El salón rural de Alba Carrillo en su casita de Ávila tiene la chimenea ideal para los días de frío
La televisiva se compró, hace unos años, una vivienda de pueblo en la pequeña localidad de Nava del Barco

Alba Carrillo, en una imagen de archivo. | Gtres
Alba Carrillo es uno de los rostros más conocidos de la televisión. La colaboradora y la que fuera concursante de El fin del mundo es madrileña de pura cepa pero, siempre que puede, aprovecha para escaparse hasta su pueblo, situado en Ávila y que hace las delicias de todas aquellas personas que busquen un poco de paz y un lugar rodeado de naturaleza. Allí se compró una bonita casa rural que, sin duda alguna, es uno de los retiros más especiales y a donde suele escaparse durante la temporada estival. Lo hace, además, junto a su madre, Lucía, y su hijo pequeño, Lucas.
La casa de Alba Carrillo en su pueblo es uno de sus proyectos más personales y un auténtico refugio de desconexión. Se encuentra e Nava del Barco, una pequeña localidad de apenas 80 habitantes en la provincia de Ávila, situada en plena Sierra de Gredos. Este lugar es conocido como la «Suiza de Ávila», como ya contamos en THE OBJECTIVE, por sus paisajes montañosos y sus praderas verdes, y tiene un significado especial para ella porque es el pueblo de su abuela, donde pasó los veranos de su infancia.
La casita de pueblo de Alba Carrillo en Ávila
A diferencia del estilo más cosmopolita de su casa en Madrid, su vivienda en el pueblo apuesta por el concepto rústico-moderno. La casa está situada estratégicamente cerca del río Tormes. Fue adquirida en 2020 y reformada casi por completo para adaptarla a sus necesidades. Alba suele referirse a este lugar como su «escondite», el sitio donde realmente logra descansar de la presión mediática de la capital. Una de las zonas mejor valoradas, como nos ha enseñado Alba a través de las redes sociales, es el salón. Allí se combinan muebles de madera con electrodomésticos modernos. Destaca una gran mesa de madera maciza acompañada de sillas tapizadas en terciopelo de colores vibrantes (mostaza y malva), rompiendo con la neutralidad del resto de la casa.
Además, cuenta con detalles únicos con una zona de escaleras con una decoración muy particular que incluye una figura de una jirafa, demostrando su gusto por los elementos eclécticos y divertidos. La casa está llena de recuerdos familiares y manualidades. Alba es aficionada a la técnica del decoupage y a restaurar pequeños objetos, por lo que muchos rincones tienen ese toque artesanal. Además, la vivienda cuenta con un jardín exterior donde suele organizar barbacoas y comidas al aire libre con su hijo Lucas y sus padres.
Una cocina que inspira paz y con un minimalismo rural
Además de la cocina, el salón también es otro de los lugares más importantes y se ha convertido en la máxima expresión de lo que ella denomina su «refugio de paz». Redactado bajo un concepto de minimalismo rural, este espacio ha sido diseñado para romper con el ruido de la televisión y la gran ciudad, apostando por una atmósfera donde impera la luz natural y la calidez de los materiales nobles. Al entrar, lo primero que cautiva es la sensación de amplitud, lograda gracias a unas paredes de un blanco impoluto que potencian la claridad que entra por los ventanales con vistas a la Sierra de Gredos.
El corazón indiscutible de la estancia es un sofá modular de dimensiones generosas en color arena. Esta pieza, dispuesta en forma de «L», no solo cumple una función estética, sino que está pensada para la vida familiar y las largas jornadas de lectura o descanso frente al fuego. Sobre él, Alba ha jugado con el contraste de texturas, utilizando cojines de terciopelo y mantas de lana que refuerzan ese estilo hygge o acogedor que busca el confort absoluto durante los gélidos inviernos abulenses. Un elemento que define la personalidad del salón es la chimenea de diseño contemporáneo. A diferencia de las chimeneas rústicas de piedra tradicionales en la zona, ella optó por un modelo de líneas rectas y acabado en negro mate que cuelga o se encastra con elegancia, aportando un toque urbano y sofisticado que moderniza todo el conjunto. El suelo, cubierto en gran parte por alfombras de estilo bereber con motivos geométricos sencillos, ayuda a delimitar la zona de descanso y aporta una pisada suave y térmica.
Su salón tiene chimenea, está decorado en fibras naturales y con alfombras de estilo bereber
La decoración se completa con una cuidada selección de muebles auxiliares que mezclan lo antiguo con lo nuevo. Destacan las mesas de centro de madera natural, que conservan las vetas y las imperfecciones de la madera bruta, aportando ese toque orgánico necesario en una casa de pueblo. En los rincones, se pueden observar detalles muy personales, como jarrones con flores silvestres recogidas del entorno y pequeñas piezas de artesanía que Alba misma ha restaurado, dándole al salón un alma única y vivida.
La iluminación ha sido tratada con mimo, huyendo de luces directas y frías. Se han dispuesto lámparas de pie con pantallas de fibras naturales (como el mimbre o el ratán) que proyectan una luz cálida y tamizada al atardecer, creando sombras suaves que invitan a la introspección. Además, las paredes no están saturadas; se ha preferido dejar espacios vacíos para mantener la sensación de orden y serenidad, permitiendo que la mirada descanse tanto dentro como fuera de la vivienda.
El pueblo que acoge el refugio de Alba Carrillo es Nava del Barco, una joya rural situada en el extremo suroccidental de la provincia de Ávila, casi en la frontera con Cáceres. Enclavado en la vertiente norte de la Sierra de Gredos, este municipio se encuentra a una altitud de unos 1.140 metros, lo que le otorga un aire puro y un clima de alta montaña que Alba suele definir como su medicina natural. Es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, con apenas 80 habitantes censados que viven rodeados de una naturaleza desbordante y salvaje.
La fisonomía de Nava del Barco es la típica de los pueblos serranos de Castilla, con calles estrechas y empinadas donde predomina la arquitectura tradicional en piedra y madera. Pasear por sus rincones es encontrarse con antiguas fuentes de agua cristalina y casas de muros anchos diseñadas para proteger del frío extremo. Sin embargo, lo que realmente hace especial a este enclave es su entorno hídrico; el pueblo está bañado por las aguas gélidas y transparentes de la Garganta de la Nava, que desciende directamente de las cumbres nevadas para unirse más tarde al río Tormes.
Socialmente, Nava del Barco conserva ese espíritu de comunidad que se ha perdido en las grandes ciudades. Es un lugar de tradiciones arraigadas, donde la vida gira en torno a la plaza, la iglesia de San Nicolás de Bari y las reuniones vecinales al aire libre durante los meses de verano. El silencio solo se ve interrumpido por el sonido de los cencerros del ganado o el correr del agua, creando un aislamiento acústico que resulta fundamental para la salud mental de quienes, como la colaboradora, viven bajo el foco constante de la opinión pública.
La gastronomía y los productos locales también definen la identidad del pueblo. Al estar en plena comarca de El Barco de Ávila, las legumbres —especialmente sus famosas judías— y las carnes de la zona son el sustento de una cocina contundente y honesta. Alba suele compartir en sus redes cómo disfruta de estos productos de proximidad, apoyando siempre el comercio local y la vida sencilla de los agricultores y ganaderos que mantienen vivo el pueblo a pesar de la despoblación que amenaza a la zona.
