La vida que les queda a los Ruiz-Mateos: varias condenas y una hija que reconoció muy tarde
José María, el patriarca, falleció hace unos años después de una vida marcada por la polémica y la Justicia

Miriam Ruiz-Mateos y su marido, en una imagen de archivo. | Gtres
José María Ruiz-Mateos fue, durante muchos años, uno de los hombres más importantes de nuestro país. Y no solamente porque sus negocios le encumbraron a una fortuna que, sin duda, manejó a sus antojo durante muchos años, sino porque, también, sus decisiones marcaron su influencia pública. Y es que José María entrañó una persona polémica, influyente y mediática como fundador de Rumasa y, luego, de Nueva Rumasa, dos grandes grupos de empresas que marcaron la economía española durante décadas. Además, dejó una importantísima huella a través de su legado. También con su familia.
José María vino al mundo en abril de 1931 en la localidad gaditana de Rota. Su familia estaba vinculada al comercio de vinos; él estudió comercio y comenzó exportando vino de Jerez a Inglaterra, lo que le permitió empezar a ampliar sus negocios. En 1961 fundó Rumasa —Ruiz‑Mateos Sociedad Anónima—, que llegó a integrar cientos de empresas en muy diversos sectores: desde bancos y hoteles hasta bodegas, supermercados o tiendas de lujo. En su momento de mayor expansión Rumasa representaba un peso significativo de la economía española, con decenas de miles de empleados y una facturación gigantesca.
El patriarca: José María Ruiz-Mateos

En 1983, el Gobierno español ordenó la expropiación del grupo Rumasa por razones de interés público y problemas financieros y fiscales atribuidos al conglomerado. Esto marcó un antes y un después tanto en su carrera como en la historia empresarial moderna de España. Ruiz‑Mateos emprendió una larga batalla judicial y mediática contra el Estado, denunciando conspiraciones y acusando a ministros como Miguel Boyer; su imagen se volvió icónica por escenas mediáticas, como enfrentamientos en los juzgados. Sin duda alguna, los problemas judiciales, también, marcaron su presente.
A lo largo de su vida enfrentó múltiples procesos judiciales por delitos económicos: fraude fiscal, alzamiento de bienes y falsedad documental, entre otros. Algunos acabaron en condenas y otros en absoluciones tras años de litigios. Tras el colapso de Nueva Rumasa en 2011, la justicia también investigó y luego condenó a varios de sus hijos por delitos relacionados con la gestión del grupo familiar él estaba en el centro de la estructura de poder. Una de las partes de su vida que más le emocionó fue que fue marqués de Olivara, un título nobiliario que obtuvo y promovió dentro de su familia. También incursionó en la política, llegando a ser elegido al Parlamento Europeo mediante una agrupación con su propio nombre. En 1991 adquirió el club de fútbol Rayo Vallecano, donde su esposa María Teresa Rivero fue presidenta durante años.
Tuvo trece hijos con Teresa Rivero
Su lado personal también atrajo a la prensa, aunque esta vez a la relacionada con el corazón. El empresario estuvo casado con Teresa Rivero, con quien tuvo 13 hijos y, posteriormente, se reconoció una hija extramatrimonial. Falleció el 7 de septiembre de 2015 en El Puerto de Santa María (Cádiz), a los 84 años. Pero ¿quién es quién hoy en día? Como decíamos, la saga comenzó con José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada y la construcción de Rumasa, un gigantesco consorcio con bancos, bodegas, hoteles y comercios que llegó a agrupar cientos de empresas y miles de empleados. Su mujer fue la primera mujer presidenta de un club de fútbol de Primera División en España como mandataria del Rayo Vallecano (1994-2011). Juntos, además, tuvieron seis varones y seis mujeres.

Los seis hijos varones conformaron la rama más mediática del clan y, tras la caída de Rumasa y la creación del grupo Nueva Rumasa en los años 90, estuvieron directamente implicados en la gestión empresarial familiar. Zoilo, el primogénito, nació en 1960. Licenciado en Derecho, fue en su momento el encargado de las relaciones internacionales del grupo familiar y uno de los hombres fuertes en la estructura de Nueva Rumasa. Actualmente forma parte de los seis hijos varones condenados por delitos relacionados con la gestión de pagarés de Nueva Rumasa, con penas de siete años y cuatro meses de prisión impuestas por la Audiencia Nacional en mayo de 2025 por estafa, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes.
Las causas con la justicia de sus hijos varones
Por su parte, José María Jr. es economista de profesión y tradicionalmente considerado la cabeza ejecutiva del holding familiar. También fue condenado junto con sus hermanos en 2025. Además, se ha informado de que fue uno de los reclusos que dio positivo por covid en prisión en 2020, cuando cumplía sentencia por otro caso de estafa previa. Alfonso vino al mundo a finales de los años 60 y, con el tiempo, se especializó en Derecho. Tradicionalmente ha estado vinculado a la gestión de bodegas y otras sociedades dentro de la estructura de Rumasa/Nueva Rumasa. Pablo, el cuarto hijo, nació en 1971 y se encargó de áreas como la dirección hotelera y otros negocios del grupo familiar. También ha sido condenado en la causa judicial que culminó en 2025.
Por su parte, Francisco ha tenido distintas responsabilidades de supervisión financiera y fue parte activa del entramado empresarial familiar. Igual que sus hermanos varones, condenado y actualmente vinculado a las penas de prisión por la estafa de Nueva Rumasa. Álvaro es el menor de los seis hermanos y participó en la administración de sociedades dentro del grupo y también recibió una condena judicial junto con sus hermanos. Así, los seis hijos varones fueron condenados por la Audiencia Nacional en mayo de 2025 a siete años y cuatro meses de cárcel por estafa, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes relacionados con la emisión de pagarés de Nueva Rumasa entre 2009 y 2011, como contamos en THE OBJECTIVE. A lo largo de los años anteriores ya habían enfrentado otras causas judiciales por fraudes vinculados a la gestión de empresas familiares.

Por su parte, las hijas del clan Ruiz-Mateos —Socorro, Begoña, Patricia, Rocío, Nuria, Paloma y Almudena— han sido tradicionalmente mucho menos visibles en la vida pública y empresarial, y ninguna de ellas ha estado implicada en las condenas que afectan a sus hermanos varones. Begoña Ruiz-Mateos llegó a protagonizar cierta polémica interna familiar porque se distanció de sus hermanos. También existe otra hija reconocida más tarde, Adela Montes de Oca, nacida de una relación extramatrimonial del patriarca en Chicago; en 2017 un tribunal ordenó exhumar el cadáver de José María Ruiz-Mateos para confirmar su paternidad mediante ADN. A diferencia de sus hermanos varones, estas mujeres no están en prisión y, según fuentes, no han ocupado roles ejecutivos en el entramado empresarial familiar, aunque forman parte del legado genealógico del clan.
El papel esencial de Teresa Rivero en la vida personal y empresarial
Su mujer, Teresa, también ha tenido un papel fundamental en su vida. Tras la caída del imperio empresarial de su marido, se ha mantenido alejada del foco mediático y, según las informaciones disponibles, vive una vida discreta y fuera del primer plano social tras la muerte de José María en 2015. Fue en mayo de 2025 cuando la Audiencia Nacional dictó sentencia. Los seis hermanos varones —Álvaro, Zoilo, José María, Pablo, Francisco Javier y Alfonso Ruiz‑Mateos Rivero— fueron condenados a 7 años y 4 meses de prisión cada uno por estafa continuada, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes, como explican, en detalle, en RTVE.es. Estas condenas se derivan de la gestión fraudulenta de pagarés y la captación de fondos entre 2009 y 2011 para el grupo Nueva Rumasa, ocultando la insolvencia y perjudicando a miles de inversores.
Dentro del mismo juicio, también, recibieron condenas varias personalidades como José Ramón Romero —exdirector de la oficina de Nueva Rumasa en Jerez— a 6 años y 3 meses de prisión; Zoilo Pazos Jiménez —sobrino, administrador de sociedades del grupo— con 6 años y 5 meses de prisión y Ángel de Cabo, Fernando Juan Lavernia e Iván Losada fueron condenados a penas menores por delito de alzamiento de bienes. El patriarca de la familia, José María, en 2005, fue condenado por un delito de alzamiento de bienes en relación con la venta de un inmueble, y cumplió esta pena en 2007. En 1997 fue absuelto por la Audiencia Nacional de varios cargos de falsedad documental tras un largo proceso; el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional también se pronunciaron sobre otros aspectos de su caso, aunque sin condena penal definitiva por esos cargos.
Adela Montes de Oca, una hija a la que reconoció tarde

Además de las condenas, uno de los momentos más polémicos de Ruiz-Mateos fue el reconocimiento de su hija, Adela Montes de Oca. La joven es considerada legalmente la hija número 14 del empresario, fruto de una relación entre Ruiz‑Mateos y Patricia Montes de Oca, una mujer con quien el empresario mantuvo una relación hace décadas. Desde pequeña, Adela afirmaba saber que Ruiz‑Mateos era su padre biológico, pero durante muchos años no fue reconocida de forma pública ni legal por él mientras estaba vivo. La historia legal comenzó cuando Adela presentó una demanda de filiación para que se reconociera formalmente a Ruiz‑Mateos como su padre. Dado que el empresario no acudió a las citas para extraer muestras de ADN en vida pese a ser citado judicialmente, el proceso siguió adelante.
Finalmente, en abril de 2017, un juez ordenó la exhumación de los restos de Ruiz‑Mateos para practicar una prueba de ADN con el cadáver y cotejarlo con la muestra de Adela. Esta decisión se tomó incluso en contra de la negativa de los trece hijos reconocidos del empresario, que se opusieron a la exhumación y a realizar la prueba con su padre fallecido. La exhumación se llevó a cabo y el ADN confirmó que Ruiz‑Mateos era el padre de Adela. Esa prueba genética fue clave para fijar el reconocimiento judicial de su filiación. Tras la confirmación, Adela fue oficialmente reconocida como hija de José María Ruiz‑Mateos a efectos legales, aunque el propio empresario nunca lo hizo públicamente cuando vivía. Sí que es cierto que la relación con los otros trece hermanos nunca fue fluida ni afectiva: muchos de ellos no facilitaban pruebas, no aceptaron la exhumación sin resistencia y no la acogieron en la familia.
