El error de Ana Blanco en sus años como periodista en Bilbao: «Llamé a mi jefe para dejarlo»
La conocida presentadora de TVE pasó los primeros años de su vida profesional en su casa, en el País Vasco

Ana Blanco, en una imagen de archivo. | Gtres
Ana Blanco siempre quiso ser periodista. Es por eso que, a pesar de haberse decantado por los idiomas y la Pedagogía, quiso seguir el camino de la Comunicación. Empezó siendo periodista en Los 40 de Bilbao, su radio natal, donde, como buena aprendiz, vivió algún que otro momento que le hizo replantearse su futuro. «Me equivoqué y en vez de poner el disco a 45 revoluciones lo puse a 33. Salí, era sábado por la mañana, Bilbao era una ciudad más pequeña, y en un bar le oigo al chico que está detrás: ‘La que estaba esta mañana en 40 no se entera’. Yo pensé: ‘No puede ser’. Llamé al jefe para dejarlo», contó en una ocasión a Carles Francino.
La trayectoria de Ana Blanco es el ejemplo máximo de sobriedad, resistencia y profesionalidad en España. Aunque casi todo el mundo la asocia con los informativos de TVE, sus cimientos están profundamente enterrados en el País Vasco, concretamente en Bilbao, una etapa que ella recuerda como su verdadera escuela. Ana Blanco nació en Bilbao en 1961. En su juventud, su plan de vida no era ser la cara de la noticia, sino dedicarse a la enseñanza. Se matriculó en Pedagogía en la Universidad de Deusto.
La carrera de Ana Blanco comenzó en su Bilbao natal

A principios de los años 80, mientras estudiaba, una amiga le comentó que buscaban colaboradores en la radio. Por pura necesidad de estudiante de tener «sus propios ingresos», se presentó a las pruebas. Sus primeros pasos fueron en Los 40 Principales Bilbao. Allí aprendió la inmediatez y, sobre todo, a lidiar con el error. Es la época de la famosa anécdota del disco puesto a revoluciones equivocadas y del juicio directo de los oyentes en las cafeterías del Casco Viejo. Allí fue donde sucedió la mencionada experiencia. Posteriormente pasó por Radio 16, donde empezó a curtirse en un periodismo más informativo y menos musical. Bilbao en los 80 era una ciudad convulsa, con una reconversión industrial durísima y el azote del terrorismo; trabajar en información en ese contexto fue lo que moldeó su temple de acero.
Como ella misma ha contado, su llegada a la radio fue «de casualidad». «Tenía una compañera en la universidad que me dijo que necesitaban gente en Los 40 Principales y yo, sin pensar lo que decía, dije: ‘Ah, fenomenal, qué bien’. Y me encontré haciendo una prueba», explicó una vez. A pesar de ese susto inicial, descubrió que la comunicación era su lugar: «Surgió la posibilidad de la radio para tener ingresos para tus cosas y tal… y claro, descubrí que aquello era un mundo maravilloso. Lo descubrí muy joven». En 2024, cuando volvió a Radio Bilbao para presentar un boletín especial, confesó la tensión que aún siente: «Oía la sintonía del programa, veía que se encendía la luz roja y automáticamente tenía un gran calambre, porque yo nunca he olvidado que nos están oyendo».
En 1989, tras años de radio local en Bilbao, decidió probar suerte en Madrid. Trabajó brevemente en el programa Zap-Zap, un espacio cultural y de ocio. Fue su primera toma de contacto con la cámara, aunque ella seguía sintiéndose, fundamentalmente, una mujer de radio. Se presentó a una prueba en TVE para presentar los informativos. Cuentan que su naturalidad y su falta de pretensiones —herencia de su sencillez bilbaína— cautivaron a los directivos. El 15 de septiembre de 1990, debutó en el Telediario de fin de semana junto a Francine Gálvez.
Su dilatada trayectoria
Ana Blanco se convirtió en la voz de la historia reciente de España. Ha cubierto absolutamente todo, manteniendo siempre la misma expresión serena y el mismo corte de pelo icónico. Narró en directo los atentados del 11-S —estuvo más de 7 horas seguidas en antena—, el 11-M, el anuncio del fin de ETA, la abdicación de Juan Carlos I y la pandemia del COVID-19. Ha trabajado bajo el mandato de presidentes de todos los colores —González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez—, sobreviviendo a todas las purgas y cambios de directiva gracias a su perfil técnico y no ideológico. En agosto de 2022, decidió dar un paso al lado de los informativos diarios. Gracias a Todo cambia presentó una serie documental en la que analizaba cómo evoluciona la sociedad española.

Fue en febrero de 2024 cuando Ana decidió jubilarse oficialmente de RTVE, recibiendo el cariño de toda la profesión. En sus entrevistas de despedida, Ana Blanco siempre vuelve a sus raíces. De su etapa en Bilbao se llevó cosas que definieron su estilo nacional. Ana nació en el barrio de Lamiako, muy cerca de Bilbao, en 1961. Creció en una familia de clase media-trabajadora en un momento en que la zona era el motor industrial de Vizcaya. Sus padres siempre le transmitieron la importancia del esfuerzo. De hecho, cuando ella ya era la presentadora más famosa de España, sus padres seguían viviendo de forma totalmente anónima en su barrio de siempre, evitando cualquier tipo de ostentación por el éxito de su hija.
Unas raíces discretas y muy unidas a su tierra
Tiene dos hermanos. Uno de ellos ha estado vinculado también al mundo de la comunicación en el País Vasco, aunque siempre desde un perfil técnico o de gestión, lejos de los focos. Ana Blanco está casada desde hace décadas con Juan Carlos Bolland, un hombre que comparte con ella esa alergia a la fama. Bolland es un reputado periodista financiero y experto en comunicación. Trabajó en medios como Expansión y fue socio de una consultora de comunicación estratégica. Se conocieron en Madrid cuando ella empezaba en la televisión. No tienen hijos, algo que les ha permitido llevar una vida muy centrada en sus carreras y en sus viajes, siempre bajo el radar de la prensa del corazón. Nunca han aparecido juntos en un photocall.

Su formación en la Universidad de Deusto —donde se licenció en Pedagogía— marcó su carácter. Quienes estudiaron con ella en Bilbao la recuerdan como una joven tímida pero brillante y, sobre todo, muy cercana a su tierra. A pesar de vivir en Madrid desde finales de los 80, Ana Blanco ha seguido manteniendo su cuadrilla de amigos en Bilbao y regresa con mucha frecuencia al norte para disfrutar del anonimato, el mar y la gastronomía vasca. En una de las poquísimas ocasiones en las que se le preguntó por qué no sabíamos nada de ella, Ana Blanco respondió con una lógica muy aplastante y muy bilbaína: «Lo que importa es la noticia, no quien la cuenta. Si el espectador sabe qué he desayunado o dónde veraneo, deja de prestar atención a lo que es importante».
