El lugar que siempre elige Almudena Cid está en Vitoria: «Al llegar aquí, el silencio me curó»
La gimnasta está muy vinculada a la tierra que le vio nacer y a la que siempre vuelve cada vez que tiene oportunidad

Almudena Cid, en una imagen de archivo. | Gtres
Almudena Cid siempre ha sido muy fiel a sus raíces. La que fuera una de las gimnastas olímpicas más importantes en nuestro país ha dividido su vida siempre entre Madrid y Vitoria. Y es que, aunque hace años decidió establecerse en la capital, cada vez que puede vuelve a la tierra que le vio nacer, sobre todo porque tiene allí a la mayoría de su familia, y, también, porque es el sitio donde siempre ha aprendido a desconectar.
Vitoria representa para ella el lugar donde empezó todo. Allí fue donde, siendo una niña, comenzó a entrenar en el polideportivo de Arriaga. Regresar a sus calles es, en sus propias palabras, «volver a ser Almu», la niña que soñaba con las olimpiadas antes de convertirse en el personaje público que Madrid devoró durante décadas. Uno de sus lugares fetiche, sin duda alguna, es el paseo de la Senda, a donde Almudena se traslada cuando le apetece pasear. Esta zona conectar el centro con el santuario de Estíbaliz, disfrutando del silencio y el aire fresco.
Vitoria, la ciudad que es el refugio de Almudena Cid
Tras su traumática y mediática ruptura con Christian Gálvez en 2021, Almudena encontró en Vitoria el único lugar donde se sentía verdaderamente a salvo. Ella destaca que en Vitoria la gente la trata con un cariño discreto. «En Madrid sentía que todo el mundo me miraba por lo que me había pasado; en Vitoria me miran porque soy de allí», ha confesado en diversas entrevistas. Estar cerca de sus padres, especialmente de su madre —quien se ha convertido en su gran apoyo—, ha sido fundamental para su salud mental. Como exdeportista de élite, Almudena tiene una conexión física muy fuerte con el entorno.
En más de una ocasión, Almudena ha comentado que lo que más echa de menos es la humedad, el olor a lluvia y el frío del norte, elementos que considera terapéuticos para «bajar las revoluciones» de la vida frenética en la capital. Vitoria es también su rincón favorito por la forma de socializar. Sus experiencias allí siempre incluyen los «pintxo-potes» con sus amigas de la infancia, las de «toda la vida» que no la ven como una celebridad. Para ella, sentarse en una terraza de la Plaza de la Virgen Blanca es el mayor lujo posible. Uno de los lugares de los que más ha hablado ha sido el Santuario de Estíbaliz; para ella, subir hasta allí representa una especie de ritual de limpieza. Es un espacio de paz absoluta donde consigue desconectar del ruido exterior y conectar con su «yo» más creativo —donde escribe sus cuentos y prepara sus proyectos teatrales—.
Vitoria es una ciudad que ha sabido equilibrar su peso histórico como capital del País Vasco con una visión vanguardista de la sostenibilidad. Fundada oficialmente en 1181 sobre una colina por el rey Sancho VI de Navarra, su casco antiguo, conocido como la «Almendra Medieval», conserva intacto el trazado de calles gremiales que fluyen alrededor de palacios renacentistas y murallas del siglo XI. Caminar por sus cantones es hacer un viaje en el tiempo donde el gótico de la Catedral de Santa María —famosa por haber inspirado a Ken Follett— convive con una vida urbana vibrante y acogedora.
A nivel urbanístico, Vitoria es reconocida mundialmente por ser la European Green Capital, un título que defiende con orgullo gracias a su Anillo Verde. Este pulmón de más de 800 hectáreas rodea la ciudad con parques como Salburua o Zabalgana, permitiendo que cualquier ciudadano tenga una zona natural a menos de diez minutos a pie. Para este año 2026, la ciudad ha consolidado su apuesta por la movilidad sostenible, ampliando su red de carriles bici y potenciando su sistema de tranvía, lo que la convierte en una de las urbes con mayor calidad de vida de Europa.
Como decíamos, la vida social de la capital alavesa se concentra en la Plaza de la Virgen Blanca, el epicentro emocional donde cada 4 de agosto desciende Celedón para dar inicio a las fiestas patronales. En el ámbito cultural, la ciudad es un museo al aire libre. Más allá de su rico patrimonio religioso, Vitoria sorprende por su Itinerario Muralístico, una serie de fachadas pintadas que narran la historia y los valores de la comunidad en el Casco Viejo. Además, alberga instituciones de vanguardia como el Museo Artium de Arte Contemporáneo y el Museo BIBAT, que fusiona la arqueología con una de las mejores colecciones de naipes del mundo, rindiendo homenaje a la histórica fábrica de Heraclio Fournier.
Vitoria no es solo una ciudad de servicios y administración; es un motor industrial que ha sabido mantener un aire de elegancia y serenidad. El Paseo de la Senda, que nace cerca del centro y se extiende hacia las afueras, es un ejemplo de este refinamiento, jalonado por villas señoriales y el Palacio de Ajuria Enea, residencia oficial del Lehendakari. Es una ciudad que invita al paseo pausado, al disfrute del silencio y al contacto con una naturaleza que se cuela literalmente por cada ventana de sus barrios.
El Santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz, su rincón favorito
A tan solo diez kilómetros del bullicio de la ciudad se alza el Santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz, considerada la joya indiscutible del románico en el País Vasco. Situado en un altozano que domina la Llanada Alavesa, este templo del siglo XII es el hogar de la patrona de Álava. Su arquitectura destaca por la Puerta Speciosa, una obra maestra de la cantería medieval decorada con finos relieves que han resistido el azote del tiempo. El entorno del santuario, rodeado de amplias campas y bosques, es un lugar de peregrinación y recreo donde la espiritualidad y la naturaleza se funden en un silencio casi místico.
Más allá de su valor artístico, Estíbaliz es el corazón latente de las tradiciones alavesas, especialmente cada 1 de mayo, cuando se celebran los Juicios de Dios y las fiestas en honor a la Virgen. Tras años de cambios en su gestión, el santuario vive hoy una etapa de renacimiento cultural y espiritual, ofreciendo a los visitantes un Centro de Interpretación del Románico que ayuda a entender la importancia de este enclave en el Camino de Santiago. Es un rincón donde el tiempo parece detenerse, ofreciendo a los vitorianos y visitantes un refugio necesario para la contemplación y el reencuentro con la historia más pura de la provincia.
