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La infancia de los hijos de Víctor Manuel y Ana Belén en Madrid: «Solo me daba cuenta de que eran distintos en la calle»

El matrimonio intentó criar a Marina y David lejos del mundo de la fama y les ofreció una educación de lo más completa

La infancia de los hijos de Víctor Manuel y Ana Belén en Madrid: «Solo me daba cuenta de que eran distintos en la calle»

Ana Belén y Víctor Manuel junto a Marina San José. | Gtres

Ana Belén y Víctor Manuel comenzaron su relación como pareja cuando ambos ya eran mundialmente conocidos. Es más, por ese entonces, Ana Belén ya era una estrella del mundo de la interpretación y Víctor Manuel se había convertido en el creador de infinidad de melodías que, ahora mismo, siguen formando parte de una gran generación. A pesar de su éxito, a sus dos hijos, Marina y David, les educaron en un entorno totalmente normal, con facilidades, pero enseñando siempre la importancia del esfuerzo colectivo y, sobre todo, de lograr las metas a través de su propio camino, no el ajeno. Así, su infancia fue la de unos chicos normales, marcados por la fama de sus progenitores, pero siempre manteniendo su esencia.

La infancia de David y Marina San José, los hijos de Víctor Manuel y Ana Belén, fue radicalmente distinta a la de sus padres. Mientras que Víctor y Ana crecieron en la España de la posguerra con recursos limitados, sus hijos lo hicieron en un ambiente de abundancia intelectual, libertad y mucha discreción, protegidos del ruido mediático por la firmeza de sus padres. Ambos crecieron en una casa en Madrid donde lo normal era ver pasar a grandes figuras de la cultura: escritores, músicos y directores de cine. Sin embargo, Víctor y Ana se esforzaron por que sus hijos tuvieran los pies en la tierra.

La infancia de Marina y David, los hijos de Ana Belén y Víctor Manuel

Víctor Manuel y Ana Belén, en una imagen de archivo. | Gtres

A diferencia de otros hijos de famosos, David y Marina nunca aparecieron en portadas de revistas del corazón. Sus padres tenían un pacto sagrado con la prensa para proteger su intimidad hasta que fueran adultos. Sin duda alguna, las cenas en casa se convirtieron en una escuela del pensamiento, aunque con un toque más bohemio y político. David es el hijo mayor y su infancia estuvo marcada por la música desde la cuna. David creció rodeado de guitarras y pianos. Fue un niño más bien tímido y muy observador. Sus padres no quisieron que fuera un niño artista. Le dieron una formación musical sólida —estudió en el Berklee College of Music en Boston años después—. De pequeño, su pasión no era ser el centro de atención, sino entender cómo se construían las canciones detrás de la mesa de mezclas.

Marina llegó siete años después y su infancia fue algo más teatrera. Marina ha contado que recuerda pasar muchas tardes en los camerinos de los teatros mientras su madre ensayaba o actuaba. Para ella, el olor a maquillaje y el terciopelo de las butacas eran algo cotidiano. Pasó mucho tiempo con sus abuelas, especialmente con la madre de Ana Belén, que vivía en Madrid y era ese anclaje castizo y familiar necesario cuando sus padres estaban de gira por Latinoamérica. Si algo define la infancia y juventud de los hermanos San José es Menorca. La familia compró una casa en la isla hace décadas y allí los niños podían ser simplemente David y Marina.

«Para mí eran mis padres, punto»

Lejos de los fotógrafos, pasaban los veranos navegando y en contacto con la naturaleza, algo que Víctor Manuel consideraba vital para que no se amaneraran con la fama de Madrid. Marina ha confesado alguna vez que de pequeña no era del todo consciente de quiénes eran sus padres: «Para mí eran mis padres, punto. Solo me daba cuenta de que eran distintos cuando íbamos por la calle y todo el mundo los saludaba». David siempre agradeció que no les obligaran a seguir sus pasos: «En casa la música era libertad, nunca una imposición».

Actualmente, David es compositor y productor musical. Ha trabajado mano a mano con su padre en sus últimos discos y ha compuesto bandas sonoras. Es el cerebro musical en la sombra. Mientras tanto, Marina es una actriz consolidada. Se hizo muy famosa para el gran público en Amar en tiempos revueltos y ha hecho mucho teatro, demostrando que tiene la elegancia y la voz de su madre. Como decíamos, David es el miembro más esquivo de la familia. Ha heredado la discreción absoluta de su padre y su capacidad de trabajo en segundo plano.

David, el hijo de Ana Belén y Víctor Manuel. | Redes sociales

No solo es músico, sino un reputado productor y arreglista. Es el director musical de las giras de su padre y el responsable de que los discos de Víctor Manuel suenen actuales. Tiene su propio estudio de grabación donde trabaja para otros artistas y compone bandas sonoras para cine y publicidad. Vive en Madrid, está casado y tiene dos hijos —los únicos nietos de Víctor y Ana—. Precisamente, Víctor Manuel ha confesado que su faceta favorita ahora es la de abuelo, y que David es quien marca el ritmo de esas reuniones familiares.

Su vida actual

Marina (42 años) ha tenido una vida pública más intensa debido a su profesión de actriz, aunque maneja la fama con la misma naturalidad que su madre. Tras años de éxito en televisión, se ha volcado totalmente en el teatro. Se ha convertido en una de las actrices más solventes de la escena española, trabajando con directores de prestigio. Recientemente la hemos visto en obras como El coro de los niños o Grasas trans. Sigue siendo una enamorada de la isla de Menorca. Es habitual verla en sus redes sociales —donde es más activa que su hermano— compartiendo fotos de sus veranos allí, practicando senderismo o navegando, manteniendo viva la tradición familiar.

Marina San José junto a su madre. | Gtres

Mantiene una relación desde hace años con un compañero de profesión, pero al igual que el resto de su familia, no vende su vida privada. Se la ve a menudo con su madre, Ana Belén, con quien tiene una relación de amistad y admiración mutua muy profunda —son como almas gemelas físicamente y vitales—. La familia San José-Cuesta funciona como una piña. No es raro ver a los cuatro cenando en algún restaurante discreto de Madrid o compartiendo vacaciones en Asturias o Menorca. Ninguno de los dos hijos ha concedido jamás una entrevista hablando mal de sus padres o ventilando intimidades. El respeto que se tienen es el pilar de su vida actual. David produce a su padre, Marina admira a su madre, y Víctor y Ana apoyan cada estreno de sus hijos desde la primera fila, pero intentando no quitarles el protagonismo.

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