La desgraciada vida de Virginia, la víctima de Epstein que denunció al príncipe Andrés y se suicidó en 2025
La mujer publicó sus memorias póstumas en las que admitió que su vida había sido una «condena perpetua»

Virginia, en una imagen de archivo. | Gtres
En estos últimos días hemos podido conocer nuevos correos del depredador sexual, Jeffrey Epstein, donde sigue dejando constancia que hizo pasar un auténtico infierno a infinidad de mujeres. Además, a los nombres que ya conocíamos que habían tenido relación con él —como los de Donald Trump o el príncipe Andrés— han surgido nuevos rostros que también mantenían una comunicación constante con el productor cinematográfico. Entre ellos, nos encontramos con la princesa Mette-Marit de Noruega, quien se mandó varios mails con Epstein. Además, en esta historia no podemos dejar de mencionar a Virginia Giuffre, una de sus primeras víctimas y que denunció al príncipe Andrés. La mujer acabó suicidándose en abril de 2025.
La vida de Virginia Giuffre (nacida Virginia Roberts en 1983) es una de las crónicas más desgarradoras y, a la vez, valientes de la justicia contemporánea. Pasó de ser una joven vulnerable atrapada en una red de explotación a convertirse en la mujer que puso en jaque a la monarquía británica y a la élite global. Virginia creció en un entorno familiar complicado en Florida. A los 17 años, mientras trabajaba como asistente en el vestuario del club Mar-a-Lago de Donald Trump, fue abordada por Ghislaine Maxwell.
Virginia Giuffre y cómo entró en la vida de Epstein

Maxwell la reclutó con la promesa de una carrera como masajista profesional. En su lugar, fue introducida en el círculo de Jeffrey Epstein. Virginia denunció haber sido «esclavizada sexualmente» durante años, siendo trasladada entre las residencias de Epstein en Nueva York, Florida, las Islas Vírgenes y Nuevo México. Virginia fue la única víctima que se atrevió a señalar directamente a un miembro de la realeza británica: el príncipe Andrés, duque de York. Afirmó que Maxwell y Epstein la obligaron a mantener relaciones sexuales con el príncipe en tres ocasiones —en Londres, Nueva York y la isla privada de Epstein— cuando ella aún era menor de edad según algunas legislaciones estadounidenses.
Además, también existe una fotografía —cuya autenticidad el príncipe siempre cuestionó— donde se ve a Andrés rodeando la cintura de una joven Virginia en la casa de Maxwell en Londres. Tras años de ser silenciada por acuerdos extrajudiciales previos, en 2021 Virginia presentó una demanda civil en Nueva York bajo la Ley de Víctimas Infantiles. En febrero de 2022, antes de llegar a juicio, el príncipe Andrés aceptó pagar una suma millonaria —estimada en más de 12 millones de euros— a la fundación de Virginia y para evitar el proceso legal. Aunque no hubo admisión de culpabilidad, el acuerdo supuso el fin de la vida pública del príncipe y su despojo de honores militares.
Intentó reconstruir su vida en Australia, pero su esfuerzo fue en vano

A pesar del trauma, Virginia intentó reconstruir su vida en Australia, donde se casó con Robert Giuffre y tuvo tres hijos. Gracias a su fundación, Speak out, act, reclaim, se dedicó a ayudar a otras víctimas de trata y a presionar por cambios legislativos para que los delitos sexuales no prescribieran. Se convirtió en el símbolo de que «nadie, por muy poderoso que sea, está por encima de la ley». Como mencionamos antes, el peso del pasado y las batallas legales constantes minaron su salud mental. Virginia se quitó la vida en abril de 2025. Su muerte causó una conmoción mundial, especialmente entre los grupos de supervivientes que la veían como su líder. Su libro Nobody’s Girl se publicó meses después de su muerte, convirtiéndose en un éxito de ventas y revelando nuevos detalles sobre cómo la red de Epstein operaba con la complicidad de instituciones financieras y gobiernos.
La vida de Virginia Giuffre cambió la percepción social sobre el consentimiento y la trata de blancas. Su testimonio fue fundamental para que Ghislaine Maxwell fuera condenada a 20 años de prisión en 2022. Sin duda alguna, su testimonio también marcó un antes y un después en la vida pública del príncipe Andrés. El punto de no retorno fue su entrevista en el programa Newsnight. Pensando que podría limpiar su nombre, Andrés cometió errores fatales. En ese momento, el hijo de la reina Isabel no mostró arrepentimiento por su amistad con un pedófilo ni compasión por las víctimas. También, afirmó que no podía haber sudado en una discoteca —como describía Virginia Giuffre— debido a una supuesta sobredosis de adrenalina durante la Guerra de las Malvinas, y que estaba en un Pizza Express en Woking el día de uno de los encuentros denunciados.
Su testimonio que apunta al príncipe Andrés

La entrevista fue tan desastrosa que la Casa Real lo obligó a retirarse de sus funciones públicas a los pocos días. Cuando la demanda civil de Virginia Giuffre fue admitida a trámite en Nueva York, la reina Isabel II tomó la decisión más dolorosa para proteger la institución. De esta manera, se le prohibió el tratamiento de «Alteza Real» en contextos oficiales. También, le fueron retirados sus títulos militares y sus patronazgos reales —más de 100 organizaciones rompieron vínculos con él—. En febrero de 2022, pagó una cifra estimada en 14 millones de libras para evitar ir a juicio. Se dice que gran parte del dinero fue prestado por su madre, la Reina, lo que generó una enorme indignación en la opinión pública británica. Tras la muerte de la reina, su hermano, Carlos III, mantuvo una postura aún más fuerte.
Se le prohibió tener despacho en el palacio y usarlo como dirección postal. Carlos III ha intentado durante años desalojarlo de su mansión de 30 habitaciones en Windsor para que se mude a una propiedad más modesta (Frogmore Cottage), llegando a retirarle la asignación económica para su seguridad privada en 2024. Es más, solamente aparece en eventos familiares privados o ceremonias donde su presencia es inevitable (como funerales), pero siempre en un segundo plano y sin uniforme militar. La noticia del suicidio de Virginia en abril de 2025 reabrió todas las heridas. La opinión pública volvió a señalarlo, vinculando indirectamente el trágico final de la víctima con el desgaste emocional de la batalla legal que él libró.
Se acabó suicidando en abril de 2025
La publicación del libro póstumo de Giuffre a finales de 2025 incluyó detalles inéditos que han hecho imposible cualquier intento de rehabilitación pública para el duque. La muerte de Virginia Giuffre se produjo en términos extremadamente desgarradores, marcados por el agotamiento emocional y la sensación de que, a pesar de sus victorias legales, nunca pudo escapar de la sombra de Jeffrey Epstein. Virginia fue hallada sin vida en su casa de Perth, Australia Occidental, donde residía desde hacía años con su marido, Robert Giuffre, y sus hijos. En los meses previos, su entorno admitió de un deterioro importante de su salud mental.
A pesar de haber recibido millones de euros en el acuerdo con el príncipe Andrés, Virginia solía decir que «el dinero no borra las imágenes». Se sentía una figura polarizante. Mientras que para el mundo era una heroína, ella sufría el acoso constante en redes sociales por parte de defensores de las figuras poderosas a las que había denunciado. Además, en los últimos tiempos, estaba inmersa en nuevos procesos judiciales, incluyendo una compleja batalla por la custodia de sus hijos y enfrentamientos con otros miembros de la red de Epstein que seguían en libertad.
