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La infancia de Manu ('Pasapalabra') en la sierra de Madrid: «Era el típico niño 'preguntón'»

El madrileño puede hacerse con el bote más alto del programa de Antena 3, esta misma noche, al enfrentarse contra Rosa

La infancia de Manu (‘Pasapalabra’) en la sierra de Madrid: «Era el típico niño ‘preguntón’»

Manu, en una imagen en 'Pasapalabra'. | Antena 3

Manu es uno de los concursantes que esta noche puede llevarse, esta misma noche, el mayor bote de Pasapalabra. Así, el madrileño tendrá que hacer valer su destreza frente a Rosa, quien tampoco se lo pondrá fácil. En todos estos meses que lleva Manu en su silla, el joven nos ha ido dejando distintas pinceladas sobre su lado más personal. Así, hemos podido conocer más datos sobre su lado más personal, lo que incluyen ciertos detalles sobre su infancia.

Manu Pascual no es solo un concursante de televisión; es ya un icono de la cultura popular en este 2026. Vecino orgulloso de Collado Villalba (Madrid), este psicólogo de formación y editor de profesión ha demostrado que, detrás de su eterna sonrisa y su aspecto juvenil, se esconde una de las mentes más brillantes y enciclopédicas que han pisado el plató de Antena 3. Si algo define a Manu en el atril es su capacidad para gestionar la presión. A diferencia de otros concursantes que prefieren la seguridad, Manu es un jugador d instinto. Es famoso por sus remontadas épicas: esos momentos en los que, con apenas 10 segundos en el marcador, encadena una serie de aciertos vertiginosos que dejan mudo al público y a su rival.

El paso de Manu por ‘Pasapalabra’

Manu, el concursante estrella de ‘Pasapalabra’. | Redes sociales

Su profesión como corrector de textos ha sido su mejor entrenamiento. Manu no solo conoce las palabras, entiende su arquitectura. Su dominio de la RAE es casi quirúrgico, lo que le permite salir airoso de las definiciones más rebuscadas, especialmente en términos técnicos o arcaísmos que para otros serían imposibles. Su relación con Rosa Rodríguez —la concursante de O Porriño— ha elevado el programa a otro nivel. Juntos han protagonizado la rivalidad más longeva de la historia del concurso, superando los 300 duelos directos. Lo que el público más valora de Manu es su nobleza: ha celebrado los aciertos de Rosa casi tanto como los suyos, demostrando que la competitividad no está reñida con la elegancia.

Detrás de sus más de 300 programashay un trabajo invisible agotador. Manu es conocido por sus famosas libretas manuscritas, donde anota cada palabra traicionera” que aparece en sus sesiones de estudio. Ha rozado el bote en más de 15 ocasiones, quedándose a una sola palabra de la gloria (el temido 24 de 25). Su capacidad para volver al día siguiente con la misma ilusión es lo que lo ha convertido en un ejemplo de constancia. Fuera del Rosco, además, Manu es amante del barrio y, siempre que puede, reivindica sus raíces en Villaverde. Su bagaje cultural se nutre de su pasión por el cine clásico y la lectura voraz.

Su complicidad con Roberto Leal ha regalado algunos de los momentos más divertidos del programa, demostrando que, además de un sabio, es un gran comunicador. Manu creció en Collado Villalba, en la sierra de Madrid. Se define como un niño de barrio, de los que jugaban en la calle y crecieron en un ambiente humilde pero muy rico en valores. Esta infancia le ha dado esa «cultura del esfuerzo» que tanto menciona: en su casa aprendió que para conseguir algo grande —como un bote de 2,7 millones— hay que trabajar más que nadie.

Su infancia en Collado Villalba, en Madrid

Mientras otros niños se centraban solo en el balón, Manu era un lector voraz. Se dice que de pequeño no se separaba de los libros y que tenía una curiosidad insaciable por el significado de las palabras. Su juego favorito no eran siempre los videojuegos, sino retar a su familia con preguntas de cultura general. En una ocasión, además, en el programa, Manu reconoció que él era un niño «prudente», al que le gustaba tirarse por los toboganes, aunque siempre después de sus amigos. Esta etapa fue fundamental para desarrollar su memoria fotográfica, una de sus armas más letales en el Rosco.

Manu siempre habla con un cariño especial de sus padres y de su entorno familiar. De niño, su casa era un lugar donde se fomentaba el estudio pero sin presiones. Sus padres fueron quienes detectaron pronto su facilidad para las letras y la psicología, animándole a seguir siempre su vocación por las humanidades. Curiosamente, ha confesado que de pequeño ya veía concursos de televisión en familia, imaginando que algún día él estaría al otro lado de la pantalla. De su infancia conserva ese toque de timidez mezclado con audacia. No era el niño más revoltoso, pero sí el más observador. Esa capacidad de observación es la que hoy le permite mantener la sangre fría cuando el cronómetro está en rojo y le quedan 10 segundos para responder tres palabras imposibles.

Manu ha contado alguna vez que de pequeño le fascinaba el diccionario, casi como si fuera un libro de aventuras. Lo que para otros era una herramienta aburrida de consulta, para él era un mapa de tesoros escondidos. Han sido varias las ocasiones en las que Manu ha hablado sobre cómo fueron sus primeros años de vida. Para él, ser un chico de barrio fue, además, una filosofía. En una de sus presentaciones, al explicar de dónde venía su pasión por el lenguaje, comentó algo muy revelador. «De pequeño era el típico niño preguntón que no se quedaba conforme con un ‘porque sí’. Siempre quería saber el porqué de las palabras», explicó.

«Vengo de un barrio trabajador»

Públicamente, y en varias ocasiones, Manu ha dado las gracias a su familia por su dedicación. «En mi casa nunca faltaron libros y siempre se valoró el saber. Mis padres me enseñaron que el conocimiento es la mejor herramienta que uno puede tener», explicó. Además, ver Pasapalabra siempre fue algo que le cambió la vida. «Nunca fui el niño más ruidoso de la clase, prefería quedarme en un segundo plano observando y aprendiendo», apostilló.

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