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Jesús Calleja abre las puertas de su colorido salón que huye del minimalismo y lo tradicional

El presentador de Cuatro vive en la localidad leonesa de Golpejar de la Sobarriba rodeado de paz y mucho equilibrio

Jesús Calleja abre las puertas de su colorido salón que huye del minimalismo y lo tradicional

Jesús Calleja, en una imagen de archivo. | Gtres

Jesús Calleja pasa la mayor parte de su vida fuera de su casa. El presentador de Planeta Calleja está, la mayor parte del tiempo, de un lado para otro, enfrentándose a distintas aventuras, poniendo su cuerpo al límite y haciéndolo acompañado de famosos que no se resisten a vivir una experiencia que les cambiará la vida. A pesar de todo, Calleja sigue manteniendo su base en un pequeño pueblo de León, donde posee un bonito chalé y en el que cuenta hasta con un helipuerto para poder combinar su vida personal y profesional. Pero lo que más llama la atención de su vivienda, sin lugar a dudas, es el salón, una de las zonas más acogedoras y especiales.

La casa de Jesús Calleja, situada en Golpejar de la Sobarriba —una pequeña localidad que se ubica muy cerca de León—, es exactamente como esperarías que fuera el refugio de un aventurero: un equilibrio perfecto entre tecnología punta, respeto por la naturaleza y un punto de «base de operaciones» de película. No es solo una vivienda; es un proyecto personal que él mismo ha ido ampliando y mejorando para convertirlo en uno de los hogares más eficientes y curiosos de España. Hay que tener en cuenta que Calleja es un obseso de la ecología real, no solo de boquilla. Su casa es prácticamente autosuficiente.

La casa de Jesús Calleja en Golpejar de la Sobarriba

La vivienda está repleta de placas solares de última generación y sistemas de aerotermia. Uno de los objetivos, con su casa, ha sido siempre el de reducir la huella de carbono a su mínima expresión, utilizando materiales aislantes que mantienen la temperatura sin apenas gastos. El jardín no posee un césped típico sino que es un espacio donde conviven plantas diversas con un diseño que, además, requiere poca cantidad de agua. Lo que hace única a esta casa son los espacios dedicados a sus pasiones. El presentador de Cuatro entrena a diario y tiene una zona equipada para mantener el estado físico que le exigen sus expediciones.

Además, en su garaje se resguardan distintos modelos que hacen delicias de cualquier persona que sea un apasionado del moto y del deporte. Allí guarda sus bicicletas de montaña, su equipo de escalada y, por supuesto, sus vehículos de rally —como los que usa para el Dakar— y su helicóptero. Desde su oficina gestiona su productora (Zanskar Producciones). Está llena de mapas, maquetas de montañas y recuerdos de sus viajes por todo el mundo. Para Jesús, su casa es su santuario después de meses durmiendo en tiendas de campaña o selvas. Vive allí con su hijo adoptivo, Ganesh, y es muy habitual ver en sus redes sociales a sus perros, que tienen libertad total por la finca. Además, se trata de una casa abierta, en la que hay hueco para sus amigos y familiares.

Una casa ‘eco’ con mucha naturaleza y volcada en el deporte

A pesar de ser una estrella de la tele, Calleja presume de su vida de pueblo. Tiene su propio huerto ecológico del que presume constantemente, cultivando sus propios tomates y legumbres. Se siente un leonés de pura cepa y su casa es su forma de anclarse a la tierra después de dar la vuelta al mundo mil veces. Como decíamos, uno de los pulmones de la vivienda es el salón, que no es de lo más convencional. Lo primero que impacta al entrar son los enormes ventanales de suelo a techo que ocupan prácticamente toda la fachada frontal. Calleja buscaba un efecto panorámico: desde el sofá puedes ver las tormentas entrar por la montaña o los cambios de luz sobre los campos de León. No hay cortinas pesadas ni persianas que rompan la vista; la naturaleza es el cuadro principal.

El salón huye del minimalismo frío y apuesta por materiales nobles. En el suelo, Jesús utiliza una madera clara, probablemente roble tratado, que aporta calidez y permite andar descalzo —algo que a él le encanta—. El suelo tiene calefacción radiante, lo que permite que el espacio sea diáfano sin radiadores que estorben. Los techos son de gran altura, a menudo dejando ver vigas de madera o estructuras que dan una sensación de amplitud tipo loft de montaña. El sofá es una de las piezas más importantes y tiene unas dimensiones generosas, generalmente en tonos neutros (grises o tierras), dispuesto en forma de «L» para orientarse tanto hacia los ventanales como hacia la chimenea. Es el centro de operaciones donde se sienta con sus perros y su hijo Ganesh.

Por su parte, la chimenea es una pieza de diseño moderno, integrada en la pared o tipo exenta con cristal de seguridad. No es solo estética; es el corazón térmico del salón en los duros inviernos leoneses, aunque convive con su sistema de aerotermia. En las estanterías y en las paredes no hay adornos. Es más, lo que nos encontramos es una gran presencia de literatura de viajes y atlas. También, hay pequeñas figuras, cuencos o detalles traídos de sus viajes al Tíbet, Nepal o el Amazonas. Son objetos con alma que cuentan historias. Ha colocado, además, algunas fotos de gran formato de sus expediciones más extremas o de paisajes que le han marcado, aunque prefiere que el paisaje real sea el que domine a través del cristal. Como buen apasionado de la tecnología, el salón está totalmente domotizado.

Un salón poco tradicional, con ventanales y volcado con las nuevas tecnologías

Dispone de un sistema de audio integrado de alta fidelidad para escuchar música —le gusta mucho el rock y la música ambiental—. La iluminación es indirecta, mediante LED ocultos que permiten crear diferentes «escenas» según la hora del día, evitando reflejos molestos en los cristales por la noche. Además, el salón está conectado a la cocina. Esto refleja su estilo de vida: mientras se cocina o se toma algo, se puede seguir conversando con quien está en el sofá. Es un espacio pensado para la hospitalidad, donde han pasado decenas de invitados famosos que siempre destacan lo acogedor que resulta a pesar de su tamaño.

Además de su casa, la localidad en la que reside también ha marcado siempre su día a día. Golpejar se encuentra a apenas 10 o 15 minutos en coche del centro de León. Lo que lo hace especial es su altitud y su posición. Está situado en una zona de pequeñas lomas (la Sobarriba), lo que permite que el pueblo funcione como un mirador natural. Desde allí, en los días claros, tienes una panorámica brutal de la capital leonesa y, al fondo, el telón de fondo de las cumbres de la Cordillera Cantábrica. Es, ademáss, una zona de terreno ondulado, con un paisaje castellano-leonés y rodeado de pistas de tierra perfectas para practicar, por ejemplo, bicicleta de montaña. Golpejar no es el típico pueblo de postal de piedra del Pirineo, sino un núcleo rural tradicional que ha ido evolucionando.

Es un pueblo donde apenas viven un centenar de personas de forma permanente. No hay semáforos, no hay centros comerciales, y el ruido principal es el del viento o el de algún tractor. Es el sitio ideal para alguien que vive rodeado de cámaras y aeropuertos y que busca desaparecer. Calleja, además, hace vida en esta localidad, donde se le ve, a menudo, tomando algo en los bares del pueblo o charlando con los paisanos. Los inviernos son especialmente fríos, con heladas frecuentes y cielos muy limpios. No es raro que nieve y el pueblo se quede completamente blanco, lo que convierte la casa de Calleja en una estampa de postal nórdica.

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