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El original salón de Eduardo Navarrete: «Aquí lo que hay es 'horror vacui', pero con mucho estilo»

El concursante de ‘DecoMasters’ ya ha dejado claro en el programa que odia el minimalismo y que «menos es más»

El original salón de Eduardo Navarrete: «Aquí lo que hay es ‘horror vacui’, pero con mucho estilo»

Eduardo Navarrete, en una imagen de archivo. | Gtres

Eduardo Navarrete se estrenó, este lunes, como concursante en el nuevo programa de TVE, Decomasters. El diseñador lo dio todo de la mano de La terremoto de Alcorcón, demostrando su buenas dotes con la decoración y con las reformas. Algo que también pone en práctica en su día a día y, sobre todo, en su casa. Navarrete reside en un bonito piso que cuenta con un acogedor e impresionante salón, en el que cuenta con distintos detalles y objetos, de lo más originales, que, también, dan buena fe de su personalidad.

La vivienda de Eduardo Navarrete en Madrid es, en sus propias palabras, un reflejo fiel de su mente: inquieta, creativa, desvergonzada y profundamente artística. Situada en una de las zonas más vibrantes del centro de la capital, su casa rompe con cualquier convención de diseño tradicional para abrazar un estilo que podríamos definir como eclecticismo pop con tintes vanguardistas. No es un lugar diseñado para el silencio o la sobriedad, sino un escenario vibrante donde cada rincón cuenta una historia y cada objeto parece tener vida propia.

El salón de Eduardo Navarrete en su casa de Madrid

El salón actúa como el epicentro de este universo, donde Navarrete fusiona muebles de diseño contemporáneo con piezas kitsch y tesoros encontrados en mercados de antigüedades. Las paredes, lejos de ser meros soportes, son protagonistas absolutas, decoradas con neones de colores, espejos de formas imposibles y una colección de arte que mezcla la fotografía de moda con ilustraciones anatómicas. Es un espacio que respira la misma energía que sus desfiles, donde el color, las texturas de terciopelo y los estampados gráficos conviven en una armonía caótica que resulta extrañamente acogedora.

Como no podía ser de otra manera, el vestidor es el auténtico santuario de la casa. Más que un armario, es un archivo vivo de la moda española reciente, donde Navarrete custodia desde sus creaciones más icónicas vistas en Maestros de la costura hasta piezas de alta gama y hallazgos vintage. Este espacio está diseñado con una estética casi expositiva, permitiendo que las prendas, las plumas y las lentejuelas formen parte de la decoración cotidiana, recordándonos en cada espejo que estamos en el hogar de un creador que no entiende de fronteras entre su vida y su obra.

Un piso no apto para todos los públicos

Finalmente, la casa destaca por esos detalles auto-referenciales tan propios de su sentido del humor. Desde cojines con su propio rostro hasta cuadros que parodian la fama, Eduardo ha creado un refugio donde la sofisticación se mezcla con el surrealismo. Es una casa que invita al «tardeo» y a la celebración, un espacio diáfano y lleno de luz que, a pesar de su exceso decorativo, mantiene una funcionalidad perfecta para alguien que vive a caballo entre el taller de costura, los platós de televisión y las reuniones sociales más exclusivas de Madrid.

El salón de Eduardo Navarrete es la joya de la corona de su vivienda y la máxima expresión de su lema personal: «El minimalismo es una carencia de imaginación». No es una estancia para pasar desapercibido; es un espacio diseñado para el impacto visual, la conversación y el disfrute sensorial. A diferencia de los salones convencionales, aquí no hay miedo al color. Una de las paredes principales suele estar revestida con papeles de estampados geométricos o motivos vegetales en tonos oscuros y dorados, que sirven de fondo para su enorme colección de cuadros.

Inspiración personal, detalles de colores y con formas humanas

El sofá es una pieza de gran formato, normalmente de terciopelo en colores joya —como verde esmeralda o azul noche—, con una textura muy suave que invita a las reuniones largas. Está lleno de cojines que mezclan telas de sus propias colecciones con otros que llevan su cara impresa. Además, conviven sillas de estilo Luis XIV decapadas con taburetes de plástico transparente de diseño italiano, creando un contraste entre lo aristocrático y lo industrial. El salón está repleto de fotografías de gran formato, muchas de ellas realizadas por amigos artistas, donde aparecen musas de la movida madrileña, modelos de sus desfiles y él mismo en diversas caracterizaciones.

Eduardo tiene una fascinación por el cuerpo humano. Es común encontrar jarrones con forma de torso, manos de cerámica que sirven de apoyo o incluso bustos clásicos intervenidos con pintura de spray flúor. La iluminación, además, no es uniforme, sino que se crea a base de puntos de luz. Cuenta con lámparas de techo tipo Sputnik y lámparas de pie con flecos o bases de animales —como garzas o leopardos dorados—. Entre las figuras de diseño, se puede encontrar desde una Virgen decorada con lentejuelas hasta juguetes vintage o robots japoneses, todo conviviendo en las estanterías sin jerarquías. El salón está diseñado para ser visto. Cuenta con grandes espejos estratégicamente colocados para duplicar el espacio y la luz, pero también para que los invitados —y el propio Eduardo— puedan verse desde cualquier ángulo. Es un salón que funciona como un escaparate de su vida; es alegre, es ruidoso visualmente y, sobre todo, es extremadamente divertido.

«Aquí lo que hay es horror vacui pero con mucho estilo»

Han sido varias las ocasiones en las que Eduardo ha hablado cómo le gusta decorar su casa, donde no existe el minimalismo. «Yo no sé lo que es el minimalismo, a mí me parece una falta de imaginación total. En este salón, si queda un hueco libre en la pared, es que algo estoy haciendo mal. Aquí lo que hay es horror vacui pero con mucho estilo», explicó. Además, confesó que su salón «no es para echarse la siesta, es para recibir». «He diseñado este espacio para que cuando la gente entre, flipe. Quiero que mis amigos se sientan en un club de Malasaña, pero con la ventaja de que aquí mando yo y la música la pongo yo», apostilló.

Eduardo Navarrete (Alicante, 1994) es uno de los diseñadores más disruptivos y mediáticos de la moda española actual, conocido por su capacidad de fusionar el espectáculo con la costura. Saltó a la fama nacional como el concursante más carismático de la primera edición de Maestros de la costura, donde su personalidad irreverente y su visión vanguardista lo convirtieron rápidamente en un icono televisivo. Lejos de quedarse en el papel de personaje de reality, Navarrete ha consolidado una carrera sólida como empresario, fundando su firma homónima con la que presenta colecciones en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, caracterizadas por el uso de estampados propios y una estética marcadamente pop y transgresora. También, ha participado en MasterChef celebrity y Zapeando.

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