El bello pueblo de Jaén donde nació Baltasar Garzón: «Mi patria es el olor de Sierra Mágina»
El que fuera juez ha confesado que está muy unido a sus raíces, que se emplazan en un pequeño pueblo de Andalucía

Baltasar Garzón, junto a su mujeres, Dolores Delgado. | Gtres
Baltasar Garzón fue, durante mucho tiempo, una de las piezas más importantes de la justicia de nuestro país. El que fuera juez de casos tan importantes como el GAL o la Gürtel nació en un pequeño pueblo en la provincia de Jaén que, sin duda, le ha marcado su vida. Y es que, el exjuez siempre recuerda sus raíces, a las que tiene muy presente, tanto para tomar decisiones en su vida personal como en la profesional. Su padre trabajaba en una gasolinera mientras él estudiaba Derecho. Antes de las leyes, estuvo a punto de ser sacerdote, pasando varios años en el seminario. Esta formación le dejó un poso de disciplina y una visión de la justicia casi «mesiánica» que marcaría su estilo en los tribunales.
En 1988 llegó a la Audiencia Nacional, ocupando el Juzgado Central de Instrucción n.º 5. Fue entonces cuando su nombre empezó a ocupar portadas diariamente. Sus casos no tenían precedentes. La operación Nécora lo convirtió en una de las primeras personas en estar al frente del primer gran golpe a los clanes gallegos, mientras que, también, fue pionero persiguiendo a los comandos de ETA, así como su entorno financiero y político de la banda.
Torres, un pueblo que ha marcado la vida de Baltasar Garzón

En 1998, Garzón alcanzó la fama mundial al dictar una orden de arresto contra el dictador chileno Augusto Pinochet en Londres. Este acto sentó un precedente histórico en el Derecho Penal Internacional bajo el principio de justicia universal: los crímenes contra la humanidad podían ser perseguidos fuera del país donde se cometieron. Desde entonces, se convirtió en un icono global de los derechos humanos. En 1993, Garzón dio el salto a la política como número dos del PSOE por Madrid, acompañando a Felipe González. Fue nombrado Secretario de Estado del Plan Nacional sobre Drogas, pero la experiencia duró poco. Solo un año después, dimitió alegando falta de apoyo y regresó a la judicatura, donde retomó con fuerza las investigaciones que afectaban al propio gobierno socialista.
Su carrera judicial terminó de forma abrupta en 2012. El Tribunal Supremo le condenó a 11 años de inhabilitación por prevaricación, debido a las escuchas ilegales que ordenó entre los abogados y sus clientes en el caso Gürtel. Poco antes, también había generado una enorme tormenta jurídica al intentar investigar los crímenes del franquismo, algo que sus detractores consideraron una vulneración de la Ley de Amnistía de 1977. En estos últimos años, aunque no ha podido desarrollarse profesionalmente como juez, sí que ha tenido intervenciones en otros ámbitos. Garzón posee un bufete de abogados, Alocad, con sede en Madrid, desde donde dirige defensas internacionales de alto perfil —como la de Julian Assange—. Ademas, ha trabajado para organismos como la Corte Penal Internacional y diversos gobiernos latinoamericanos en procesos de paz y derechos humanos.

También, es muy normal verle en distintos programas de televisión, sobre todo aquellos que se producen en La Sexta. Sobre su vida personal, mantiene una relación sentimental con la actual Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, con quien se casó en una ceremonia discreta en 2023. Como decíamos, sus raíces siguen siendo muy importantes. Garzón nació en la localidad de Torres, en Jaén, un municipio de la provincia de Jaén situado en el corazón de la Sierra Mágina. Este entorno, caracterizado por sus paisajes escarpados, sus manantiales y su agricultura de montaña, marcó profundamente el carácter del que fuera el juez más mediático de España.
Su infancia humilde y enfocada en los estudios
Torres es un pueblo de una belleza singular, rodeado por algunos de los picos más altos de la provincia, como el Aznaitín. En la época en la que nació Garzón (1955), era una localidad eminentemente agrícola donde la vida estaba marcada por los ciclos del campo y el aislamiento geográfico que imponía la sierra. El juez siempre ha recordado el sonido del agua de las fuentes de su pueblo y el aroma de los olivares y cerezos, que son el motor económico de la zona. A pesar de su proyección internacional, Garzón nunca ha cortado el cordón umbilical con Torres; de hecho, suele regresar para participar en cursos de verano y eventos locales, siendo su mejor embajador.

Garzón nació en el seno de una familia trabajadora. Su padre, Ildefonso Garzón, era agricultor y más tarde trabajó en una gasolinera, mientras que su madre se encargaba del hogar y de los cinco hijos del matrimonio —Baltasar es el segundo—. Su infancia no fue de privaciones extremas, pero sí de una gran austeridad. Él mismo ha relatado que creció viendo el esfuerzo constante de sus padres para sacar adelante a la familia, lo que le inculcó una ética del trabajo casi obsesiva. En el pueblo se le recuerda como un niño muy vivo, inteligente y con una curiosidad que a veces resultaba incómoda. No era el típico niño que se conformaba con las respuestas dadas.
Un capítulo fundamental de su infancia y adolescencia fue su paso por el Seminario de Baeza y el de Jaén. En aquella época, para un niño de pueblo con altas capacidades pero recursos limitados, el seminario era la vía principal para acceder a una educación de calidad. Durante varios años, Garzón estuvo convencido de su vocación sacerdotal. Fue allí donde desarrolló su disciplina de estudio y un fuerte sentido de la justicia social, influenciado por las corrientes más progresistas de la Iglesia de aquel entonces. Sin embargo, antes de ordenarse, descubrió que su verdadera vocación no estaba en el púlpito, sino en las leyes. Un cambio clave en su vida fue cuando su padre consiguió trabajo en una gasolinera cerca de la capital, lo que obligó a la familia a desplazarse. Baltasar ayudaba a su padre expendiendo gasolina y limpiando cristales mientras estudiaba la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla (extensión de Jaén).
«Los que hemos nacido entre estas piedras de Mágina tenemos una terquedad serrana que no se doblega»
De su infancia en Torres, Garzón extrajo lo que él llama su «terquedad serrana». La dureza del clima de Mágina y la rectitud de sus padres forjaron ese estilo directo y, a veces, desafiante que marcó su carrera en la Audiencia Nacional. Él sostiene que en su pueblo aprendió que «un hombre vale lo que vale su palabra». En sus memorias y en diversas entrevistas, Garzón ha admitido que su patria es su infancia «en Torres». «El olor a tierra mojada de Sierra Mágina y el ejemplo de mi padre en la gasolinera. Allí aprendí que la justicia no es algo abstracto, sino defender a los que no tienen voz», ha contado en alguna que otra ocasión. Es en Torres donde, ademas, «empezó el mundo y donde siempre termina». «Es el refugio donde los silencios de la Sierra Mágina me ayudan a encontrar las respuestas que el ruido de Madrid me quita», ha explicado.

Sobre su infancia, Garzón recuerda «las manos» de su padre, «siempre manchadas de grasa y oliendo a gasolina». Además, su carácter se ha ido moldeando siendo «un hombre de la sierra». «Los que hemos nacido entre estas piedras de Mágina tenemos una terquedad serrana que no se doblega fácilmente. Si creo que algo es justo, voy a por ello, aunque sople el viento en contra», ha explicado. Y es que sus primeros años de vida fueron «de calle, de correr por las cuestas de Torres y de beber agua de sus fuentes». «En un pueblo como el mío en los años 60, si tenías inquietudes, el camino era el seminario. Fui al seminario buscando a Dios, pero me encontré con la justicia. Sin embargo, la disciplina que aprendí allí, bajo la sombra de la catedral de Jaén, es la que me ha acompañado toda la vida», ha añadido.
