El barrio donde vive Rita Maestre está de moda: «Es como un pueblo dentro de Madrid»
La política madrileña reside en una de las zonas más icónicas y obreras de la capital junto a su marido y sus dos hijas

Rita Maestre, en una imagen de archivo. | Gtres
Rita Maestre nació y se crio en Madrid, una ciudad que le ha influido siempre a la hora de construir sus valores. La capital se ha convertido, también, en su modo de trabajo y donde ha formado una familia junto a su marido y sus dos hijas. Aunque siempre ha intentado ser una persona discreto, en cuanto a su vida personal, lo cierto es que, en su casa, la fina línea entre su lado profesional e íntima, en ocasiones, se difumina. Es por eso que, en infinidad de ocasiones, la política de Más Madrid no ha tenido problema en hablar del barrio en el que vive, que se ha convertido en el nuevo refugio de artistas y está más de moda que nunca.
«Me hace gracia cuando dicen que Carabanchel es el nuevo Brooklyn. Carabanchel es Carabanchel, un barrio obrero de toda la vida. Está genial que vengan artistas, pero lo que queremos es que las tiendas de barrio sigan ahí y que los alquileres no nos echen a los vecinos», contó en una ocasión. Además, entre sus calles también tiene un lugar favorito: la Colonia del Tercio Terol. «Mi sitio favorito es el Tercio Terol. Es como un pueblo dentro de Madrid. Ir allí a tomarse una caña es como salir de la ciudad, tiene esa luz y esa calma que no encuentras en el centro», explicó.
El barrio donde vive Rita Maestre es el nuevo «place to be»
Carabanchel es hoy mucho más que un distrito del sur de Madrid; es un ecosistema donde conviven la solera castiza con la vanguardia artística más efervescente de la capital. A continuación, te detallo su historia y las razones que lo han convertido en el «place to be» madrileño. La historia de Carabanchel es sorprendentemente antigua. Ya en 1181 se le mencionaba en documentos como la «Dulce Perla», y ha sido cuna de figuras clave como San Isidro Labrador, patrón de Madrid, quien vivió y trabajó en sus tierras en el siglo XII. Durante los siglos XVIII y XIX, fue el destino favorito de la aristocracia y la realeza —como la reina María Cristina o la emperatriz Eugenia de Montijo— para construir sus «quintas» o fincas de recreo, gracias a su aire sano y sus manantiales.
Hasta 1948, Carabanchel Bajo y Carabanchel Alto eran dos municipios independientes que terminaron anexionándose a Madrid. Tras la Guerra Civil, el barrio se transformó radicalmente. Se convirtió en el corazón industrial de la capital —con fábricas míticas como la de Isocarros— y en el destino de miles de trabajadores que llegaban a Madrid. Durante décadas, su nombre estuvo marcado por l Cárcel de Carabanchel, símbolo de la represión franquista y punto de lucha social hasta su demolición en 2008. En los últimos años, Carabanchel ha vivido una metamorfosis que lo ha llevado a ser nombrado en 2023 como el tercer mejor barrio del mundo por la revista Time Out.
Carabanchel, el tercer mejor barrio del mundo
Ante los altos precios del centro (Malasaña o Lavapiés), cientos de artistas, arquitectos y diseñadores se han mudado a Carabanchel. Han transformado antiguas naves industriales e imprentas abandonadas en estudios de creación y galerías de arte de primer nivel. Espacios como la Nave Oporto o la galería VETA —la más grande de Madrid— han creado una escena cultural joven y vibrante. A diferencia de otras zonas «turistificadas», Carabanchel conserva su esencia. Es posible encontrar una galería de arte vanguardista junto a una taberna de toda la vida donde sirven gallinejas y entresijos. Esa mezcla de «modernos» y vecinos de toda la vida es lo que le da su encanto actual.
El «Brooklyn madrileño» Muchos lo comparan con el barrio neoyorquino por su ubicación al otro lado del río (el Manzanares) y su carácter industrial reconvertido. La apertura de Madrid Río ha facilitado enormemente la conexión a pie con el centro, rompiendo la barrera psicológica que antes aislaba al sur. El barrio se ha llenado de cafés de especialidad, cervecerías artesanales (como Patanel) y espacios híbridos que han revitalizado la vida social, atrayendo a un público joven que busca una vida de barrio real pero con una oferta cultural moderna. Sobre su vida en el barrio, Rita ha expresado que es «una vecina más». «Me gusta que en mi barrio nos miremos a la cara. Hay una red de apoyo que en los barrios ricos del centro o del norte no existe, y eso no lo cambio por nada», explicó.
«Me gusta que en mi barrio nos miremos a la cara»
Rita Maestre ha hecho de su vida en Carabanchel una seña de identidad personal y política, describiendo su rutina en el barrio no como una pose, sino como un ejercicio de realismo que la mantiene conectada con la ciudad. Para Maestre, vivir en Carabanchel es una forma de evitar la «burbuja institucional» de la política madrileña. Defiende, también, el comercio de proximidad y suele mencionar que «bajar a comprar el pan» o ir al mercado local es su forma de tomar el pulso a las preocupaciones reales de los vecinos. Su vivienda, como contaron desde Vanitatis, en una entrevista que le hicieron, se encuentra en una zona residencial y, además, por las imágenes que se compartieron de ese reportaje se trata de una casa moderna, en la que tanto la política, como su marido, Manu, hacen vida.

Rita Maestre nació a finales de los años 80 en una familia de clase media en el barrio de Ventas. Su madre, Marisa, trabajó como adjunta al departamento de Contratación en el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, y su progenitor, Luis, ejerció varios cargos dentro del área de Hacienda. Por su parte, su marido, Manu, es coordinador editorial en Lengua de Trapo/Círculo de Bellas Artes. Hace unos años, ambos dieron la bienvenida a su primera hija en común, una niña a la que llamaron Jana. Hace unos meses nació su segunda hija, de quien, por el momento, no han confirmado su nombre.
La política de Más Madrid estudió en el Liceo Italiano y posteriormente se licenció en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Complutense de Madrid. Durante su etapa universitaria fue una activista muy implicada, formando parte de colectivos como la asociación Contrapoder y participando activamente en el movimiento estudiantil contra el Plan Bolonia y en el 15M. Antes de dedicarse plenamente a la política institucional, desempeñó diversos trabajos como dependienta en unos grandes almacenes, encuestadora para el Metro de Madrid o traductora de textos para la Universidad de Bolonia.
