Analizamos el gesto más controvertido de Ana Obregón: del vídeo con IA a la retirada de Anita
Tras las críticas, la actriz marca un punto final a la presencia pública de Anita. Hablamos con una psicóloga

Ana Obregón | Gtres
La presencia pública de Anita, la hija-nieta de Ana Obregón, ha sido uno de los asuntos más comentados y controvertidos de los últimos meses. Desde su nacimiento, en marzo de 2023, mediante gestación subrogada, la menor ha protagonizado numerosas portadas de revistas y publicaciones en redes sociales que han generado un intenso debate sobre los límites de la exposición mediática y, sobre todo, sobre los derechos de imagen de la menor.
Ante las críticas y la presión social, la actriz ha decidido poner fin a la aparición de la niña en revistas y medios de comunicación. Una decisión que, según ha explicado, no responde a la polémica ni a las opiniones externas, sino a una determinación personal tomada con antelación y pensada exclusivamente en el bienestar de la menor.
Ana Obregón reconoce que ha expuesto demasiado a su hija-nieta
Ana Obregón contó esta determinación en ¡De viernes!. La actriz admitió desde el inicio que pudo haberse excedido en la exposición de la menor. «La niña era muy bebé. Todas las influencers sacan a sus hijas, las actrices… Las influencers tienen un trabajo, pero yo es mi trabajo, yo no soy influencer. Pero, sí, puede ser excesivo, tenéis razón. Era un exceso de compartir un poquito de felicidad. Por eso ya lo he dicho, no hay más fotos de Anita en ninguna revista», reconoció, anunciando así un cambio claro en su postura y pocos días después de salir al mercado su portada en ¡Hola! con su hija-nieta, con la que posaba en numerosas fotos:
«En 2026 se acaban las fotos de Anita»
La presentadora explicó además que esta decisión no es improvisada y que llevaba tiempo marcada en su calendario personal. «Siempre he dicho, en el año 2026, se acababan las fotos, no hay más. Y las redes sociales, la compartiré de espaldas… Pero lo que no quiero es que se vea su cara», afirmó.
Ana Obregón insistió en que la retirada de la menor de las portadas responde únicamente a una decisión personal y no a la presión externa. «Y ya no va a estar más en las portadas, porque la puede perjudicar, no por las críticas, sino porque lo he decidido yo. Yo soy dueña y tengo el derecho hacer con mi hija, con mi nieta, lo que me salga. Entiendo el debate, pero por eso a partir de ya se acabaron las sesiones de fotos», reiteró con firmeza.
¿Por qué ha estado exponiendo tanto a la niña?
Durante la conversación, la actriz explicó sin rodeos el motivo que la llevó a aceptar esa exposición mediática continuada. «Esta niña tiene que comer. Y yo no tengo a nadie y tengo que trabajar y para trabajar tengo que dejar a la niña. Quiero trabajar menos que lo que hice con mi hijo, que es lo único que me arrepiento en mi vida. Esto lo he hecho por dinero porque no estoy forrada para nada», confesó al ser preguntada directamente.
También quiso contextualizar su situación personal y económica tras más de cuatro décadas de trayectoria profesional. «Llevo 44 años trabajando sin parar, que es mucho. He tenido muchos gastos, muchísimos. (…) Me he gastado un dineral con la enfermedad de mi hijo, los 100 mil euros del libro de Aless los doné enteros a su fundación…», detalló.
Por último, Ana Obregón aclaró que, aunque sigue recibiendo propuestas laborales, ha optado por reducir su ritmo de trabajo. «Yo lo hago porque me apetece y estoy rechazando muchos trabajos. Tengo ayuda, claro. Todo va a una cuenta directa para la niña. Yo las cosas no las hago a lo loco, soy consciente de la edad que tengo, de que no voy a estar ahí para siempre y yo le quiero dejar a Anita un legado económico», concluyó.
El polémico vídeo de su hijo, fallecido, y su hija-nieta hecho con inteligencia artificial
Ana Obregón también abordó en la entrevista difusión de un vídeo creado con inteligencia artificial en el que se recreaba un abrazo entre su hijo fallecido, Aless Lequio, y su hija-nieta, Anita (nacida del esperma de Aless). Las imágenes, que la actriz publicó durante un breve espacio de tiempo en Instagram el pasado 7 de enero antes de eliminarlas, abrieron un intenso debate público sobre el uso de la tecnología en el duelo y la exposición del dolor en redes sociales.

La actriz explicó que el vídeo no fue fruto de una idea planificada ni de una iniciativa personal, sino de un impulso emocional tras recibirlo de otra persona. «Cuando lo veo me pongo a llorar mucho porque, ¿quién no ha soñado que un ser querido viene y te abraza?», relató. Antes de hacerlo público, decidió enseñárselo a su hermana Celia, quien se puso a llorar de la emoción.
Movida por ello, Ana Obregón publicó el vídeo de inmediato, aunque lo retiró poco después ante la avalancha de críticas. No obstante, quiso dejar claro que la decisión de borrarlo no estuvo motivada por las críticas. «Yo no lo he retirado por eso», recalcó, afirmando que lo quitó por todos los comentarios que le hacían al respecto en su perfil de Instagram.
¿Esto es normal? Habla una psicóloga
La historia de Ana Obregón es, sin duda, curiosa, pero lo del vídeo hecho con IA ha impactado a muchos. Por ello en THE OBJECTIVE nos hemos puesto en contacto con Carmen Durang, psicóloga terapeuta neurohumanista.
«No estamos ante un acto de locura, ni de desequilibrio, ni de negación patológica de la realidad. Estamos ante algo mucho más simple y mucho más humano: una imagen mental de amor que encuentra una forma de expresarse. La inteligencia artificial, hoy por hoy, solo supera a la realidad en un punto muy concreto: materializar lo que vive en nuestra mente y en nuestro pensamiento. No crea alma ni suplanta vínculos, tampoco sustituye la pérdida. Simplemente da forma a lo que ya existe dentro», afirma.

Criticar este gesto como si fuera una amenaza psicológica «dice más de quien critica que de quien lo hace. Porque si algo no daña la psique es saber distinguir perfectamente entre lo real y lo simbólico. Y Ana Obregón lo sabe. No ha confundido a su hijo con un holograma ni ha negado su muerte. Ha honrado su memoria desde el amor, no desde la fantasía delirante».
Durang asegura que le resulta curioso el doble rasero: «Vivimos rodeados de filtros, cuerpos irreales, sonrisas impostadas y narrativas falsas que se exhiben a diario para gustar, vender o manipular. Eso apenas se cuestiona. Sin embargo, cuando alguien reconoce que lo que muestra no es real y aun así lo comparte desde el vínculo, aparece la indignación moral. No es la irrealidad lo que molesta. Es la verdad emocional que incomoda».
«Desde la psicología sabemos que los rituales simbólicos no enferman, sino que ordenan, integran y dan sentido. Llevar flores a una tumba no devuelve la vida a nadie. Nadie las ve ni las huele. Y, sin embargo, nadie lo llama locura. Porque no es para el muerto. Es para el vivo, el vínculo y para el recuerdo. La física, la neurociencia y la psicología coinciden en algo esencial: el ser humano no solo habita la realidad objetiva, también la realidad simbólica. Crear imágenes internas, evocarlas, darles forma, es parte de nuestra capacidad de conciencia. Cuando ese acto no busca engañar, lucrarse ni manipular, sino amar y honrar, no hay daño. Hay humanidad», añade.
La psicóloga apunta que Ana Obregón, por tanto, «no ha usado la inteligencia artificial para falsear, ni para convencer, ni para borrar la pérdida. Lo ha hecho desde un lugar profundamente humano. Y eso, lejos de asustar, debería recordarnos algo básico que estamos perdiendo: no todo lo que no entendemos es patológico, y no todo lo que duele necesita ser censurado. Quizá lo verdaderamente inquietante no sea el vídeo que se ha borrado, sino la facilidad con la que juzgamos el dolor ajeno cuando no se parece al nuestro».
«El cerebro humano utiliza de forma natural la simulación mental y la visualización para procesar experiencias complejas, especialmente aquellas vinculadas al vínculo y la pérdida. Las imágenes internas activan circuitos neuronales similares a los de la experiencia real, sin que eso implique confusión ni pérdida de contacto con la realidad. No se trata de negar lo ocurrido, sino de darle un lugar que permita seguir adelante. El cerebro no enferma por representar simbólicamente; enferma cuando no puede elaborar», apunta.
En este sentido, «la inteligencia artificial actúa solo como un medio para materializar una imagen que ya existía en la mente, no como una sustitución de la realidad. No estamos ante un acto terapéutico deliberado, sino ante una expresión sana de una persona consciente, que distingue lo real de lo simbólico y actúa desde el amor».
