Javier Gutiérrez, 56 años: «Nadie te prepara para tener un hijo con parálisis cerebral severa»
El actor, en 2009, fuel padre de Mateo, un niño que nació con una complicada discapacidad por la que «lloró mucho»

Javier Gutiérrez, en una imagen de archivo. | Gtres
Javier Gutiérrez es uno de los actores más conocidos del panorama español. En los últimos días, además, está promocionando su nuevo proyecto; Rondallas, una producción en la que hace un pequeño homenaje a la tierra que le acogió, Galicia. Javier Gutiérrez Álvarez nació en Luanco, Asturias, a finales de los años 70. A lo largo de su vida, Javier ha vivido distintos momentos que le han marcado su vida. Y no solamente lo ha hecho su faceta profesional como actor, protagonizando algunas de las series o películas más recordadas, sino, también, a nivel personal. Y es que el nacimiento de su hijo Mateo, quien vino al mundo con una parálisis cerebral severa ha hecho que vea el día a día de otra manera.
Su trayectoria es el reflejo de un «obrero de la interpretación» que, partiendo de una timidez extrema en su infancia en Ferrol y de una formación teatral rigurosa, ha logrado conquistar tanto el respeto de la crítica como el cariño del gran público. Su figura se define por tres pilares fundamentales: su excelencia profesional, su capacidad para transitar entre el drama y la comedia, y un profundo compromiso humano nacido de su vivencia personal con la discapacidad. Aunque hoy es una estrella de cine, Javier se forjó en las tablas. Fue un miembro clave de la mítica compañía Animalario, donde participó en obras que revolucionaron el teatro español a principios de los 2000. Su salto a la popularidad masiva llegó a través de la televisión, interpretando personajes inolvidables como José Luis en Los Serranoy, especialmente, el fiel escudero Sátur en Águila Roja.
La vida de éxito de Jesús Gutiérrez
Sin embargo, fue el cine quien lo consagró como un actor de una profundidad extraordinaria. Su papel de policía en La isla mínima (2014) marcó un antes y un después, otorgándole su primer premio Goya. A este le seguiría un segundo Goya por El autor (2017), consolidando su estatus como uno de los pocos actores capaces de sostener películas enteras con interpretaciones contenidas pero de una intensidad demoledora. En 2018, Javier Gutiérrez protagonizó Campeones, una película que no solo fue un éxito de taquilla, sino un fenómeno social. Para Javier, este proyecto fue personal: el actor rechazó el papel del Profesor en La casa de papel para poder rodar esta cinta. Su decisión estuvo motivada por su hijo Mateo, nacido con una discapacidad severa, lo que le dio una sensibilidad única para liderar un reparto formado por personas con discapacidad intelectual.
Javier se describe como una persona de raíces humildes y valores sólidos, algo que atribuye al «matriarcado» en el que se crió tras la temprana muerte de su padre. A pesar de haber nacido en Luanco (Asturias) en 1971, su identidad está ligada a Ferrol, ciudad a la que se mudó con apenas un año. Su infancia estuvo marcada por la ausencia temprana de su padre, lo que le llevó a crecer junto a su madre, Guillermina, sus dos hermanas y su abuela. Este entorno de mujeres fuertes, en una época en la que ser viuda con tres hijos suponía un reto social inmenso, forjó su carácter humilde y su inmensa capacidad de admiración hacia las figuras femeninas de su vida.
Mateo, su hijo que nació una parálisis cerebral severa
Durante su adolescencia en Galicia, Javier fue un niño extremadamente tímido y retraído, que encontraba refugio en su habitación montando escenarios con soldaditos de juguete. Esa soledad creativa fue el caldo de cultivo de su vocación actoral; a los 18 años, decidió dejar la seguridad del hogar familiar para mudarse a Madrid y perseguir el sueño de la interpretación. Sus inicios en la capital no fueron sencillos, trabajando incluso como acomodador de cine, pero siempre mantuvo esa ética del trabajo y tesón que su madre le había inculcado desde pequeño.
El capítulo más transformador de su vida comenzó en 2009 con el nacimiento de su primer hijo, Mateo, fruto de su relación con la gestora cultural Inés Enciso. Mateo nació con una malformación cerebral severa, un diagnóstico que sumió al actor en un proceso de duelo, rabia y negación inicial. Javier ha confesado que «lloró mucho» y que nadie te prepara para un «camino de espinas» donde las flores desaparecen de la habitación del hospital. Sin embargo, con el tiempo, Mateo se convirtió en su «rey de la casa» y en la razón por la que el actor decidió rechazar proyectos millonarios para rodar Campeones, buscando dar visibilidad a la discapacidad.
«Lloré mucho; fue un camino de espinas»
Tras su separación de Inés Enciso en 2016, con quien mantiene una excelente relación de custodia compartida y una admiración mutua por su labor como padres, Javier volvió a encontrar el amor. En 2020 inició una relación con la fisioterapeuta malagueña Carmen Demaría, conocida cariñosamente como Kika. Carmen ha sido un pilar fundamental en su estabilidad emocional reciente, acompañándole en su madurez personal y profesional con una comprensión absoluta hacia su situación familiar previa. En 2021, la felicidad de la pareja se completó con la llegada de Lucas, el segundo hijo del actor. Javier describe con emoción la «sociedad» que han formado sus dos hijos; ver cómo Lucas, que ahora tiene unos cuatro años, interactúa, ayuda y aprende de su hermano mayor Mateo es, para el actor, una de las mayores maravillas de su día a día. Aunque son hermanos con realidades muy distintas, Javier se esfuerza por que Lucas comprenda y respete la condición de Mateo, fomentando un vínculo de protección y amor fraternal que le llena de orgullo.
Hoy, a sus 54 años, Javier Gutiérrez vive una etapa de plenitud en la que ha logrado equilibrar su estatus de estrella del cine con una vida doméstica sencilla. Sigue siendo un hombre que disfruta de la cocina para su familia y que huye de los lujos innecesarios. Su mayor anhelo, según ha confesado recientemente en su 55º cumpleaños —que se celebró en enero de 2026—, sigue siendo el mismo: un milagro que le permita escuchar a Mateo pronunciar un «te quiero». Mientras tanto, se conforma con las miradas y caricias de su hijo, convencido de que Mateo le ha hecho, por encima de todo, una mejor persona.
