La urbanización-búnker de Rocío Carrasco en Madrid no es La Finca, pero tiene mucho lujo
La hija de Rocío Jurado reside, junto a Fidel Albiac, a las afueras de la capital y tiene como vecina a Penélope Cruz

Rocío Carrasco, en una imagen de archivo. | Gtres
Rocío Carrasco siempre ha buscado proteger su intimidad. Es más, antes de que saliera a la luz su docuserie, Contar la verdad para seguir viva, eran poquísimos los datos que conocíamos sobre su vida. A partir de ese momento, la hija de Rocío Jurado comenzó a volcarse más con distintos proyectos en televisión. Es más, en los últimos días, ha sido una de las grandes protagonistas del último reality de TVE, Hasta el fin del mundo, donde participó junto a su inseparable, Anabel. Lo cierto es que ese blindaje de su vida personal también se ha permitido por el lugar donde vive, una urbanización exclusiva y con máxima seguridad, donde también residen otros rostros conocidos como los de Penélope Cruz, su hermana Mónica o Luis Tosar.
La urbanización Valdelagua está situada a unos 30 kilómetros de Madrid, en el municipio de San Agustín del Guadalix, este enclave es conocido como la «urbanización búnker», un título que se ha ganado por ser uno de los lugares con el control de acceso más estricto de toda España.
Valdelagua, la urbanización de Rocío Carrasco en Madrid que es como «un pueblo»

Lo que hace diferente a Valdelagua de lugares como La Moraleja o La Finca es su privacidad radical. A diferencia de la mayoría de urbanizaciones, las calles de Valdelagua no son públicas, sino propiedad de la comunidad de vecinos. Esto permite que el control de seguridad en la entrada sea absoluto: nadie que no sea residente o invitado expreso —previa autorización telefónica— puede cruzar la barrera. Los paparazzi tienen prohibido el acceso, lo que garantiza un anonimato casi total.
La vivienda donde reside la pareja se asienta sobre una generosa parcela de unos 2.000 metros cuadrados. No se trata de una mansión faraónica de diseño futurista, sino de un chalé de estilo funcional y cómodo que refleja su deseo de discreción. La propiedad cuenta con todas las comodidades para una vida autosuficiente: piscina privada, un amplio jardín con mucha vegetación para evitar miradas indiscretas y un gimnasio propio, lo que les permite pasar largas temporadas sin necesidad de salir del recinto. Aunque Rocío es muy celosa de su intimidad, a través de sus intervenciones televisivas se ha podido ver que el interior de su hogar destaca por la luminosidad. Predominan los tonos claros y neutros, con un salón presidido por grandes sofás y ventanales que dan al jardín. Es un espacio pensado para el refugio, decorado con recuerdos familiares y una atmósfera cálida que contrasta con el ruido mediático al que ha estado expuesta durante décadas.
La seguridad y ubicación son sus mayores atractivos
La seguridad es el mayor activo de la urbanización. Además de la garita de entrada con guardias de seguridad, el perímetro está protegido por un complejo sistema de cámaras de videovigilancia de última generación y patrullas que recorren las calles internas. Este nivel de protección es lo que convenció a Rocío Carrasco para establecerse allí, buscando un entorno donde sus hijos pudieran crecer —en su momento— lejos de los objetivos de las cámaras. Vivir en Valdelagua significa compartir comunidad con algunas de las estrellas más importantes del país que buscan, por encima de todo, que no se les moleste. Entre sus vecinos más ilustres se encuentran Penélope Cruz y Javier Bardem, Luis Tosar, Mónica Cruz o periodistas como Roberto Arce. También ha sido el lugar elegido por figuras políticas, como el expresidente mexicano Enrique Peña Nieto.

A pesar de su cercanía a la carretera de Burgos (A-1), la urbanización mantiene un aire rústico y natural, muy integrado con la Sierra Norte de Madrid. Las casas no están pegadas unas a otras, lo que genera una sensación de amplitud y silencio que solo se rompe por el sonido de la naturaleza. Es común ver a los vecinos paseando o haciendo deporte por las vías internas con total tranquilidad, algo impensable para ellos en el centro de la capital. Aunque la mayoría de los residentes hacen vida dentro de sus parcelas, Valdelagua cuenta con un Club Social exclusivo para socios. Este club dispone de restaurante, pistas de tenis, pádel y una piscina comunitaria. Es el único punto de encuentro social de la urbanización, aunque Rocío y Fidel suelen optar por la privacidad de su propio jardín en lugar de frecuentar las zonas comunes.
Qué le distancia de La Finca y La Moraleja
A diferencia de otras zonas donde los precios son astronómicos por el tamaño de las edificaciones, en Valdelagua se paga por la seguridad. Los chalets suelen oscilar entre los 600.000 y los 1,5 millones de euros, dependiendo de la reforma y el tamaño de la parcela. Los gastos de comunidad son elevados precisamente para sufragar el despliegue de seguridad privada, pero para sus residentes, el precio de vivir sin ser vistos merece cada euro invertido. La estética de Valdelagua es discreta y funcional. No verás mansiones de mármol blanco ni cristales infinitos. Predominan los chalets de ladrillo visto, cubiertas de teja y mucha piedra natural. Es una arquitectura que busca mimetizarse con el campo. Las parcelas son grandes (mínimo 2.000 m²), lo que permite que la vegetación sea la verdadera protagonista. Es «lujo silencioso» en estado puro.

La Finca es su polo opuesto. Dominada por el estilo de Joaquín Torres (A-cero), parece una ciudad de ciencia ficción. Predominan los volúmenes geométricos, el hormigón oscuro y las líneas rectas. Es una estética uniforme, impecable y algo fría, donde todo está perfectamente ordenado y las calles parecen sacadas de un render. Si lo comparamos con La Moraleja, al ser esta mucho más antigua, convives con mansiones de estilo clásico —tipo palacete francés—, casas de los años 70 y reformas ultra-modernas. Es visualmente más caótica pero con una solera que las otras no tienen.

Si La Finca es una «jaula de oro» y La Moraleja es un «barrio de élite», Valdelagua es un «pueblo privado».En muchas zonas de Valdelagua no hay aceras como tal, sino calles asfaltadas rodeadas de encinas y pinos. Esto refuerza la sensación de estar en pleno monte. Al no haber tráfico de paso (solo entran los vecinos), el silencio es absoluto. Para Rocío Carrasco, esto fue clave tras años de presión mediática; dentro de la barrera, el ruido desaparece. Existe un club social, pero no es un lugar de «ver y ser visto». Es un sitio donde los niños juegan con libertad y los vecinos se saludan de forma vecinal, no como celebridades. Mientras que en La Finca ves patrullas constantes y cámaras que parecen vigilarte a ti, en Valdelagua la seguridad es más discreta. Sabes que estás protegido por el control de entrada, pero no te sientes en una prisión de alta seguridad.
Valdelagua está más alejada (km 30 de la A-1) y más cerca de la Sierra Norte. Esto le da un clima un par de grados más fresco que Madrid y un aire mucho más puro. La Finca y La Moraleja están más integradas en la zona metropolitana, lo que las hace más cómodas para ir al centro, pero pierden ese carácter de «desconexión total» que tiene la casa de Rocío. Como decíamos, estos últimos meses han sido especialmente convulsos para la hija de Rocío Jurado. El proyecto más relevante de su etapa reciente ha sido su participación en el reality de RTVE Hasta el fin del mundo, estrenado en noviembre de 2025. Rocío pasó dos meses —entre agosto y octubre— grabando este formato en condiciones extremas, recorriendo más de 15.000 kilómetros por países como Costa Rica, Panamá, Colombia y Argentina.
