Entramos en La Granjilla, el bello plató natural de 'Sueños de libertad' que está lleno de estanques
La conocida serie de Antena 3 se ha grabado por distintos puntos de nuestra geografía, incluyendo Madrid y Toledo

Una imagen de 'Sueños de libertad'. | Antena 3
Sueños de libertad es uno de los proyectos más importantes que tienen dentro de Antena 3. La ficción se ha consagrado como una de las más vistas del canal de Atresmedia gracias al interés que hay por la trama. Y es que en la telenovela se combinan los enfrentamientos familiares y las historias de amor. Ambientada en 1958, la serie no es solo una historia de amor. Se centra en Begoña Montes —interpretada por Natalia Sánchez—, una mujer que vive atrapada en un matrimonio tóxico y opresivo con Jesús de la Reina —Alain Hernández—, quien abandono la ficción hace unos meses.
Begoña intenta huir de la violencia y el control de su marido, mientras se enamora de su cuñado, Andrés de la Reina (Dani Tatay). Todo gira en torno a Perfumerías de la Reina, una empresa líder en el sector donde las intrigas empresariales, los secretos familiares y la ambición por el poder son constantes. Sin duda alguna, el éxito de la serie reside en gran medida en sus protagonistas. Pero, también, en el uso realista de sus platós. El uso de La Quinta de Mirabel y La Granjilla le da un realismo y una profundidad que no se consigue en un plató de cartón-piedra.
La Granjilla, un espectacular plató natural en ‘Sueños de libertad’

La finca de La Granjilla de La Fresneda, situada en San Lorenzo de El Escorial (Madrid), es uno de los tesoros históricos y paisajísticos más importantes del siglo XVI en España. Aunque hoy es conocida por el gran público por ser el escenario de rodaje de la serie Sueños de Libertad, su origen está ligado a la figura del rey Felipe II. Fue construida entre 1561 y 1569, de forma simultánea al Monasterio de El Escorial. Felipe II quería un lugar de descanso más íntimo, con agua y vegetación, que contrastara con la sobriedad y la escala monumental del Monasterio. Fue diseñada por los arquitectos favoritos del rey: Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera.
El objetivo era crear un modelo de explotación agrícola, ganadera y de recreo inspirado en las villas renacentistas italianas y flamencas. El corazón de la finca es el palacio, que destaca por el claustro, que es una joya del estilo herreriano, con columnas de orden toscano. Es el espacio que más solemos ver en las series de época, ya que evoca una elegancia sobria y atemporal. Además, está construido principalmente en granito, siguiendo la estética austera típica de la arquitectura de la zona en esa época. Uno de los elementos más impresionantes es su sistema de agua. Felipe II, gran apasionado de la hidráulica, mandó construir cuatro estanques, que servían tanto para el riego como para la cría de peces y para el ocio del Rey —le gustaba navegar en pequeñas barcas—.

Los jardines están diseñados como un laberinto de vegetación y agua que hoy en día se conservan con un aire romántico y algo salvaje que los hace ideales para la televisión. Debido a que es una finca privada y ha estado muy bien conservada, se ha convertido en una localización estrella para el cine y la TV. Para Sueños de libertad, sus exteriores, sus patios y los accesos señoriales recrean el mundo de la familia De la Reina y el ambiente de los años 50. También ha servido de escenario para series como Águila roja o películas de época, gracias a que permite rodar sin elementos modernos que interfieran en el encuadre.
Una finca con historia, mucha vegetación y estanque
A diferencia del Monasterio de El Escorial, La Granjilla es una propiedad privada. Actualmente se explota para eventos de lujo, principalmente bodas y convenciones corporativas. Esto permite que el palacio y los jardines se mantengan en perfecto estado. No tiene un horario de visitas turísticas como un museo, por lo que la forma más común de verla por dentro (si no es en pantalla) es asistiendo a algún evento organizado allí. A pesar de su belleza, con la muerte de Felipe II la finca perdió importancia frente a otros Sitios Reales. Durante siglos fue objeto de ventas y herencias, hasta que en el siglo XIX pasó a manos privadas tras las desamortizaciones. Hoy pertenece a la familia de los duques de Medinaceli, quienes han preservado el espíritu original del lugar.
Hay zonas de la finca que se usan de forma estratégica. En la serie se utiliza el estanque para escenas de confidencias y paseos. Históricamente, se dice que Felipe II se sentaba allí a pescar para aliviar sus ataques de gota. La paz que transmite ese agua es real y ayuda a contrastar con el caos interno de los personajes. Por su parte, en los jardines se graban muchos encuentros furtivos entre Begoña y Andrés. La vegetación de La Granjilla no es la típica de un jardín francés podado; es más boscosa y natural, lo que le da un aire de «lugar escondido» ideal para las tramas de amor prohibido. También, otras estancias se han adaptado para simular zonas de descanso o reuniones fuera de la fábrica.

Aunque la serie sucede en Toledo, no siempre se graba en los puntos más turísticos —como el Alcázar— para evitar los elementos modernos. En el casco antiguo se usan callejones estrechos con muros de piedra y grandes portones de madera para simular las calles de 1958. Muchas de las escenas que vemos de campo abierto, bosques o senderos por los que los personajes montan a caballo o escapan, pertenecen a la zona de El Espinar. Es un paisaje de la Sierra de Guadarrama que ofrece una luz muy especial al atardecer, muy similar a la que habría en las afueras de Toledo, pero con una vegetación más frondosa que queda mejor en cámara. Aunque los exteriores son reales, la logística de una serie diaria obliga a tener un centro de operaciones. En Boadilla (Madrid) están construidos los interiores que vemos día tras día.
La elección de estos escenarios no es casual. El director de fotografía de la serie busca el «realismo estético». La piedra de granito de Madrid/Ávila/Segovia y el ladrillo toledano dan una paleta de colores ocres y grises que encajan con la moda de los años 50 —el «New Look» de Dior que inspiró la época—.
