La infancia de Jaime Cantizano en un barrio obrero de Jerez: «Siempre fui un adulto en miniatura»
El presentador es uno de los rostros más conocidos de los medios de comunicación y residió de pequeño en Andalucía

Jaime Cantizano junto a su marido. | Gtres
Jaime Cantizano decidió, hace un año y medio, dar un giro de 180 grados a su vida. Así, dejó atrás Mañaneros para dar paso a una etapa en Onda Cero en la que ocupa los fines de semana. Un plan que, sin duda, le ha hecho muy feliz. A esta buena trayectoria laboral hay que sumarle su boda, que se produjo el pasado verano, con el que era su novio y con quien ha formado una bonita familia junto a su hijo, Leo. Aunque eso sí, mucho de lo que ahora es, tiene que ver con una infancia en la localidad de Jerez de la Frontera que le ha condicionado para siempre, sobre todo de forma positiva.
La infancia de Jaime Cantizano (Jerez de la Frontera, 1973) es el recuerdo de una vida de barrio, sencilla y luminosa, marcada por la sólida brújula moral que le entregaron sus padres. Criado en una familia humilde y trabajadora en su Jerez natal, Jaime no recuerda grandes lujos, pero sí una lección que se le quedó grabada a fuego: «Nadie te regala nada y el respeto es el valor más importante». Mientras otros niños correteaban por las calles gaditanas, él se proyectaba como un niño «observador y un adulto en miniatura», prefiriendo el análisis de lo que ocurría a su alrededor que el ruido constante de los juegos infantiles.
La infancia de Jaime Cantizano en Jerez de la Frontera

Esa madurez prematura encontró su canal de escape en las ondas. Con apenas once años, Jaime ya jugaba a hacer entrevistas, una obsesión que sus padres respetaron con asombro. Para él, el olor de su niñez es una mezcla del azahar de la primavera jerezana y la madera de las bodegas, pero su refugio real estaba entre micrófonos. «Con 14 años yo ya estaba metido en un estudio de radio», ha confesado textualmente, recordando cómo, mientras sus amigos disfrutaban de la adolescencia en la calle, él ya había decidido que su vida pertenecía al mundo de la comunicación.
Aquella etapa forjó al presentador que vemos hoy: un hombre discreto que nunca olvidó de dónde venía. En su casa no se celebraba el éxito como un trofeo, sino como la consecuencia de un «trabajo bien hecho». Esa infancia de niño de la radio, vivida con la responsabilidad de quien sabe que tiene una oportunidad entre manos, fue la que permitió que aquel chiquillo de Jerez saltara de la radio local a la cima de la televisión nacional sin perder jamás el equilibrio ni la educación que aprendió en las calles de su barrio. Es más, Jerez ha ocupado una parte tan importante de su vida que celebró su boda, no solamente en Madrid, sino, también, en Andalucía, donde llevó a cabo una segunda fiesta.
Su infancia fue «la de un niño de barrio, de una familia humilde de Jerez que me enseñó que nadie te regala nada y que el respeto es el valor más importante». De pequeño fue un «niño observador», de los «que se quedaban mirando y escuchando a los mayores». Es más, reconoce que siempre fue «un adulto en miniatura». En alguna entrevista también ha mencionado que «el olor de su infancia» es el «del azahar en primavera y el de las bodegas de mi tierra. Jerez es el sitio al que siempre vuelvo para recordar quién soy». «En mi casa no se le daba importancia a la fama, se le daba importancia al trabajo bien hecho. Esa ha sido mi brújula desde pequeño», contó sobre la educación que recibió.
Un niño responsable, apasionado, aplicado, tímido y muy educado
Jaime proyecta la imagen de un niño responsable y apasionado, que tuvo la suerte de descubrir su vocación muy pronto y el respaldo de unos padres que, aunque no entendían del todo el mundo de los medios, respetaron su «obsesión» por la comunicación. Como decíamos, Cantizano siempre tuvo una imagen de alumno aplicado, tímido y muy educado. Sus profesores lo recordaban como un niño que no daba problemas, pero que ya tenía una dicción y una forma de hablar muy superior a la de sus compañeros. Su obsesión por la radio no vino por las noticias, sino por la música. Siendo un crío, sintonizaba la radio para escuchar las listas de éxitos y grababa sus propias cintas de casete presentando las canciones. Imitaba a los locutores de la época con tal precisión que sus familiares empezaron a notar que aquello no era un juego pasajero.
Aunque jugueteó con los micros desde los 11, su primer contrato serio llegó a los 17 años en la SER de Jerez. Era todavía un adolescente que tenía que compaginar el instituto con los turnos de radio. Él mismo ha contado que esa etapa fue fundamental porque le enseñó la artesanía de la radio: desde poner discos hasta redactar cuñas publicitarias. Jaime nació en uno de los barrios más señeros y flamencos de Jerez —el mismo donde nació Lola Flores—. Aunque su estilo es muy sobrio, siempre ha dicho que haber crecido rodeado de ese arte y de esa luz de Cádiz le dio una sensibilidad especial para entender el mundo del espectáculo.
En su infancia, otra de sus grandes pasiones era el cine clásico. Mientras otros niños veían dibujos animados, él se quedaba fascinado con las películas que ponían en televisión, analizando cómo se movían los actores y cómo hablaban. De ahí sacó esa elegancia natural que le caracteriza: es un estilo que mamó viendo el cine de la época dorada. No era un niño de deportes de equipo como el fútbol, donde el contacto era más brusco. Jaime prefería actividades más individuales y tranquilas. Siempre ha mantenido esa faceta de niño solitario que disfrutaba de sus libros y sus discos, algo que en su madurez se ha transformado en su pasión por el running y el cuidado físico.
Su carrera en televisión y en la radio
Cantizano no es un producto televisivo; es un animal de radio. Empezó desde abajo en su tierra. Durante una década aprendió a hacer de todo: desde locución publicitaria hasta informativos locales. Fue en esta etapa donde pulió su característica voz y esa dicción perfecta que lo diferencia. Su llegada a la televisión nacional fue meteórica. Ana Rosa Quintana lo fichó para Sabor a ti, pero el estrellato absoluto llegó con DEC (¿Dónde estás corazón?) en Antena 3. Durante casi una década, fue el rostro del prime time de los viernes. Tras el fin de la etapa de la prensa rosa, Jaime tomó una decisión valiente: reinventarse. Se puso al frente del morning show de Cadena Dial, Atrévete, demostrando un registro divertido, cercano y muy humano. Logró audiencias millonarias despertando a España con humor.
En televisión, pasó a presentar programas de talento y concursos, como ¡Mira quién baila! o Jugando con las estrellas, alejándose definitivamente del escándalo. En los últimos años, Cantizano ha alcanzado su etapa de mayor prestigio. Durante años lideró el fin de semana con Por fin no es lunes, un programa de autor, relajado y cultural. Su fichaje por la televisión pública para el magacín matinal supuso su consagración como comunicador 360. En este 2026, es el rostro de la mañana en La 1, combinando actualidad política, sucesos y entretenimiento con una sobriedad que ha devuelto la competitividad a la cadena.
