy se conserva parcialmente, ofrece una conexión palpable con la historia defensiva de la región.

El casco urbano conserva numerosas casas antiguas: Casa de los Collados, Casa Briceño, Casa Higueras o Casa de la Encomienda, que muestran la arquitectura tradicional y la historia social de la villa. Además, Corral de Almaguer forma parte de una importante zona vitivinícola de La Mancha, con vinos con Denominación de Origen La Mancha y bodegas como Pinuaga para degustar vinos locales. La cocina local refleja la tradición rural manchega. Ofrecen platos como las gachas pisto manchegocordero guisado o tiznao, acompañados de queso manchego son clásicos de la zona. Las ferias y fiestas populares, especialmente las relacionadas con las romerías y patronales en honor a la Virgen de la Muela, son momentos de celebración comunitaria.

«Huele a la comida de mi madre, a leña…»

El entorno de este pueblo manchego también es lo más especial. Se pueden dar paseos por viñedos y campos manchegos, así como disfrutar de senderos y rutas naturales, como el sendero de la Virgen de la Muela. El paisaje, en general, es el típico de la Mancha. Corral de Almaguer es un destino tranquilo y lleno de historia, con un casco antiguo interesante, iglesias y santuario destacados, restos medievales, gastronomía local y una fuerte tradición vinícola. Si echamos un vistazo a sus redes sociales, lo cierto es que Sara suele compartir infinidad de imágenes de cómo fue su infancia en su pueblo de Toledo.

El olor de su casa de siempre, «a la comida de mi madre, a leña…» es para ella algo que la transporta directamente a su infancia. Ha contado que en el pueblo puede encontrar pequeños tesoros que no valen nada, pero significan muchísimo, porque le evocan esos primeros años creciendo con amigos y familia. En una publicación reciente, relató cómo una simple mecedora del patio de su casa familiar la llevó en el tiempo hasta sus primeros meses de vida, pues allí se dormía con su madre cuando era bebé. Ese gesto —simple pero profundo— refleja para ella la magia de volver a su origen

Sara ha compartido también momentos íntimos junto a su abuela —una figura fundamental en sus recuerdos de infancia— describiéndola en ocasiones como matriarca y guía emocional. En publicaciones en redes sociales ha hablado de momentos vividos juntas, como cuentos, vendimias o la vida sencilla en el campo, que marcaron su infancia y contribuyeron a forjar su personalidad. Más allá de recuerdos concretos, Sara ha señalado en entrevistas que, al crecer en un entorno rural, su «ser de pueblo» es algo de lo que se siente muy orgullosa y que forma parte esencial de su identidad y de cómo ha vivido aspectos importantes de su vida, como la maternidad o el concepto de hogar. 

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