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Irene de Grecia, la princesa solidaria que donó una indemnización millonaria a su propia ONG

La hermana de la reina Sofía amasó una cantidad contenida de fortuna que se enriqueció por su herencia familiar

Irene de Grecia, la princesa solidaria que donó una indemnización millonaria a su propia ONG

Irene de Grecia junto a su hermana, la reina Sofía, y su sobrina, la infanta Cristina. | Gtres

La princesa Irene de Grecia murió el pasado jueves en Zarzuela. Lo hizo tras una vida especialmente vinculada con los proyectos sociales y, sobre todo, un día a día muy cercano a su hermana, la reina Sofía. Las dos mantenían una buenísima relación que se materializó con la presencia de Sofía, a su lado, hasta su último suspiro. En los últimos días, en los distintos homenajes que se le han realizado a la princesa, hemos visto a una Familia del Rey totalmente rota, especialmente a sus sobrinas-nietas, Irene Urdangarin y Victoria Federica, con quienes guardaba una especial conexión. Fruto de ello, como han adelantado desde ESDiario y hemos contado en THE OBJECTIVE, habría sido la decisión de Irene de dejarle la mayoría de su patrimonio a la única hija de la infanta Cristina. Pero ¿cómo amasó su fortuna la princesa?

Lo primero que hay que comentar es que Irene siempre fue una persona muy solidaria. El poco dinero que generaba o que recibía, en la mayoría de ocasiones, fue destinada a su propia ONG, que seguía manteniendo hasta el final de sus días. Y es que la rutina de Irene se basaba en varios pilares fundamentales; estar pendiente de lo que pasaba en su asociación benéfica pero, también, pasar tiempo junto a su hermana, la reina Sofía. Además, en su tiempo libre aprovechaba para dedicarse a sus discretas pasiones; la música. También, acudía a algún que otro acto junto a su hermana, la reina Sofía, siempre y cuando fueran de carácter social.

Cómo hizo su fortuna Irene de Grecia

Irene de Grecia junto a la reina Sofía. | EP

Fue en los años 80 cuando Irene le comunicó a su hermana el deseo de mudarse a Zarzuela. Lo hizo después de la muerte de su madre y fue una decisión que la reina Sofía no se pensó en ningún momento. Así, se reformaron unos pequeños vestuarios que había en el jardín de Zarzuela, al lado de la piscina, que sirvieron como refugio para Irene hasta que esta comenzó a enfermar. Fue allí donde, también, le construyeron un pequeño despacho para que estuviera al tanto de las últimas novedades en cuanto a sus funciones dentro de la ONG. Siempre destacó por ser una persona con gustos sencillos y en su haber solamente tenía su asociación, así como un joyero personal, donde conservaba algunas de las piezas más importantes de la Familia Real griega.

Y es que, tras la muerte de sus padres, Irene heredó una parte de los activos familiares y un joyero histórico. Además, llevó una vida muy austera en el Palacio de la Zarzuela, lo que le permitió conservar parte de su patrimonio. Se estima que su herencia líquida podría oscilar entre cientos de miles de euros y los dos millones, aunque no hay una cifra oficial cerrada. Lo que realmente tiene un valor millonario son las joyas históricas que poseía, las cuales ahora se repartirán o integrarán en otras colecciones reales. Entre ellas, nos encontramos con la tiara de círculos, una pieza de diamantes que perteneció a la reina Sofía de Prusia. También, Irene tenía en su joyero el pendentif, un gran colgante de perla y diamantes que ha lucido en grandes eventos. Además, poseía varios collares y broches, es decir, piezas de perlas y piedras preciosas de gran valor histórico.

Más allá del dinero, su mayor «fortuna» fue su impacto social. A través de su fundación Mundo en Armonía —que operó durante 37 años hasta finales de 2023—, canalizó millones de euros en proyectos de desarrollo, envío de ganado a la India y ayuda humanitaria en catástrofes, dejando sus cuentas prácticamente a cero para ayudar a los demás. También, engrosar sus ahorros ayudó la indemnización que recibió hace más de veinte años. Tras la caída de la monarquía en Grecia en 1974, el Estado griego confiscó todas las propiedades de la Familia Real —incluyendo palacios como Tatoi y extensas tierras—. Durante décadas, la familia, encabezada por el rey Constantino e incluyendo a Irene y a la reina Sofía, mantuvo un litigio legal para recuperar sus bienes o recibir una compensación.

Su especial joyero y una indemnización

Tras agotar las vías en Grecia, el caso llegó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Estrasburgo). En el año 2002, el tribunal sentenció que el Estado griego había violado los derechos de propiedad de la familia y le obligó a pagar una indemnización. De la cantidad total que Grecia tuvo que pagar —unos 13,7 millones de euros para toda la familia—, a la princesa Irene le correspondieron exactamente 900.000 dólares —unos 600.000 euros de la época—. A diferencia de otros miembros de la realeza que utilizaron su parte para rehacer su patrimonio personal, Irene de Grecia tomó una decisión que marcó su imagen pública definitiva. Donó hasta el último céntimo de esos 900.000 dólares a su fundación, Mundo en Armonía. Los fondos se utilizaron para proyectos humanitarios urgentes, principalmente para el envío de ganado a la India —uno de sus proyectos más queridos— y para paliar los efectos de diversas catástrofes naturales en países en desarrollo.

La reina Sofía junto a la infanta Cristina e Irene de Grecia. | Gtres

La vida de la princesa Irene de Grecia y Dinamarca fue una travesía singular marcada por el contraste entre su linaje real y una profunda vocación de servicio y espiritualidad. Nacida en el exilio en Ciudad del Cabo en 1942, mientras su familia huía de la ocupación nazi en Grecia, regresó a su país natal tras la restauración de la monarquía. Como hija de los reyes Pablo y Federica, creció en un ambiente de gran responsabilidad institucional, pero siempre bajo una estela de discreción que la alejaba del foco mediático que rodeaba a sus hermanos mayores, Sofía y Constantino.

Desde joven, Irene demostró que su camino no sería el convencional para una princesa de su época. Su gran pasión fue la música, convirtiéndose en una pianista de concierto profesional de notable talento. Bajo la tutela de la virtuosa Gina Bachauer, realizó giras internacionales y grabó discos, una faceta que le otorgó una independencia económica y personal poco común en la realeza. Sin embargo, su vida dio un vuelco con el golpe de Estado de los Coroneles en 1967, que obligó a la familia real griega a un nuevo y definitivo exilio, primero en Roma y posteriormente en la India.

La vida solidaria de la tía ‘Pecu’

Fue precisamente en la India donde la princesa encontró su verdadera identidad espiritual. Durante su estancia en el país asiático, se sumergió en el estudio del vedanta y el hinduismo, adoptando una filosofía de vida basada en el desapego material y la meditación. Esta etapa fue crucial para forjar a la tía Pecu —apodo cariñoso que recibiría años después en España por su carácter «peculiar»—, una mujer que practicaba el vegetarianismo mucho antes de que fuera tendencia y que vestía con túnicas sencillas, priorizando siempre el ser sobre el tener. En 1981, tras la muerte de su madre, la reina Federica, Irene se trasladó a Madrid para vivir en el Palacio de la Zarzuelainvitada por su hermana, la reina Sofía. A partir de entonces, se convirtió en la sombra y el apoyo incondicional de la reina, formando un tándem inseparable. Su residencia en España le permitió canalizar su energía en la creación de la fundación Mundo en Armonía, a través de la cual gestionó proyectos humanitarios en todo el mundo, destacando su labor de envío de vacas a la India para ayudar a comunidades rurales empobrecidas.

Su generosidad fue tal que, cuando finalmente recibió una indemnización millonaria del Estado griego por la expropiación de sus bienes, decidió donar cada céntimo a causas benéficas. Irene de Grecia vivió sus últimas décadas de forma austera, dedicada a la lectura de tratados científicos y espirituales, y manteniendo una relación de extrema complicidad con sus sobrinos, especialmente con los hijos de la infanta Cristina. A pesar de su origen real, su mayor orgullo nunca fue su título, sino su capacidad para pasar desapercibida mientras trabajaba por mejorar la vida de los demás.

Irene de Grecia, junto a la Familia Real. | Gtres

El fallecimiento de la princesa en enero de 2026 supuso la pérdida de la última gran figura de la mística dentro de las familias reales europeas. Su legado no se mide en palacios ni en títulos, sino en la huella de afecto que dejó en quienes la conocieron y en el ejemplo de una mujer que, teniendo derecho a todo, prefirió renunciar a casi todo en favor de la paz interior y la solidaridad. Su discreta despedida en Atenas fue el cierre coherente a una existencia que siempre buscó la luz, pero nunca los focos.

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