Los guiños de la tía 'Pecu’ con su sobrina Irene: de su gran herencia al homenaje con su nombre
La hija de la infanta Cristina se ha mostrado muy triste por la muerte de la hermana de la reina, a quien estaba unida

Irene Urdangarin, durante el funeral en Atenas. | Gtres
Irene de Grecia murió hace algo menos de una semana en el palacio de La Zarzuela. La hermana de la reina Sofía dejó este mundo al lado de la mujer del rey Juan Carlos, quien no se separó de ella en ningún momento. Tampoco lo ha hecho en los últimos días, en unas jornadas en las que se ha homenajeado a la tía Pecu —como la conocían cariñosamente— tanto en España como en Grecia. El pasado lunes, la Familia del Rey al completo —con algunas ausencias— se trasladó hasta Atenas para el funeral y el entierro de la princesa. Allí, Irene Urdangarin tuvo un papel de lo más especial; llevó las insignias de su tía-abuela tras la misa y en el cementerio de Tatoi.
Lo cierto es que el protagonismo de Irene ha llamado especialmente la atención, teniendo en cuenta que siempre ha optado por un papel secundario. Y es que la fragilidad de la única hija de la infanta Cristina y, sobre todo, su tristeza por la muerte de la princesa Irene se fundamenta en la buenísima relación que mantenían ambas. Irene era ahijada de la hermana de la reina Sofía y es por eso que la mujer ha querido tener un detalle con la joven. Como confirman en ESDiario, la tía Pecu, antes de morir, dejó totalmente atada su herencia y, por ende, decidió que la mayoría de su patrimonio se lo quedara Urdangarin, en un último guiño con su ahijada.
Por qué había tanta buena relación entre Irene de Grecia e Irene Urdangarin

Y es que la princesa de Grecia no solamente era su madrina sino que, también, Irene recibió su nombre por la hermana de la reina, a quien siempre la infanta Cristina tuvo mucho cariño. En todos estos años, Irene de Grecia ha sido descrita como la tía abuela más querida y cercana para los hijos de las infantas Elena y Cristina. Aunque Irene Urdangarin ha vivido gran parte de su vida fuera de España —principalmente en Ginebra—, la conexión con su tía abuela, cariñosamente llamada tía Pecu —por «peculiar»—, se mantuvo sólida a través de encuentros familiares frecuentes.
No hay que olvidar que, hace un año, Irene decidió marcharse a Madrid para disfrutar de su año sabático. En su tiempo en la capital, la joven tuvo la oportunidad de pasar mucho tiempo junto a su tía-abuela, lo que hizo que se estrechara su relación. Esta convivencia, como decíamos, permitió que la joven estuviera muy presente en el día a día de su tía abuela, especialmente durante la etapa en la que la salud de la princesa era más delicada. En el funeral celebrado en Atenas y en el responso en Madrid en enero de 2026, Irene Urdangarin se mostró visiblemente afectada. Junto a su prima Victoria Federica, tuvo un papel activo en las ceremonias de despedida, lo que refleja el lugar destacado que ocupaba en su vida.
Lo cierto es que, en el homenaje que se celebró el pasado sábado, la más afectada fue la hija de la infanta Elena, quien se encontraba en la capilla de la Iglesia Ortodoxa de Madrid cuando su madre entró. Allí, Vic miraba hacia el suelo, con el rostro totalmente descompuesto y dejando ver, una vez más, que su relación con Irene de Grecia era especialmente estrecha. A la salida, se vio a la influencer junto a su prima, Irene Urdangarin, quien también estaba especialmente triste. Es más, las dos, junto a su primo Arístides, fueron los encargados de llevar las insignias de la princesa a la salida de la Catedral y de trasladarlas al entierro en el Cementerio de Tatoi.
Su nombre en su honor y los guiños que ha tenido con ella

Y lo cierto es que estas muestras de cariño hacia la princesa Irene también se la dieron en vida. Además de Vic e Irene, tanto la princesa Leonor como la infanta Sofía han vivido muchos momentos junto a su tía-abuela. Es más, en varias ocasiones, hemos podido ver como las dos hijas de los Reyes llevaban la silla de ruedas de la princesa, durante sus veranos en Marivent. Además, tanto ellas como su abuela e Irene residen en Zarzuela, por lo que siempre ha sido especialmente visitarlas. Como cuentan en ESDiario, el deseo de Irene habría sido el de apartar tanto a Leonor como a Sofía de su herencia y dejárselo a Irene Urdangarin. Una decisión que puede entenderse como miembros de la Familia Real. Y es que hay que tener en cuenta que tanto la infanta como la princesa suelen rechazar las herencias y los regalos que les hacen —como ya pasó con el palacete que le dejaron en Menorca—.
Pero ¿qué incluye la herencia de Irene de Grecia, teniendo en cuenta que fue una persona muy solidaria? A lo largo de los años, Irene de Grecia se desprendió de gran parte de su patrimonio. Por ejemplo, en 2003 donó los 900.000 dólares que recibió como indemnización por la expropiación de bienes de la familia real griega a su fundación, Mundo en Armonía. Esta organización, que presidió durante 37 años, cesó sus actividades a finales de 2023 debido a su delicado estado de salud. El patrimonio restante consiste principalmente en un histórico joyero. Entre las piezas destacan la tiara de círculos —o más conocida como la tiara de la reina Sofía de Prusia—, así como un colgante —con una gran gema en forma de pera y rodeada de diamantes y diversos collares de perlas y broches —uno de ellos lo llevaba Irene Urdangarin en su funeral y entierro—. Se especula con que algunas de estas piezas podrían acabar integrándose en el joyero de la Familia Real española dada su vinculación con la reina Sofía.

Hay que tener en cuenta que, durante toda su carrera profesional, Irene de Grecia dedicó gran parte de sus esfuerzos, tanto personales como económicos, a cuidar a otros. La tía Pecu nunca tuvo un interés real por acumular dinero y, de hecho, a lo largo de su vida se deshizo de casi toda su fortuna personal. Sin embargo, tuvo varias fuentes de ingresos y activos que le permitieron vivir cómodamente y financiar sus causas benéficas. El ingreso más importante y documentado de su vida adulta fue la indemnización que recibió tras años de pleitos legales contra el Estado griego por la confiscación de los bienes de la Familia Real tras la abolición de la monarquía en 1974. En 2002, el Tribunal de Estrasburgo condenó a Grecia a pagar una compensación a la Familia Real. A Irene de Grecia le correspondieron 900.000 dólares.
La herencia de la tía ‘Pecu’

Fiel a su estilo, donó la totalidad de este dinero a su fundación, Mundo en Armonía, para financiar proyectos solidarios. En su juventud, Irene fue una pianista de concierto de gran talento, formada bajo la dirección de la famosa Gina Bachauer. Durante los años 60 y 70, realizó actuaciones profesionales —como su debut en el Royal Festival Hall de Londres en 1969—. Aunque los ingresos de esta etapa no eran comparables a las fortunas reales, sí supusieron una fuente de ingresos propia derivada de su trabajo. Como hija de los reyes Pablo y Federica de Grecia, Irene heredó una parte del patrimonio familiar que incluía objetos de gran valor. Como decíamos, conservó piezas de altísimo valor, como la tiara de círculos de diamantes y el famoso pendentif de perla y diamantes. Estas piezas representan un capital latente millonario.
En el exilio y tras la muerte de su madre en 1981, gestionó los restos de la herencia familiar, aunque terminó cediendo gran parte de sus derechos o bienes a causas benéficas o a sus familiares más cercanos. Desde 1981, Irene vivió en el Palacio de la Zarzuela invitada por su hermana, la reina Sofía. Al vivir en la residencia oficial, no tenía gastos de vivienda, seguridad ni mantenimiento, lo que le permitía dedicar cualquier ingreso personal —como su pensión o ahorros— casi íntegramente a sus fundaciones y a sus sobrinos. unque no recibía un sueldo público de los Presupuestos del Estado español —al no ser Familia Real «de primer grado»—, sí contaba con el apoyo financiero personal de su hermana para sus gastos diarios y viajes. Aunque menos conocido, se ha publicado que Irene tenía un perfil inversor muy hábil. En ciertos círculos se menciona que tuvo acciones en empresas de alimentación —como La Piara u Oscar Mayer— y que supo venderlas en momentos estratégicos, demostrando un ojo comercial que contrastaba con su imagen espiritual y despreocupada.
