Urdangarin no se enamoró de la infanta Cristina en los JJOO del 96: «La idea parecía escrita por un guionista de Hollywood»
El que fuera duque de Palma se ha sincerado en sus memorias sobre su historia de amor y cómo se lo contaron a su entorno

Iñaki Urdangarin, en una imagen de Mercè Rial.
Iñaki Urdangarin, a través de sus memorias, ha dedicado varios capítulos a hablar de su relación con la infanta Cristina. El que fuera duque de Palma, sobre todo, ha narrado los primeros momentos de su noviazgo con la hija de los Reyes en la segunda parte de su libro autobiográfico. En sus páginas, Urdangarin explica que su historia de amor con la infanta no fue cómo todos pensábamos. Es más, aunque se conocieron en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, allí no tuvieron contacto. «Es cierto que coincidimos allí, pero también es cierto que esa historia —tan cinematográfica, tan perfecta para los titulares— no se corresponde del todo con la realidad».
Tal y como explica Urdangarin, como sucede en cualquier convocatoria de Juegos Olímpicos, los miembros de la Familia Real ocupan un lugar de excepción entre las gradas, también lo hicieron en Atlanta’96. «Era habitual verlos pasar de una competición a otra, animando desde las gradas y mostrando ese respaldo institucional y personal tan importante para nosotros, los deportistas», escribe Urdangarin en su libro. «Un día asistió a uno de nuestros partidos de balonmano, como podía haber asistido su madre, su hermano o cualquier otro miembro de la Familia Real», añade. Así, al finalizar el partido, «nos acercamos a saludar». «Hicimos la típica ronda de pasamos a las autoridades presentes. Cristina estaba entre ellas. Fue un saludo cordial, educado y rápido. Nada más. Ninguna chispa, ninguna conversación. Fue un acto oficial», escribe Urdangarin.
Cómo se enamoraron Urdangarin y la infanta Cristina

El que fuera duque de Palma incide en que cuando su relación salió a la luz, a «la opinión pública» le encantó «imaginarlo de otra forma». «La idea de un romance olímpico parecía escrita por un guionista de Hollywood: el deportista de élite y la infanta que se enamoraron en medio del mayor evento deportivo del mundo… Es una historia bonita, sí. Pero no fue así», apostilla Urdangarin. Así, el que él considera como «el verdadero primer encuentro», el que Urdangarin describe como «el punto de partida de su historia» fue en octubre de 1996 en Barcelona. «Fue en una cena organizada por exolímpicos tanto de la residencia de Blume como la de fuera, donde coincidimos los equipos de balonmano, vela, waterpolo y otros deportes», explica el que fuera marido de la infanta Cristina.
Hasta allí acudió Cristina invitada por un grupo de amigos del equipo «de vela». «Fue allí donde, por primera vez, cruzamos una conversación de verdad. Donde comenzó todo», apostilla. En la mesa, Cristina estaba sentada justamente enfrente de él, flanqueada por dos amigas. Allí entablaron una larga conversación; «del ambiente olímpico, de nuestros respectivos deportes, de cosas triviales que apenas hoy recuerdo…». Después de la cena, algunos de fueron «a tomar algo», pero ellos decidieron seguir conversando. Tras esto quedaron para cenar, aunque sería ella quien llamara a Urdangarin para concretar los detalles. «Pedirle el suyo habría sido pedir el de Zarzuela y, eso, la verdad, me abrumó pensarlo», escribe. En esa segunda cita, Cristina «desprendía tanta sencillez que pasaba desapercibida […] Supongo que nos seguían discretamente sus guardaespaldas, pero lo cierto es que aquella noche estaba tan a gusto con ella que ni siquiera los vi», apostilla.
La reacción de la familia de Iñaki a su noviazgo

En esa noche, Urdangarin describió que había algo «muy genuino» en la infanta Cristina y que la conexión era una realidad, sobre todo por su «sentido del humor». A partir de ese momento, su relación se desarrolló de forma «clandestina». Muchas veces, optaban por «lo sencillo»: «cenar en casa». Urdangarin reconoce que sabía perfectamente que el momento en el que saliera a la luz su relación «la presión sería brutal e inmediata». Aún así, durante un tiempo, consiguieron mantenerla «en silencio». Tanto es así que ni sus amigos sabían qué estaba sucediendo en su vida. Es más, como «anécdota», él mismo cuenta que muchas personas pensaban que estaba «saliendo del armario».
La única persona que lo sabía era su hermana Ana, quien vivía a pocos metros de él. «Se lo conté y le pedí máxima discreción, no solo porque deseaba desahogarme, sino porque nos hacía falta tener una coartada», cuenta Urdangarin en sus memorias. Al resto de su familia, se lo contó en Navidad cuando ya llevaba un tiempo de noviazgo con la infanta. Todos se quedaron con la boca abierta, pero fue su padre quien dijo la primera palabra: «Tú sabes que esto es complicado, ¿no?». Él respondió que era «lo que sentía» y que «no era un capricho». En febrero se dio cuenta que ya estaba «enamorado». Es por eso que una persona de su máxima confianza deportiva decidió contárselo a sus compañeros de balonmano. Tras esto vino una boda, el nacimiento de sus hijos, el hecho de dejar atrás su carrera profesional y, también, un divorcio, que lo emborronó todo.
