La dura historia de Roser, madre de Marc Márquez: «A veces no cenábamos para poder comprarle botas»
La progenitora del campeón de MotoGP comenzó vendiendo bocadillos para que sus hijos pudieran competir

Roser en 'El objetivo'. | La Sexta
Marc Márquez ha acariciado y disfrutado del éxito en infinidad de ocasiones. El piloto de MotoGP es uno de los rostros más conocidos de nuestro país y, también, una de las personas que ha mostrado su lado más humano, más personal y más cercano a sus seguidores. Todo esto, el darle normalidad y el valor a las cosas, lo ha aprendido, tanto él como su hermano Álex, en casa. Concretamente de sus padres; Roser y Juliá, quienes han sido —y siguen siendo— los pilares fundamentales de su vida y quienes no lo tuvieron nada fácil para poder disfrutar de la estabilidad personal y económica que ahora viven.
Roser Alentà es el símbolo del sacrificio y la humildad de Cervera (Lérida). Ella es la madre de Marc y Álex Márquez, y para muchos aficionados es la verdadera «matriarca de MotoGP». A diferencia de Julià Márquez —el padre—, a quien es habitual ver en todos los circuitos, Roser siempre ha mantenido un perfil mucho más discreto, quedándose a menudo en casa sufriendo en silencio mientras sus hijos compiten a 350 km/h.
Quién es Roser, la madre de Marc Márquez

A pesar de que siempre ha mostrado una acritud más reservada, hace unas semanas, coincidiendo con la entrevista de su hijo en El objetivo de Ana Pastor, en La Sexta, Roser decidió sincerarse sobre cómo habían sido sus primeros años en pareja y, sobre todo, cómo llegó a darle a sus hijos todo lo que necesitaban a través del sacrificio. Ha confesado que ella y Julià «a veces no cenaban» para poder comprarles las botas o el equipamiento necesario a sus hijos. Trabajaba en el Motoclub Segre, ayudando en taquilla o vendiendo bocadillos, para que los niños pudieran correr.
Mientras Julià es el apoyo técnico y emocional en el circuito, Roser es quien mantiene los pies en el suelo en Cervera. Es famosa por sus amenazas humorísticas: una vez dijo que si Marc y Álex se chocaban en la pista, «no volvían a entrar en casa y no les hacía más macarrones». Con el reciente éxito de Marc en Ducati —donde se ha proclamado campeón en 2025 frente a un gran subcampeonato de Álex—, Roser ha bromeado diciendo que apoya un poco más a Álex «porque el pobre tiene que aguantar al pesado de su hermano», aunque en realidad se desvive por los dos por igual.
«La gente ve donde Marc y Álex están ahora, pero sabemos que ha habido sacrificios»
A pesar de tener dos hijos que son estrellas mundiales, ella sigue viviendo una vida sencilla. Se define como una madre «sufridora» que prefiere ver las carreras por televisión porque la tensión del circuito la supera. Recientemente (GP de Aragón 2025), se hizo viral un vídeo donde Marc le ponía la camiseta roja de Ducati tras el podio. Ella aceptó con humor, diciendo que «no podía despreciar el color de su hijo», aunque siempre intenta mantener la neutralidad entre los dos. Hoy disfruta de ver a sus hijos en el mismo equipo —o compartiendo marca— y habiendo superado el calvario de las lesiones de Marc. Su mayor orgullo no son los trofeos, sino que, como ella dice, «sigan siendo unos cachondos» y mantengan la misma humildad con la que empezaron en los circuitos de tierra de Lérida.
Aunque eso sí, hubo un tiempo en que no lo pasaron bien. Hace unos años, la propia Roser habló par la Cadena Ser y contó que «a veces» no cenaban «para ayudar a comprar botas para nuestros hijos. La gente ve donde Marc y Álex están ahora, pero nosotros sabemos que ha habido muchos sacrificios para llegar ahí». A pesar de que esta etapa ya la superaron hace tiempo, Roser todavía sigue sufriendo cuando sus hijos se suben a una moto y alcanzan grandes velocidades. Algo a lo que está acostumbrada, porque ambos llevan dedicándose mucho tiempo a la velocidad, pero sigue siendo consciente de los riesgos que implican.

«He sufrido porque no quería que arriesgase, pero ya le daré una colleja», contó en Onda Cero, en una ocasión tras una de las carreras de su hijo. Además, tras una de las caídas de Marc reconoció que también había sufrido «con la caída del jueves, no podía parar por los nervios que tenía. Rápido me llamaron para tranquilizarme». Y es que cada vez que se pone a ver una carrera sigue una especie de tradición que, en todos estos años, le ha dado buena suerte: «No me levanto. Tengo que tener todo en mi mesa. Mi intuición me dice que no puedo perderlos de vista».
Su vida actual en Cervera
Y, aún así, a pesar del riesgo que conlleva, tiene claro que siempre va a estar al lado de sus hijos, siendo muy consciente de sus logros. «No es fácil ver a tus hijos corriendo a 300 kilómetros por hora sobre una pista, pero como madre siempre les voy a apoyar en todo lo que quieran conseguir», explicó en una entrevista. Para ella, ahora, lo más importante es que tanto Marc como Álex sean felices. «Estaría bonito es que los dos se alternasen ganando», explicó, en una ocasión, antes de una carrera. Es más, el propio Marc reconoció, hace un tiempo, que, ahora, a su madre, le tocaba disfrutar.
Antes de que Marc y Álex se hicieran famosos, Roser y su marido, Julià, pasaban gran parte de su tiempo en este club de motociclismo. Ella se encargaba de tareas logísticas y de apoyo, como ayudar en la taquilla o vender bocadillos para recaudar fondos y permitir que sus hijos pudieran competir. Se la describe como la figura que mantenía la estabilidad en su casa de Cervera mientras sus hijos empezaban a viajar por el mundo. Ella misma ha relatado que el esfuerzo económico de la familia era tan alto que en ocasiones ella y su marido realizaban sacrificios personales para poder costear el equipamiento de Marc y Álex.
Ahora, la vida de Roser Alentà sigue marcada por la discreción y su papel como pilar emocional de sus hijos, Marc y Álex Márquez, especialmente tras el éxito de ambos en la temporada 2025. A diferencia de sus hijos, que viajan por todo el mundo, Roser mantiene su residencia y su vida cotidiana en Cervera.Sigue siendo la figura que aporta normalidad a la familia. Aunque sus hijos son estrellas mundiales, ella prefiere una vida sencilla alejada de los focos, saliendo solo en momentos puntuales de celebración o entrevistas especiales. Roser ha confirmado recientemente que sigue sin acostumbrarse al éxito y, sobre todo, al riesgo de la competición.
