El día que Marc Giró dejó de beber alcohol: «Ser abstemio me ayuda a gestionar el éxito»
El nuevo fichaje de La Sexta decidió dejar de beber alcohol cuando contrajo covid y quiso centrarse en su salud

Marc Giró, en una imagen de archivo. | Gtres
Marc Giró no bebe desde hace más de cinco años. El presentador y nuevo fichaje de La Sexta decidió dejar de tomar alcohol cuando se contagió de Covid, lo que marcó un antes y un después en su vida e hizo que se replanteara muchas cosas. «Yo me encontraba muy mal. Me dolía el hígado, estaba inflamado. Tenía unas resacas que me engañaban: cuando me puse enfermo de la neumonía, pensaba que era resaca», contó, hace un tiempo, en una entrevista. Además, admitió que en «este país» estamos «todos alcoholizados». «Si no bebes, parece que seas un enfermo o un exalcohólico rehabilitado. Pues no, soy abstemio y lo digo con orgullo», apostilló, dejando claro que su decisión no era momentánea sino algo a largo plazo.
Además, su gusto por el alcohol se unió a su TDAH —algo con lo que convive desde hace mucho tiempo—. «Yo tengo TDAH y el alcohol es un vasodepresor. Me ayudaba a rebajar. Pero llega un momento en que si me dejo ir demasiado, sé que no volveré. Ser abstemio me ayuda a gestionar el éxito con la cabeza un poco más fría», añadió. Además, reconoció que «lo mejor de no beber» es que «cuando vas a una fiesta te enteras de todo». «Ves cómo los demás se van degradando poco a poco y tú te mantienes intacto. Es una posición de poder maravillosa», contó.
Por qué Marc Giró dejó de beber alcohol

Lo cierto es que, como hemos visto, el proceso de Marc Giró hacia la abstemia no fue el resultado de una terapia convencional o un plan meditado, sino una consecuencia drástica de un problema de salud que lo puso en jaque. A finales de 2021, el presentador contrajo una variante agresiva de covid que derivó en una neumonía bilateral. Esta complicación le obligó a permanecer ingresado en un hospital durante quince días, un periodo de aislamiento total donde, por pura necesidad médica y falta de acceso, el alcohol desapareció de su rutina por primera vez en décadas.
Durante esos días de convalecencia, Giró experimentó una revelación involuntaria. Al estar físicamente al límite, se dio cuenta de que muchas de las señales que su cuerpo le enviaba meses atrás —como el dolor punzante en el hígado o una inflamación generalizada— habían sido ignoradas o confundidas con simples resacas. Al salir del hospital, con los pulmones aún recuperándose pero el organismo limpio de sustancias, se planteó una pregunta que cambiaría su estilo de vida: «¿Y si no vuelvo a beber nunca más?».
«¿Y si no vuelvo a beber nunca más?»
Esa decisión, que empezó como un experimento tras el susto médico, se consolidó al analizar su relación histórica con la bebida. Marc ha confesado que bebía de forma social y constante desde los 18 años, utilizando el alcohol como un «vasodepresor» para calmar su hiperactividad. Al padecer TDAH, la bebida funcionaba como una herramienta para bajar revoluciones y encajar en entornos sociales, pero con el tiempo esa automedicación se había vuelto físicamente insostenible y mentalmente agotadora. Uno de los pilares de su nueva vida como abstemio es la gestión de la lucidez. El presentador ha explicado con su ironía habitual que, al dejar el alcohol, ha descubierto el «placer de enterarse de todo». Describe las fiestas actuales como laboratorios de observación donde ve cómo el entorno se va degradando mientras él mantiene el control absoluto de sus palabras y actos. Para él, esta «posición de poder» y la ausencia de lagunas mentales al día siguiente compensan con creces cualquier euforia pasajera que el alcohol pudiera otorgarle.

A nivel emocional, Giró defiende que el alcohol «falsea» los sentimientos. En sus propias palabras, cuando bebía, las alegrías eran de plástico y las tristezas eran inducidas por la ginebra. Al eliminar la sustancia, ha aprendido a transitar por sus emociones reales, por incómodas que sean. Esta autenticidad le ha permitido afrontar su éxito profesional actual —con una exposición mediática altísima— desde una estabilidad mental que antes no poseía, evitando que la euforia del trabajo se descontrole.
Finalmente, Marc Giró se ha convertido en una voz pública contra la presión social que obliga a beber. Critica abiertamente la cultura mediterránea por estar, según él, «alcoholizada de forma normalizada» y por estigmatizar a quien rechaza una copa. Hoy, se declara «orgullosamente abstemio», no desde la posición de un rehabilitado en la sombra, sino como alguien que ha elegido la sobriedad para vivir una vida más despierta, más desinflada físicamente y, sobre todo, mucho más honesta consigo mismo.
Su estilo de vida entre la sofisticación y el ‘pijerío’
Lo cierto es que el alcohol, además, no entra en el tipo de estilo de vida que ha llevado siempre Marc Giró, en el que combina la sofisticación barcelonesa con una sencillez radical que ha adoptado en los últimos años. Se define a menudo como un «pijo de izquierdas», moviéndose entre ambientes exclusivos y una mentalidad muy pragmática. Marc vive en Barcelona junto a su marido, el también periodista y productor Santi Villas, con quien lleva más de 25 años de relación. Su vínculo es tan estrecho que Santi es el director de su programa, Late xou. Giró bromea a menudo diciendo que él es solo «una asalariada» de su marido: llega al plató, hace lo que Santi le dice y se marcha, delegando en él toda la gestión y el control creativo.

Lejos de los focos, su gran pasión son los caballos. Es socio del Real Club de Polo de Barcelona, un entorno donde se siente cómodo y que rompe con la imagen de presentador urbano y frenético. Tanto él como su marido son grandes aficionados a la equitación; de hecho, en su círculo familiar —que incluye a su cuñada Thais Villas y a Òscar Dalmau—, los caballos y los perros son protagonistas constantes de sus momentos de ocio. A pesar de su energía desbordante frente a la cámara —vinculada a su TDAH—, en su vida privada prefiere la calma. No le gusta el deporte tradicional y, además, prefiere quedarse en casa leyendo o simplemente «sin moverse demasiado». Su casa en Barcelona es un reflejo de su personalidad: ecléctica, llena de libros y objetos curiosos —como una figura de E.T. en su dormitorio—, diseñada para ser habitada y no solo mostrada. Convive con sus perros, Leo y Terry, que son una parte fundamental de su núcleo familiar.
Como antiguo editor de moda —estuvo años en la revista Marie Claire—, Marc cuida mucho su imagen, aunque con un enfoque práctico. Confiesa que ahora se cuida más la piel que antes, utilizando «cremas buenas», bromeando con que él es de la generación que solo usaba Nivea pero que, gracias a la influencia de su entorno, ha aprendido a prestar atención al autocuidado. Como decíamos, desde que dejó el alcohol, su vida social ha cambiado. No ha dejado de ir a fiestas o eventos, pero ahora los vive desde la observación. Disfruta de la «posición de poder» que le da estar sobrio mientras los demás pierden el control, y valora por encima de todo despertarse cada día con la mente despejada y sin la inflamación física que sufría anteriormente.
