Los años humildes de Silvia Intxaurrondo en Santurce: «Aprendí a remar a contracorriente»
La periodista se crio en esta localidad cercana a Bilbao donde sus padres le inculcaron la importancia del esfuerzo

Silvia Intxaurrondo, en una imagen de archivo. | Gtres
Silvia Intxaurrondo siempre se acuerda de Santurce, la localidad vasca que le vio crecer, como profesional y persona. Fue allí donde se desarrolló antes de marcharse a Madrid y comenzar con una carrera meteórica que le ha llevado a presentar La hora de La 1, pero, también, a pasar por otros canales como CNN+, Telemadrid o Cuatro. Aunque eso sí, ahora, cada vez que puede, sobre todo durante el periodo de vacaciones, Silvia aprovecha para escaparse hasta Santurce, en el País Vasco, donde aprendió mucho de su vida.
Silvia creció en el Santurce de los años 80 y 90, una época marcada por la fuerte identidad obrera, la crisis industrial y el ambiente portuario. Creció en un entorno donde la palabra dada y el esfuerzo valían más que los títulos. Esa garra que demuestra hoy en sus entrevistas más tensas es, según ella misma ha dejado caer, herencia de esa cultura de la Margen Izquierda donde no se regala nada. Sus padres siempre fomentaron en ella la curiosidad. Se dice que desde muy pequeña ya era una lectora voraz que devoraba la prensa que llegaba a casa.
Los años de Silvia Intxaurrondo en Santurce
Sus años escolares en Santurce fueron el escenario de sus primeros pasos en la comunicación. Quienes la conocieron en su etapa escolar la recuerdan como una alumna extremadamente disciplinada y con una capacidad de oratoria muy por encima de la media. Aunque vivía en Santurce, su formación superior la llevó a cruzar la ría —metafóricamente, pues estudió en el campus de Leioa de la UPV/EHU— para licenciarse en Periodismo. Sin embargo, su base vital seguía estando en las calles de su pueblo. Silvia también ha aprovechado para recordar la importancia de las tradicionales locales durante su infancia y su juventud.
Como buena vasca, las fiestas de El Carmen y la procesión marítima son recuerdos grabados a fuego. Esa conexión con el mar y con la figura de la mujer trabajadora —las icónicas sardineras— ha influido en su visión del feminismo y la justicia social. En Santurce también forjó su bilingüismo, una herramienta que considera esencial y que le ha permitido trabajar con fluidez tanto en medios nacionales como en ETB. En diversas entrevistas, Silvia se ha confesado sobre sus inicios y, sobre todo, lo ha hecho con cierta emoción. «Vengo de un lugar donde la gente se mira a los ojos y se dice la verdad. Santurce me enseñó que para llegar a cualquier sitio hay que remar, y a veces remar contra corriente», contó en una ocasión.
A pesar de llevar varios años viviendo en Madrid por su trabajo, Silvia siempre intenta volver a Santurce. Es habitual verla por el puerto o por la zona de Las Viñas cuando tiene días libres. Mantiene sus amistades de la infancia, a las que considera su «anclaje a la realidad» para no perder el norte con la fama televisiva. Como decíamos, Silvia ha hablado, en distintas ocasiones, sobre su vida en Santurce, afirmando que allí aprendió «a remar siempre a contracorriente». «Ese carácter se te queda grabado; te enseña a no achantarte y a preguntar lo que hay que preguntar», explicó.
«Para mí, Santurce es el olor a salitre y la fuerza de las sardineras»
También, en varias entrevistas ha remarcado que en su casa, «el valor era la palabra y el esfuerzo». «Mis padres me enseñaron que si querías algo, tenías que trabajar más que nadie. No había atajos», explicó. Al hablar de su conexión con el País Vasco, siempre menciona el mar y la identidad local. «Para mí, Santurce es el olor a salitre y la fuerza de las sardineras. Crecí viendo a mujeres fuertes, con una garra increíble, y eso es algo que siempre he intentado llevar a mi profesión», apostilló. A pesar de vivir en Madrid, ha expresado lo que siente cada vez que cruza el límite de su municipio. «Cruzar el puente o llegar a Santurce es reconectar con la realidad. Allí no soy la presentadora del Telediario, soy Silvia, la hija de mis padres, y eso te pone los pies en la tierra de un plumazo», explicó.
Además, ha reiniciado sus años de formación en el entorno vasco. «Me formé en la universidad pública, en Leioa, pero mi verdadera escuela fue la calle en Santurce. Escuchar a la gente, entender sus problemas y ver cómo se sale adelante en situaciones difíciles», ha relatado alguna que otra vez. Santurce es una pequeña localidad del País Vasco que no solamente marca la vida de Ana Milán, sino que, también, lo hace en muchos otros rincones. Si algo define a Santurce a nivel mundial es la figura de la sardinera. Antiguamente, estas mujeres recogían el pescado fresco en el puerto y lo llevaban andando —a veces descalzas— hasta Bilbao para venderlo, una hazaña inmortalizada en la famosa canción.
Santurce, un lugar para recordar
Hoy, el Monumento a la Sardinera y el Sardinera Eguna (Día de la Sardinera) rinden homenaje a este oficio que fue el motor económico de muchas familias. Santurce, hoy en día, combina el pasado industrial con espacios recuperados para dar un paseo y vivir la cultura de primera mano. El puerto pesquero es el corazón del pueblo. Allí se encuentra la cofradía de pescadores y varios barcos emblemáticos. La Iglesia de San Jorge también es otro de los puntos de referencia; es de origen germánico y el edificio que le da nombre al edificio. Como parte de la Margen Izquierda, Santurce comparte ese carácter directo, humilde y luchador. Su historia está ligada a la transformación del Gran Bilbao.
Fue una colonia veraniega elegante durante la Belle Époque, pero la industrialización del siglo XX la transformó en un enclave obrero fundamental. Las Fiestas del Carmen son las más famosas de la zona. Destaca la Procesión Marítima, donde la Virgen del Carmen es llevada en barco por el Abra acompañada de cientos de embarcaciones.
