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La dura infancia de Serrat en el barrio más obrero de Barcelona: «Mi madre era el eje de la casa»

El cantante vivió una infancia marcada por la Posguerra pero, también, por el cariño y la atención de sus padres

La dura infancia de Serrat en el barrio más  obrero de Barcelona: «Mi madre era el eje de la casa»

Serrat junto a su mujer, en una imagen de archivo. | Gtres

Joan Manuel Serrat lleva a Barcelona en la sangre. El cantante es un referente en el mundo de la música, construyendo un imaginario a través de sus canciones pero, también, haciéndolo de la mano de la una tierra y una cultura que le vio crecer, triunfar y, también, alguna vez, fallar. Porque él es del Poble-sec, una zona de Barcelona obrera, con infinidad de posibilidades pero que marcó mucho de sus recuerdos de infancia. Unos primeros años de vida que él todavía relaciona con una etapa de dictadura que marcó a su familia —como lo hizo en otras de España—.

Durante muchos años, Serrat fue conocido como «el noi del Poble-sec», es decir, «el chico del Poble-sec». O lo que es lo mismo; una persona que no olvidaba sus raíces, el esfuerzo que habían hecho sus padres para darle una vida mejor y, sobre todo, un mosaico de contrastes entre la posguerra española, la mezcla de lenguas y la vida humilde de barrio. Serrat nació el 27 de diciembre de 1943 en el barrio barcelonés del Poble-sec, concretamente en la calle Poeta Cabanyes. En aquella época, era un barrio obrero a los pies de la montaña de Montjuich, un lugar de calles empinadas donde la vida se hacía fuera de casa, compartiendo penurias y alegrías con los vecinos.

La dura infancia de Posguerra de Serrat en Barcelona

Candela Tiffon mujer Serrat
Serrat, junto a su mujer. | Gtres

Su entorno familiar fue fundamental para su futura bilingüidad y su capacidad de conectar con mundos distintos. Su padre, Josep, fue un anarquista catalán que trabajaba de tornero. De él heredó el catalán y el arraigo a la tierra. Su progenitora, por su parte, Ángela Teresa, había nacido en Belchite (Zaragoza). Ella era «la de la lengua castellana», una mujer fuerte que vivió el trauma de perder a casi toda su familia durante la Guerra Civil. Esta dualidad cultural en su hogar es lo que más tarde definiría su carrera: Serrat nunca vio el catalán y el castellano como lenguas enfrentadas, sino como las dos orillas de su propia identidad.

Como muchos niños de la posguerra, su infancia transcurrió entre juegos de canicas, fútbol con pelotas de trapo y escapadas a Montjuich. Sí que es cierto que, en su casa, aunque no pasaron hambre extrema, vivían con lo justo. Esa austeridad le dio una sensibilidad especial hacia las cosas sencillas —como bien narra en canciones como Mi niñez—. La radio, sin lugar a dudas, fue su gran ventana al mundo. En la cocina de su madre sonaban las coplas, los boleros y las radionovelas, sonidos que se le quedaron grabados antes siquiera de pensar en tocar una guitarra.

No fue un niño prodigio de la música, pero tuvo el apoyo de sus padres

No fue un niño prodigio de la música desde la cuna. Estudió en los Escolapios de la calle Manso y, más tarde, se formó como perito agrícola. De hecho, antes de triunfar en los escenarios, llegó a trabajar en un centro de mejora agraria, algo que siempre recuerda con orgullo porque le dio una perspectiva real del trabajo duro fuera de los focos. Él mismo ha contado que su infancia «son los pies manchados de barro, el olor a carbón y la voz de mi madre cantando mientras zurcía». Son varias las ocasiones en las que Serrat ha hablado de la personalidad de su padre, un hombre rudo, pero marcado por el momento que vivía.

Así, Josep era un hombre de pocas palabras, un obrero metalúrgico anarquista que sufrió la derrota de la guerra. Joan Manuel ha contado que su padre era un hombre de una pieza, que le enseñó el valor de la dignidad. Él fue quien le enseñó el valor de «la libertad». «Mi padre era un hombre que me enseñó que la libertad no es algo que te dan, sino algo que se ejerce», ha contado en alguna que otra ocasión. Ángeles, por su parte, era «el motor emocional». De Belchite, un pueblo arrasado por la guerra. Ángeles era costurera y Serrat recuerda el sonido constante de la máquina de coser en casa. Ella representaba la España trasplantada a Cataluña. «Mi madre era el territorio de los afectos. Ella traía consigo la memoria de los muertos, de los desaparecidos, pero también la alegría de la supervivencia y el canto», contó. Además, era «una mujer fuerte, el eje de la casa».

Joan Manuel Serrat vivió en un barrio obrero de Barcelona. | Gtres

A ellos, al igual que al propio Serrat, también le marcó el barrio en el que vivió. En los años 40 y 50, el Poble-sec era la frontera entre la ciudad y la montaña de Montjuich. Serrat describe su barrio como un lugar de «vientos encontrados». Por un lado, el puerto y el olor a salitre; por otro, la montaña donde los niños jugaban a ser exploradores. Eran casas de vecinos donde las puertas rara vez estaban cerradas. Serrat recuerda que «se compartía el guiso y se compartía la desgracia». Tenía la suerte de vivir al lado de la avenida del Paralelo, el centro del espectáculo y los teatros. Aunque no tenían dinero para entrar, el aire del barrio respiraba farándula, cuplé y vodevil.

«Teníamos muy poco, pero el mundo era nuestro»

En su canción, Mi niñez, el cantante aprovechó para hablar de esos años de vida. «Teníamos muy poco, pero el mundo era nuestro. Un palo era un caballo y una caja de cartón era un transatlántico. Mi infancia es el olor a pólvora de las verbenas de San Juan y el sabor de la merienda de pan con chocolate», escribió. Y es que creció en «un tiempo de silencios. En las casas no se hablaba de la guerra porque el miedo era un vecino más. El silencio de los adultos era nuestra música de fondo». Su calle era «una calle empinada, donde las pelotas de trapo siempre acababan cuesta abajo. Eso te enseñaba desde niño que para recuperar lo tuyo, siempre había que esforzarse y subir la cuesta».

A pesar de vivir en un barrio más obrero y rural, pasaba los veranos en Belchite, el pueblo de su madre. Ese contraste entre el asfalto de Barcelona y la tierra seca de Aragón le dio esa visión universal. Así, en Barcelona aprendió la modernidad y el conflicto social. Mientras que en su pueblo vivió de primera mano el ritmo de la naturaleza y el peso de la historia.

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