Leonor y Sofía, en el funeral de Irene en Atenas: gesto serio, mucha conexión y de riguroso luto
La princesa y la infanta han acudido, a primera hora de la mañana, a la Catedral Metropolitana de Atenas

Leonor y Sofía, en una imagen de esta misma mañana. | Gtres
La princesa Leonor y la infanta Sofía han acudido, en esta mañana de lunes, al cementerio de Tatoi, a unos kilómetros de Atenas. La Familia del Rey le ha querido dar el último ‘adiós’ a la princesa Irene de Grecia, quien murió la pasada semana en Madrid. La mujer era muy querida por toda su familia, quienes decidieron no dejar de estar a su lado. Es más, hasta el último momento, Irene estuvo acompañada por la reina Sofía, quien ha vivido con gran dolor su muerte. Fue el pasado domingo, a primera hora de la tarde, cuando Leonor y Sofía llegaron a la capital helena acompañadas de sus primos, de sus padres, sus tías y de su abuela. Esta misma mañana, tanto la princesa como la infanta se han enfundado sendos abrigos negros. En el caso de la princesa, Leonor ha optado por llevar el pelo recogido, mientras que Sofía ha optado por dos pequeños moñetes a los lados.
Las dos se han enfundado sendos abrigos negros. La heredera del trono se ha decantado por un abrigo largo, en tonalidad oscura, abotonado y con una lazada. Ademas, se ha enfundado unos pantalones de pata ancha. Mientras tanto, su hermana Sofía ha elegido una bufanda para tapar su cuello que ha combinado con un abrigo de lazada y medias negras tupidas.
Leonor y Sofía, ejemplo de elegancia y sofisticación

Este pasado sábado, 17 de enero de 2026, la princesa Leonor y la infanta Sofía acompañaron a la Reina Sofía en el emotivo responso por su hermana, la princesa Irene de Grecia, en la Catedral Ortodoxa de Madrid. Ambas hermanas siguieron la línea de sobriedad y respeto marcada por la reina Letizia, pero aportando matices personales que definen sus estilos actuales. Leonor, que está asumiendo un rol institucional cada vez más maduro, optó por un conjunto que reflejaba serenidad y madurez. Lució un abrigo largo de color negro, de silueta ligeramente oversize pero muy estructurado, que incluía un cinturón del mismo tejido anudado para marcar la cintura. Este tipo de corte es un básico de armario que aporta mucha prestancia en actos fúnebres.

Además, optó por unos botines negros de tacón sensato, una elección muy práctica debido al frío y la lluvia que marcaron la jornada en Madrid. Lo más comentado no fue su ropa, sino su actitud; entró en la catedral del brazo de su abuela, la Reina Sofía, sirviéndole de apoyo físico y emocional en todo momento. Por su parte, la infanta Sofía, como suele ser habitual, se permitió un aire algo más moderno y relajado dentro del protocolo de luto. Llevó un abrigo de corte midi negro, pero lo llevó abierto, dejando ver un conjunto interior más dinámico compuesto por un jersey de punto fino y una chaqueta de vestir.
Al igual que su madre, eligió unos pantalones de vestir anchos —wide leg—, que son tendencia y le dan un aire más juvenil que el traje clásico. Fiel a su estilo habitual (y a su altura), prefirió la comodidad absoluta con unas bailarinas negras con detalle de lazo, evitando los tacones. Ambas hermanas llevaron el pelo suelto con ondas naturales y un maquillaje casi inexistente. La coordinación entre madre e hijas fue total, creando una imagen de bloque familiar de color negro que resaltaba el papel protagonista de la Reina Sofía en el adiós a su hermana. Además, las dos coincidieron con sus primos dentro de la capilla, donde se encontraba una Victoria Federica muy emocionada.
Quien ha causado baja ha sido el rey Juan Carlos, quien, por recomendación médica, no ha viajado hasta el país griego, al no poder realizar un viaje de tantas horas. Quien no faltó al acto fueron las infantas Cristina y Elena, así como Teresa Urquijo, su hermano Juan, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. También estuvo Irene de Urdangarin, quien coincidió con su ex, así como sus dos hermanos, Pablo y Miguel.
Una misa en la Catedral Metropolitana de Atenas y un entierro más íntimo
Este 19 de enero es el gran día de la despedida en Atenas. Tal y como sucedió con su hermano, el rey Constantino, hace justo tres años, la familia ha organizado una jornada que combina el adiós público en la capital con el entierro privado en el cementerio real. Desde primera hora de la mañana, el féretro de la princesa Irene ha estado expuesto en la capilla de Agios Eleftherios (San Eleuterio), una pequeña iglesia anexa a la Catedral Metropolitana. El féretro ha llegado cubierto con la bandera griega para que los ciudadanos atenienses pudieran darle su último adiós. La misa funeral se celebra en la Catedral Metropolitana de Atenas. Allí están tanto los Reyes, com sus hijas y, por supuesto, la reina Sofía que preside el duelo junto a su cuñada, la reina Ana María de Grecia, y sus sobrinos (Pablo, Nicolás, Felipe, Alexia y Teodora).
Tras la ceremonia en la catedral, el cortejo fúnebre se desplazará unos 30 km hacia el norte de la capital, al Palacio y Cementerio Real de Tatoi. Irene será enterrada en el recinto de las tumbas reales, donde ya reposan sus padres, los reyes Pablo y Federica, y su hermano Constantino. A diferencia del funeral en la catedral, el acto en Tatoi suele ser mucho más íntimo y estrictamente familiar, un momento para que doña Sofía y sus sobrinos den sepultura definitiva a la tía Pecu en el suelo donde crecieron. Anoche, como previa a este día tan intenso, toda la familia —incluyendo a las infantas Elena y Cristina con algunos de sus hijos– se reunió en una cena privada en un restaurante italiano del centro de Atenas para arropar a la reina Sofía en estas horas tan difíciles.
