La vida de Ernesto García, el ingeniero que ganó el primer bote de 'Pasapalabra': «Me sirvió para asegurar mi futuro»
Esta semana el concurso de Antena 3 tendrá nuevo ganador, quien se hará con un bote de más de dos millones de euros

Ernesto García, en una imagen de Antena 3.
Pasapalabra entrega, esta semana, el mayor premio en su historia. Serán Manu o Rosa quienes se harán con el ansiado rosco, valorado en más de dos millones y medio de euros, en los próximos días. Por el momento, desde el programa de Antena 3 no han confirmado qué día se producirá este momento histórico, aunque sí que han ido dejando varias pistas que apuntan a que será en las próximas jornadas. Lo cierto es que Rosa y Manu son dos de los rostros más históricos del formato y, sobre todo, a quienes el público les ha cogido más cariño. Pero antes de ellos, también pasaron por el concurso otros nombres como los de Rafa Castaño o Ernesto García, quien se convirtió en el primer ganador del formato cuando los premios comenzaron a entregarse en euros.
García hizo historia en el programa cuando se emitía en Antena 3 —antes de comenzar su etapa en Telecinco y de volver al canal grande de Atresmedia— y lo presentaba Silvia Jato. Por aquel entonces, Ernesto era un joven ingeniero de Madrid que fue capaz de completar El Rosco y se llevó un premio de 552.000 euros. Hasta ese momento, todos los premios se habían entregado en pesetas, la moneda que dejó de usarse en nuestro país a principios de los 2000. Fue un momento de muchísima tensión, ya que en aquella época no era tan común ver ganar botes tan altos. Se convirtió en el mayor premio entregado por un concurso en Antena 3 hasta ese momento.
Ernesto, el primer ganador del bote de ‘Pasapalabra’ en euros
Ernesto era ingeniero industrial, una profesión que marcó su forma de concursar: era metódico, analítico y muy templado bajo presión. No fue un ganador «relámpago»; tuvo que demostrar su valía durante varios programas, ganándose el cariño del público por su humildad y su imagen de «chico serio pero brillante». A diferencia de los concursantes actuales, que a menudo se convierten en personajes mediáticos, Ernesto representó al ganador tradicional de los años 2000. Tras cobrar el premio, desapareció casi por completo del foco mediático. No buscó hacer carrera en la televisión.
Utilizó el dinero para lo que la mayoría de los jóvenes ingenieros de la época soñaban: comprarse una casa y establecer su propio negocio. Siempre declaró que el dinero no le iba a cambiar la personalidad, sino que le daría «tranquilidad» para ejercer su profesión sin las angustias económicas típicas de un profesional joven. Ernesto García pertenece a la «edad de oro» de los primeros grandes ganadores de Pasapalabra, junto a otros nombres como Manuel Romero —el jerezano que ganó poco después—. Su victoria ayudó a que el programa se consolidara como el líder absoluto de las tardes, creando la estructura de «héroes cotidianos» que el programa mantiene hasta hoy.
«Me va a permitir establecerme por mi cuenta y trabajar en lo que me gusta»

En ese momento, Ernesto confesó que con el premio había decidido comprarse «un piso y un coche». El resto, además, lo admitió para «asegurar» su futuro profesional. «Este premio me va a permitir establecerme por mi cuenta y trabajar en lo que me gusta con una tranquilidad que antes no tenía», apostilló. Además, afirmó que estaba seguro que el dinero no iba a cambiarle. pero sí le iba a dar «la libertad» de «no tener que aceptar proyectos solo por necesidad económica». En aquel 2003, el mercado inmobiliario en Madrid empezaba a estar muy tensionado, por lo que su deseo de «comprarse un piso» fue visto por la audiencia como el sueño más realista y compartido de cualquier joven español.
En todo este tiempo, Ernesto no ha vuelto a la primera línea pública. A pesar de que Pasapalabra ha organizado numerosos Especiales de Campeones —como el Duelo de Campeones de 2023 o las ligas especiales de 2024—, Ernesto ha declinado participar por varias razones. Como ingeniero industrial, se ha centrado por completo en su sector. Ademas, siempre dejó claro que el concurso fue un medio para un fin —estabilidad económica— y no el inicio de una carrera televisiva. Al haber ganado en el año 2003, el ritmo de estudio y preparación que exigen los concursantes «profesionales» de hoy —que estudian el diccionario 8 horas al día— está muy alejado de la experiencia más lúdica de su época.
Esta semana, el programa entrega su bote a Rosa o Manu

Se sabe que reside en Madrid —aunque es natural de Albacete— y que ha cumplido lo que prometió en su día: vive una vida de clase media acomodada gracias a su trabajo y a la base que le dio aquel premio de 555.000 euros. No tiene redes sociales públicas conocidas ni busca el reconocimiento de los fans del programa. Casi un año después de su victoria fue Manolo Romero quien se llevó el bote. Así, este hombre, jerezano de nacimiento, resolvió las más de 20 letras de El Rosco, llevándose más de un millón de euros, superando la barrera del millón, algo que no se había conseguido en los años de emisión. Al contrario que su antecesor, Manolo ha pasado por distintos formatos de televisión. Es más, formó parte de uno de los equipos de ¡Boom!, Los Dispersos, donde se llevó más de un millón de euros.
Como decíamos, será o Rosa o Manu quien se llevará el bote de Pasapalabra. Manu, de 26 años, es psicólogo de formación y con una preparación enciclopédica. Representa al nuevo tipo de concursante profesional, es decir, metódico, con una memoria prodigiosa para los cerrojos —las palabras difíciles— y una calma gélida en el atril. Rosa, por su parte, es administrativa en un colegio, con una cultura general muy sólida y un estilo de juego mucho más intuitivo y emocional. Rosa se convirtió en la matagigantes, ya que llegó al programa con menos nombre mediático pero demostró una tenacidad increíble.
