Los años de Víctor Manuel en la Asturias más humilde: «Mi padre no entendía que quisiera ser libre»
El cantante vivió unos primeros momentos de su vida en la localidad de Mieres, marcada por la fuerte actividad minera

Víctor Manuel, en una imagen de archivo. | EP
Víctor Manuel es uno de los rostros más conocidos de la música de nuestro país. El cantante lleva en su haber un largo recorrido desde hace más de cuatro décadas y todavía sigue manteniendo ese pasión por su trabajo. En todo este tiempo, además, Víctor Manuel se ha volcado con distintas causas sociales que, también, ha sabido plasmar en sus canciones. Y es que mucho de lo que es hoy viene de lo que un día fue cuando era un niño, criado en un entorno minero que, sin duda, marcó su infancia.
La infancia de Víctor Manuel —quien nació en Mieres del Camino, Asturias, en 1947— es el cimiento de toda su obra. Es imposible entender sus letras, su compromiso político y su sensibilidad sin mirar hacia esa cuenca minera asturiana de la posguerra, donde el hollín, la humedad y la lucha obrera lo empaparon todo. Víctor Manuel nació en una familia humilde en Mieres, en el corazón de la minería asturiana. Su padre trabajaba en el ferrocarril, en las vías de la Renfe, lo que le dio a Víctor una visión de «movimiento» y de conexión entre los pueblos de la cuenca.
La infancia de Víctor Manuel en Mieres

Su niñez transcurrió entre castilletes de minas, vagonetas de carbón y el verde intenso de las montañas asturianas. Ese contraste entre la industria dura y la naturaleza salvaje es una constante en su música. Si hay una figura que marcó su infancia y su posterior carrera fue su abuelo. Su famoso tema, El abuelo Víctor, no fue una canción que escribió de la nada; sino que se trata de un relato fiel de cómo fue su infancia. Su abuelo trabajó toda la vida en la mina, sufrió las consecuencias físicas del trabajo extremo y representaba para el niño Víctor la sabiduría silenciosa y el sacrificio de una generación que lo dio todo a cambio de casi nada. Es más, fue él quien le transmitió el respeto por la tierra y por los valores de la clase trabajadora.
La música entró en su vida de forma muy temprana, casi como un juego para escapar de la grisura de la posguerra. Empezó tocando la armónica a los nueve años. Era un niño con un oído prodigioso que sacaba melodías populares de oído. Pronto pasó a la guitarra y empezó a participar en concursos de radio locales. En aquellos años 50, ganar un concurso de radio en el pueblo era la única vía de escape para un chico de familia obrera que soñaba con algo más que la mina o el ferrocarril. Víctor Manuel no fue un niño de grandes lujos académicos, pero sí de una observación aguda. Creció viendo las huelgas silenciosas, el miedo de las mujeres cuando sonaba la sirena de la mina —señal de accidente— y la solidaridad vecinal.
«Yo nací en un pueblo con olor a carbón y hierba mojada»
Esa conciencia social no la aprendió en los libros, sino jugando entre las casas de los mineros y escuchando las historias de represión y supervivencia de sus vecinos. A los 16 años, su infancia y adolescencia en Asturias terminaron de golpe cuando decidió marcharse a Madrid para intentar ser artista. Se llevó con él el acento, las historias de los mineros y una maleta llena de canciones que hablaban de su tierra. Aunque se convirtió en una estrella, nunca dejó de ser «el hijo del ferroviario de Mieres». Víctor Manuel siempre dice que, aunque ha vivido décadas en Madrid, sigue escribiendo canciones «con olor a carbón y a hierba mojada», dejando claro que su infancia en Asturias es su verdadero hogar creativo.
Para entender cómo era el Mieres de finales de los años 40 y la década de los 50, hay que imaginar una ciudad que no dormía, envuelta en una neblina perpetua que no era solo meteorológica, sino de polvillo de carbón. En aquella época, Mieres era el motor industrial de España y el epicentro de la lucha obrera. El aire estaba cargado de los humos de la Fábrica de Mieres (la siderurgia) y del hollín de las locomotoras. Era habitual que las amas de casa miraran al cielo antes de tender la ropa; si el viento soplaba de la fábrica, la colada blanca se volvía gris en minutos. En aquel entonces, el río que atraviesa la ciudad bajaba negro. Se decía que «el río no llevaba agua, llevaba carbón», debido al lavado del mineral en las minas cercanas. El ritmo de la localidad, además, lo marcaban las minas y sus sirenas.

Había tres turnos de trabajo y el cambio de turno era un desfile constante de hombres con la cara tiznada y el «fardel» —el tupper con la comida—. El sonido de los trenes de vía estrecha y el traqueteo de las vagonetas por los castilletes formaban la banda sonora permanente de la infancia del cantante. A pesar de la dureza, era un Mieres vibrante y con mucha vida en la calle. El Chigre era el centro social absoluto. Los hombres se reunían allí para beber sidra o vino, jugar al dominó y, sobre todo, para hablar en susurros sobre política o sobre el tajo. El mercado de Mieres era —y es— famosísimo. Bajaba la gente de los pueblos de montaña con sus productos y se mezclaban con los obreros, creando un bullicio de comercio y vida que Víctor Manuel recordaría siempre como un estallido de humanidad.
Muchos obreros vivían en los famosos poblados mineros, casas bajas construidas por las empresas para sus trabajadores. Eran viviendas humildes, a menudo pequeñas para familias numerosas, donde la vida se hacía mucho en el portal o en la calle. No había grandes lujos, pero sí una sensación de comunidad que hoy se ha perdido. Han sido varias las ocasiones en las que Víctor Manuel ha hablado sobre cómo fue su infancia. De las cosas que recuerda el cantante es la falta de luz y la presencia de carbón, como algo que definía su día a día. «Yo nací en un pueblo que era negro, gris y verde. El río Caudal bajaba negro, las fachadas de las casas eran grises por el humo de la fábrica y solo si mirabas hacia arriba veías el verde de la montaña. Era un mundo de hollín y humedad», explicó en una ocasión.
«Mi abuelo murió con los pulmones llenos de carbón»
Además, como decíamos, una de las personas que marcó su vida fue la figura de su abuelo. «Mi abuelo Víctor era un hombre de una pieza. Murió con los pulmones llenos de carbón, como tantos otros, pero nunca le oí una queja. Para mí, él representaba la dignidad absoluta del que trabaja toda la vida y no pide nada a cambio», apostilló. En una entrevista para el país, además, confesó cómo había vivido el clima político de la época. «En mi casa se hablaba poco de política porque el miedo era una niebla que lo cubría todo. Yo veía a los mineros ir a la huelga en silencio, sin pancartas, y entendía que allí estaba pasando algo grave. Crecí viendo cómo a la gente se la llevaban o cómo se quedaban sin trabajo de un día para otro», recordó en el mencionado diario.
Sin duda alguna, la crudeza de la sociedad fue algo que le marcó mucho para siempre. «Éramos pobres, pero no lo sabíamos porque todos a nuestro alrededor eran igual de pobres. En Mieres, si a un vecino le faltaba un trozo de pan, el otro se lo partía. Esa solidaridad es algo que no he vuelto a ver con tanta pureza en ningún otro sitio», contó. Y es que su infancia fue el resultado «de un tiempo de silencio, carbón y esperanza reprimida». Sus padres, en casa, siempre le mostraron su lado más humano. «De mis padres aprendí que la dignidad no tiene que ver con el dinero. Me enseñaron que podías ser el último en la escala social, pero que si eras una persona de palabra y honesta, nadie podía pasarte por encima. Ese orgullo de clase me lo tatuaron ellos sin decir ni una palabra, solo con el ejemplo», contó.
Aunque eso sí, dedicarse al mundo de la música no fue una decisión fácil. «Mi padre no entendía que yo quisiera ser libre; él solo quería que yo estuviera seguro. Con el tiempo comprendí que su falta de apoyo inicial era solo miedo disfrazado de severidad. Él quería protegerme de un mundo que a él le había dado muchos palos», apostilló en una entrevista.
Se marchó a Madrid a los 16 años
La carrera de Víctor Manuel es la crónica viva de la transición española y uno de los pilares fundamentales de la canción de autor en nuestro país. Tras un inicio titubeante en la década de los 60 como cantante de festivales, su trayectoria dio un giro radical al abrazar sus raíces asturianas con temas como El abuelo Víctor o Paxarinos, que lo situaron como un renovador de la música popular con una carga lírica inaudita. A medida que avanzaban los años 70, su compromiso político se hizo explícito, enfrentándose a la censura del franquismo y convirtiéndose en un símbolo de la resistencia cultural, logrando hitos como el álbum de directo Mucho más que dos o composiciones atemporales como Solo pienso en ti, que demostraron su capacidad para elevar historias cotidianas y sociales a la categoría de himnos.

Un aspecto inseparable de su éxito profesional es su alianza artística y personal con Ana Belén. Juntos han formado la pareja más icónica de la escena española, protagonizando giras históricas como El gusto es nuestro (1996) junto a Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos, que batió récords de audiencia y consolidó su estatus de leyendas de la música en castellano. Como compositor, Víctor Manuel ha demostrado una versatilidad asombrosa, transitando desde el folk más puro y la canción protesta hasta el pop melódico sofisticado y la producción discográfica, firmando algunas de las canciones más bellas del cancionero español como España camisa blanca de mi esperanza o La Puerta de Alcalá.
En este 2026, tras haber celebrado sus bodas de oro en la música y haber publicado sus memorias, Víctor Manuel sigue siendo una figura activa y respetada que huye de la nostalgia complaciente. Su carrera se caracteriza por una integridad inusual; ha sabido envejecer con dignidad sobre los escenarios, adaptando su voz y sus temáticas a los nuevos tiempos sin traicionar nunca su esencia de «hijo de la cuenca minera». Con decenas de discos a sus espaldas y premios como el Grammy Latino a la Excelencia Musical, su legado no solo se mide en ventas de discos, sino en su capacidad para haber puesto banda sonora a los cambios sociales de todo un país durante más de seis décadas.
