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Gómez y Verdú, experta en protocolo: «La actitud del príncipe Haakon puede percibirse con frialdad»

La princesa de Noruega se enfrenta al juicio de su hijo, Marius, que ha comenzado esta misma semana en Oslo

Gómez y Verdú, experta en protocolo: «La actitud del príncipe Haakon puede percibirse con frialdad»

Mette-Marit junto a Haakon. | Gtres

La Casa Real noruega vive uno de los momentos más tensos de su historia. Esta misma semana comienzan las sesiones del juicio contra Marius Borg, el hijo de la princesa Mette-Marit, quien ha sido acusado de infinidad de delitos, pasando por abuso sexual. Sumado a esto, el pasado domingo, el joven fue detenido al haber quebrantado la orden de alejamiento y fue mandado a un hospital, donde le han visitado tanto su madre como el príncipe Haakon y su hermana, la princesa Ingrid Alexandra. Una red de apoyo de la que Marius ha podido disfrutar en todo este tiempo, ya que su familia nunca le han dejado de lado, a pesar de la gravedad de las acusaciones.

A esto, además, hay que añadirle un último escándalo que hemos conocido en las últimas horas; la princesa aparece en los correos que se han desclasificado de Jeffrey Epstein. Así, la mujer del príncipe Haakon mantuvo contacto con el depredador sexual durante unos años. Concretamente, después de 2011, cuando Epstein ya había sido condenado. En los mismos, además, ambos hablaban de la vida cotidiana de palacio y, también, la princesa se sinceró con él sobre los viajes que hacía y los eventos a los que acudía. Todo esto hace que el futuro de Mette-Marit esté más desdibujado que nunca y, sobre todo, que se haya puesto en entredicho su continuidad dentro de la Corona.

Qué está pasando en la Casa Real noruega: los correos de Epstein y Marius

Ni Mette-Marit ni Haakon se han pronunciado al respecto. | Gtres

Desde THE OBJECTIVE hemos hablado con María José Gómez y Verdú, experta en protocolo, para saber cómo tendrá que actuar la Casa Real noruega. «La Casa Real de Noruega vive actualmente uno de esos momentos en los que el protocolo ya no puede amortiguar el golpe. No porque haya fallado la puesta en escena institucional, que sigue siendo correcta, discreta y respetuosa, sino porque los desafíos proceden del terreno más difícil de blindar: las relaciones personales y familiares», apostilla la especialista. Y es que, como bien señala Gómez y Verdú, las monarquías constitucionales «no se sostienen solo en la tradición, sino en la ejemplaridad percibida». Es más, no se exige perfección, pero sí «criterio».

«Y el criterio es precisamente lo que entra en cuestión cuando reaparecen episodios del pasado como la relación social que mantuvo la princesa heredera Mette-Marit con Jeffrey Epstein», apunta la experta. «Aunque se trata de hechos ya conocidos y por los que ella misma expresó arrepentimiento público, el problema no es cronológico, sino simbólico. En las Casas Reales, las amistades, los contactos y los entornos no son solo personales: proyectan legitimidad. El protocolo no regula con quién se puede hablar, pero sí advierte, explícita o implícitamente, que la cercanía a figuras controvertidas erosiona el capital más valioso de una monarquía: la autoridad moral», añade.

«En protocolo, esta zona gris tiene nombre: ‘entorno de la Corona’»

El príncipe Haakon de Noruega, su mujer Mette-Marit y su hijo Marius Borg. | Gtres

Además, como ya hemos comentado, a esto se le suma «otra dimensión aún más delicada», sobre todo desde el punto de vista institucional; la situación judicial que afecta a Marius Borg. «Aunque no forma parte de la estructura oficial de la Casa Real ni desempeña funciones representativas, la percepción pública no distingue con tanta precisión entre lo institucional y lo íntimo. En protocolo, esta zona gris tiene nombre: ‘entorno de la Corona’», explica la experta en protocolo. Y es que el entorno «importa», ya que siempre «ha importado». «Porque la monarquía no es solo una jefatura de Estado, es también una familia observada. Y cuando una figura cercana al núcleo real se ve envuelta en un proceso judicial, la institución no es responsable legalmente, pero sí se ve afectada reputacionalmente. No por culpa, sino por proximidad», apostilla.

Es en ese momento cuando aparece un «principio fundamental contemporáneo»; la «ejemplaridad directa». «No basta con que quien ostenta el rango actúe correctamente; también se espera que su entorno no comprometa la imagen de estabilidad, sensatez y responsabilidad que la Corona representa. No es una exigencia jurídica, es una expectativa social. Y las monarquías viven precisamente de gestionar esas expectativas», cuenta la experta en protocolo. Y es que, hasta el momento, el príncipe-heredero Haakon ha optado por «una postura institucionalmente impecable» con «respeto a la independencia judicial y distancia respecto a los asuntos privados».

«Lo que no puede hacer es exigir inmunidad emocional a la opinión pública»

Es más, si echamos un vistazo al manual de protocolo constitucional, es «la respuesta correcta». «Pero desde la sensibilidad pública, esa corrección puede percibirse como frialdad, y ahí surge la brecha entre lo que es adecuado institucionalmente y lo que resulta emocionalmente satisfactorio para la ciudadanía», explica Gómez y Verdú. Así, el papelón de «la monarquía noruega» no reside «en un escándalo concreto», sino en «la coincidencia de dos factores que afectan al mismo núcleo familiar y que reactivan un debate más amplio: ¿puede una institución basada en la representación moral mantenerse indemne cuando su esfera privada se vuelve problemática?».

La respuesta, así, es clara, pero, a la vez, «incómoda». «La institución sobrevive si mantiene la coherencia, la transparencia dentro de sus límites y el respeto absoluto al Estado de derecho. Lo que no puede hacer es exigir inmunidad emocional a la opinión pública. La confianza no se impone; se reconstruye con tiempo, prudencia y una conducta irreprochable sostenida en el tiempo», apunta Gómez y Verdú. Y es que, hoy más que nunca, la monarquía noruega «enfrenta una lección clásica del protocolo que a menudo se olvida: la dignidad institucional no se pierde por un error, sino por la acumulación de imprudencias que debilitan el relato de sensatez. Y cuando ese relato se resquebraja, ningún ceremonial consigue ocultarlo».

Cronología del escándalo que ha empañado a la Casa Real noruega

La princesa Ingrid junto a su madre, Mette-Marit. | Gtres

Fue en agosto de 2024 cuando Marius fue detenido tras un altercado violento en el apartamento de una joven en Oslo. Poco después, él mismo emitió un comunicado admitiendo haber agredido a su entonces pareja bajo los efectos del alcohol y la cocaína, alegando además sufrir trastornos mentales. A raíz de esa primera denuncia, el caso se expandió rápidamente. Varias de sus exnovias —como las influencers Nora Haukland y Juliane Snekkestad— alzaron la voz denunciando años de violencia física y psicológica. Además, a lo largo de 2024 y 2025, la lista de delitos imputados creció hasta sumar 38 cargos, que incluyen cuatro acusaciones de violación, maltrato habitual, amenazas con armas blancas —un cuchillo—, posesión de drogas y conducción temeraria. Marius fue arrestado de nuevo a finales de 2024 y otra vez en febrero de 2026, justo antes del inicio de su juicio, por quebrantar repetidamente las órdenes de alejamiento y contactar con las víctimas.

El escándalo no solo afecta a Marius —quien no tiene títulos reales ni funciones oficiales, pero vive en la finca real de Skaugum—, sino a toda la institución. Se ha cuestionado mucho el papel de la princesa. Se reveló que ella contactó con la víctima principal tras la primera agresión, lo que fue visto por algunos como un intento de mediación o presión. Además, resurgieron polémicas sobre sus vínculos pasados con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. El heredero ha tenido que lidiar con la prensa internacional en cada acto público, calificando la situación de «grave» y «difícil», pero intentando mantener la distancia institucional.

En estos momentos, el juicio oral ha comenzado en Oslo. Así, Marius se enfrenta a una posible condena de hasta 16 años de prisión. Marius ha reconocido los delitos menores —drogas, amenazas—, pero niega rotundamente las acusaciones de violación y maltrato habitual. Además, las imágenes de los príncipes y su hija visitando al joven al hospital ha supuesto, también, un factor más de resquemor.

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