La villa de María Castro más allá de 'La promesa' tiene el Parador más bonito e histórico de Vigo
La actriz se escapa, siempre que su agenda se lo permite, hasta esta pequeña localidad que le trae los mejores recuerdos

María Castro, en una imagen de archivo. | Gtres
María Castro, aunque reside, desde hace años, en Madrid, nunca se ha olvidado de sus raíces. La actriz de La promesa se ha mostrado, en varias ocasiones, muy orgullosa de la localidad de la que viene, una pequeña villa marinera de Pontevedra, a pocos metros de la playa y con un encanto inigualable. Es más, fue ahí donde María aprovechó para darse el ‘sí, quiero’ con el que ahora es su marido, José Manuel Villalba, en esta pequeña localidad, concretamente en su Parador, que es considerado uno de lo más bonitos de toda Galicia.
Bayona es una villa costera situada en la provincia de Pontevedra, en la comarca del Val Miñor, muy cerca de Vigo. La localidad es una de las bonitas e históricas de las Rías Bajas. Situada en el sur de Galicia, en la provincia de Pontevedra, Bayona se abre al océano Atlántico en la entrada de la ría de Vigo, formando parte de la comarca del Val Miñor junto con Nigrán y Gondomar. Su ubicación privilegiada, protegida por el monte Boi y con vistas directas a las islas Cíes, ha condicionado su historia y su carácter desde hace siglos.
La unión de María Castro con Bayona
Históricamente, Bayona ocupa un lugar único en la memoria europea. En marzo de 1493, la carabela La Pinta, capitaneada por Martín Alonso Pinzón, llegó a su puerto tras el primer viaje de Cristóbal Colón. Fue en Baiona donde, por primera vez en Europa, se tuvo noticia del descubrimiento de América. Este acontecimiento marca profundamente la identidad del pueblo y se conmemora cada año con la Festa da Arribada, una celebración multitudinaria que transforma el casco histórico en una villa medieval, con mercados, representaciones teatrales y recreaciones históricas que atraen a miles de visitantes.
Uno de los símbolos más reconocibles de Bayona es la fortaleza de Monterreal, hoy convertida en Parador Nacional. Este conjunto amurallado, que se adentra en el mar, data de la Edad Media y fue clave en la defensa de la costa frente a ataques piratas y flotas enemigas. Pasear por sus murallas es recorrer siglos de historia mientras se contemplan algunas de las mejores vistas del litoral gallego, con el océano abierto, las Cíes en el horizonte y el puerto pesquero a los pies.
Una villa marinera con un Parador amurallado
El casco antiguo de Baiona es pequeño pero muy auténtico. Sus calles empedradas, plazas recogidas y casas tradicionales reflejan la vida marinera de generaciones. La iglesia de Santa María, de origen románico, y el Cristo de la Misericordia son puntos destacados, al igual que el ambiente tranquilo que se respira fuera de la temporada alta. A diferencia de otras localidades más masificadas, Baiona conserva un equilibrio entre turismo y vida local.
El mar define también su economía y gastronomía. El puerto sigue siendo un espacio vivo, con actividad pesquera y náutica, y la cocina local gira en torno al producto fresco: mariscos, pescados del día, pulpo, navajas, mejillones y percebes, acompañados de vinos albariño de la zona. Comer en Baiona es, en muchos sentidos, una forma de entender Galicia. En cuanto a su entorno natural, Baiona cuenta con playas muy variadas, desde pequeñas calas urbanas como Ribeira o Barbeira hasta extensos arenales como A Ladeira, ideales tanto para el baño como para pasear. El monte Boi y los alrededores ofrecen rutas sencillas desde las que se obtienen vistas panorámicas espectaculares del litoral.
María Castro es viguesa, nacida y criada en una de las ciudades más importantes de Galicia, pero su figura pública representa a una generación de gallegos y gallegas que han sabido llevar la identidad gallega más allá de su territorio, sin romper nunca el vínculo con su tierra. En ese sentido, Bayona funciona como un símbolo perfecto de esa Galicia que María Castro encarna: atlántica, histórica, orgullosa de sus raíces y, al mismo tiempo, abierta al mundo.
Bayona es uno de los lugares donde Galicia se proyecta hacia fuera. Fue puerto de llegada de noticias que cambiaron la historia, frontera entre lo local y lo global, entre la tradición y el contacto con otros mundos. María Castro, desde la interpretación, cumple un papel parecido: es una actriz presente en grandes producciones nacionales, pero que no renuncia a su acento, a su origen ni a su identidad gallega, algo que ella misma ha reivindicado en numerosas ocasiones. Esa fidelidad a la raíz conecta directamente con pueblos como Baiona, que han sabido modernizarse sin perder su esencia. En más de una ocasión, María ha compartido imágenes de su unión con Bayona, apuntando a que se ha convertido en uno de los lugares más visitados.

Además, Bayona y Vigo —la ciudad natal de María Castro— están unidas geográfica y culturalmente. Comparten costa, ría, historia marítima, formas de hablar y de vivir. No se entienden como espacios aislados, sino como partes de un mismo paisaje humano y emocional. Por eso, aunque María Castro no sea de Bayona, podría serlo sin desentonar, porque representa el mismo carácter: cercanía, fortaleza, sensibilidad y una relación muy íntima con el mar y con Galicia. Es por eso que, cada vez que tiene oportunidad, la actriz de La promesa se traslada hasta Bayona, donde coincide con sus padres, quienes pasan tiempo, también, con sus nietas.
«Bayona es mi niñez, libertad y vacaciones eternas»
En una entrevista con ¡Hola!, hace años, María confesó que para ella, Bayona significa «niñez, libertad, vacaciones eternas y relojes en el cajón». Además, suele visitar la villa de forma frecuente. «La primera vez que estuve ahí fue en la barriga de mi madre y fue nacer y no poder pasar ni un verano sin visitarla», explicó. Lo que más le gusta, sin duda, es su «paisaje, su gente, las calles empedradas, los montes de alrededor y perderme en ella». Sobre sus planes favoritos, María contó que, con el paso del tiempo y al convertirse en madre, tampoco han cambiado mucho. «Si algo funciona y es genial, para qué cambiar: playita, helados Gamela, paseos al centro de la villa, la vuelta al Parador, las bicis por el paseo marítimo hasta Panjón o Playa América, excursiones al monte, visita obligada a las islas Cíes y familia, mucha familia», apostilló a la mencionada revista.

Es más, cuando llega a Bayona, a la actriz le gusta descalzase y «pisar la arena de la playa». Además, no puede faltar su visita a las islas Cíes, donde celebró «su reboda de ‘queixiño’ y pulpo de la tierra y un paraíso natural de una belleza inigualable». Sobre la comida, María no puede dejar de probar «los gofres de Cerchas, que ya no están, pero me siguen quedando los helados de la Gamela, que son intocables. También, la auténtica empanada gallega de maíz y zamburiñas y las zamburiñas a la plancha, que son un manjar de dioses».
