Entramos en el palacete de Pedralbes, el refugio catalán de Urdangarin y Cristina que vivió una remodelación completa
El que fuera duque de Palma y la infanta se compraron esta impresionante casa por algo más de seis millones de euros

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, en su última imagen juntos. | Gtres
Iñaki Urdangarin ha publicado, en las últimas horas, como ya contamos en THE OBJECTIVE, sus memorias. El que fuera duque de Palma, en el libro, hace un recorrido por toda su vida; comenzando con su infancia en Vitoria, su traslado a Barcelona, su implicación en el deporte y el día que se enamoró de la infanta Cristina. En la ciudad condal vivió en un lugar clave —tanto en su vida como en el caso Nóos—; el barrio de Pedralbes, una de las zonas más exclusivas, con más vecinos conocidos y, sobre todo, con más exclusividad. Allí residió la familia Urdangarin-Borbón en un impresionante palacete que, en los últimos tiempos, ha sufrido una remodelación total.
Un lugar que, como él mismo explica en su libro, fue una casa que «el Iñaki de hoy jamás compraría», pero, en el ambiente en el que se movía en ese momento, fue fácil «perder la perspectiva». Lo cierto es que el gasto de la casa fue complicado de asumir, ya que, como decíamos, se encontraba en una de las zonas más caras de la ciudad, por lo que su valor fue aumentando con el paso del tiempo. También cuando decidieron deshacerse de él. Ha sido Vanitatis el portal que ha desgranado cómo Urdangarin hizo frente al pago de algo más de seis millones de euros, a lo que habría que sumar más de medio millón de euros.
Cómo compraron Urdangarin y la infanta el palacete de Pedralbes

A esta cantidad, también, habría que añadir un 7% correspondiente al Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, lo que situaría el valor de la casa en algo más de 6.800.000 euros. Aunque en los informes del caso Nóos, al que ha tenido acceso el mencionado diario, elevaron el proyecto hasta los 7.020.000 euros por la variante del cálculo fiscal. Para pagarlo, la familia recibió un préstamo del rey Juan Carlos de algo más de un millón de euros. Con el paso del tiempo, esto se convirtió en donación para que no les sancionaran fiscalmente. A esta cantidad aportada por el Emérito hay que sumarle 628.815 euros correspondientes a Urdangarin, mientras que la infanta puso 86.000 euros y, también, 80.000 euros de una cuenta conjunta. En total, la cifra ascendió a unos 2.311.000 euros.
Además, el plan incorporaba la venta de una vivienda anterior, una casa en la avenida de Pedralbes, en el mismo edificio en el que la infanta decidió, hace unos años, volver a comprar un piso. Aplicando el IRPF, el resultado es una necesidad de financiación que se eleva hasta los 2.715.058 euros. Lo cierto es que la decisión de mudarse a una casa más grande fue más por una presión externa que porque ellos mismos lo necesitaran. «Fue en esa época cuando decidimos cambiarnos de casa. Teníamos tres hijos, y el piso se nos quedaba pequeño. O al menos, eso creímos. Incluso el rey, en broma, nos decía: ‘Ahí no cabéis, chicos‘. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como ‘el palacete de Pedralbes’, con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande», explica Urdangarin en su libro.

Sin duda alguna, con el tiempo se convirtió en un símbolo visual de su ascenso y, también, de su caída en desgracia. Porque el palacete siempre estuvo unido al caso Nóos. Fue una propiedad que generó una enorme polémica, no solo por su lujo, sino por la procedencia de los fondos utilizados para su reforma. Situada en la calle Elisenda de Pinós, en la zona más exclusiva de Barcelona, la propiedad era una mansión de estilo modernista construida en 1952 que el matrimonio adquirió en 2004 por unos 5,8 millones de euros. Como el propio Urdangarin indicó fue —y sigue siendo— una casa especialmente grande. Es más, la superficie de su parcela se eleva hasta los 2.145 metros cuadrados. Su superficie construida es de 1.000 metros cuadrados distribuidos en tres plantas y un sótano.
Una impresionante casa con siete dormitorios, varias plantas y última tecnología
Tras comprarla, los duques de Palma invirtieron varios millones de euros en una reforma integral que duró meses y que transformó la casa en una vivienda de ultra-lujo. Contaba con 7 dormitorios —varios de ellos tipo suite con vestidor—, 10 cuartos de baño, un salón principal de 120 metros cuadrados con chimenea y un comedor de gala. Además, incluía un garaje para varios vehículos, una bodega climatizada de gran capacidad y una zona de servicio independiente. Se instalaron sistemas de seguridad de última generación y se elevaron los muros perimetrales para evitar las miradas de los curiosos y la prensa. El jardín fue diseñado para ser un espacio de recreo familiar y eventos sociales. La piscina, de agua salada, estaba rodeada de una zona de tarima de madera noble.

El porche se trataba de un área amplia para comidas al aire libre. Estaba rodeada de árboles maduros que garantizaban una privacidad casi total. La casa pasó de ser el sueño de la familia a una «jaula de oro» y, finalmente, a un activo embargado. El juez Castro embargó la mitad de la propiedad —la parte de Urdangarin— para cubrir las responsabilidades civiles del caso Nóos. Durante el tiempo que estuvo vacía —mientras la familia vivía en Washington y Ginebra—, los costes de mantenimiento eran altísimos —jardinería, seguridad, suministros—, lo que supuso una carga financiera enorme. Tras años intentando venderla por precios cercanos a los 10 millones, finalmente se vendió en 2015 por 6,95 millones de euros. El dinero se destinó íntegramente a pagar la fianza judicial y las deudas hipotecarias.
Quién es su propietario actual

Los nuevos propietarios fueron un matrimonio árabe que, según se reportó en su momento, realizó nuevas reformas para adaptar la casa a su gusto, borrando rastro del paso de los antiguos duques de Palma. Es más, una de la señas de identidad de la vivienda era la combinación, en su fachada, de la manera con el negro. Algo que transformaron sus últimos dueños, por blanco y negro. A día de hoy, esa propiedad apenas recuerda a la que ocuparon los exduques de Palma. El dueño es el magnate hotelero de origen árabe Laith Pharaon —hijo de Gaith Pharaon, quien fue amigo del rey Juan Carlos I—. Pharaon realizó una remodelación tan agresiva que la casa llegó a estar prácticamente derruida durante meses. Se vació el interior por completo para modernizarla y adaptarla a los estándares de lujo actuales, eliminando cualquier rastro de la distribución que diseñaron los Urdangarin.

La mansión se mantiene como una de las residencias más blindadas y privadas de la zona alta de Barcelona, protegida por altos muros y sistemas de seguridad avanzados. Actualmente, la infanta divide su vida entre Ginebra y la ciudad condal donde, como decíamos, se compró una casa hace algo más de un año. Por su parte, Urdangarin reside en Vitoria junto a su novia, Ainhoa Armentia.
