Blanca Romero abre las puertas de su salón rústico en Asturias: una lámpara roja y mucha luz
La actriz y modelo se compró, hace un tiempo, una casa a pocos kilómetros de Gijón que reformó de forma completa

Blanca Romero, en una imagen de archivo. | Gtres
Blanca Romero vive un momento profesional de lo más especial. La actriz se encuentra en plena emisión de la serie que ha protagonizado en Telecinco, Pura sangre. Además, también, hasta hace nada, la modelo mantenía una relación con Quique Sánchez-Flores, el entrenador con el que parece que, ahora, está pasando una crisis en su relación. Lo cierto es que ha sido la propia Blanca quien ha eliminado todas las fotografías que habían compartido, hasta este momento, en las redes sociales. Lo que se traduce en el lenguaje de redes sociales actual que algo está sucediendo entre ambos. Ahora, Blanca se refugia en su casa, en Asturias, aunque en los últimos tiempos ha residido entre Gijón y Madrid, donde se desarrollan la mayoría de sus compromisos profesionales.
La vivienda se ubica en el concejo de Villaviciosa y es mucho más que una casa; es un refugio personal que ella misma define como su «isla». A diferencia de muchos famosos que compran casas ya hechas, Blanca se involucró personalmente en su creación desde cero, convirtiéndola en un proyecto de vida. Blanca ha confesado que construyó esta casa para que sus hijos pudieran disfrutar de la misma libertad que ella tuvo de niña en el monte asturiano. Es más, ella misma invirtió gran parte de sus ahorros en el proyecto. Un dato muy emotivo es que su padre, que era constructor, levantó los muros de la estructura, lo que le otorga un valor sentimental único.
La espectacular casa de Blanca Romero en un pueblo de Cantabria
Esta se encuentra en una pequeña aldea rodeada de prados y montañas, alejada del ruido de Madrid pero cerca de su Gijón natal. La decoración refleja la personalidad de la actriz, mezclando la simplicidad japonesa con la calidez rústica. Casi todas las paredes son blancas para potenciar la luz natural que entra por los enormes ventanales. Combina muebles modernos con piezas de madera oscura (caoba) y sillas mecedoras antiguas que es un proyecto personal de la propia Blanca. La cocina es el corazón de la casa y está hecha en color verde mint; las paredes están forradas con azulejos en un tono verde menta muy suave. Mientras tanto, los muebles son de madera oscura, creando un aire rústico pero actual.
Ha equipado la cocina con pequeños electrodomésticos en rosa pastel, rompiendo con la sobriedad del resto de la casa. La vivienda, además, tiene distintos rincones especiales. Y una espectacular lámpara roja que lo preside todo. La escalera está hecha en un metal blanco y conecta las dos plantas y funciona como una pieza de arte en sí misma. Sus perros tienen un espacio propio, es decir un «mini-piso», dentro de la casa, con camas en tonos tierra y alfombras bohemias. La zona chill-out posee un diván blanco con motivos étnicos y orientales dedicado exclusivamente a la lectura y la meditación frente a una ventana con vistas al valle. La propia Blanca ha confesado que quería que sus hijos tuvieran lo mismo que ella; «una infancia en el monte. Esta casa es mi lugar en el mundo».
Un «templo de paz» con espacios abiertos
Sin duda alguna, el salón es una de las zonas donde tanto Blanca como sus hijos pasan la mayor parte del tiempopo. Es un espacio que ella describe como su «templo de paz» y refleja a la perfección la filosofía wabi-sabi que tanto le gusta: encontrar la belleza en la imperfección y la sencillez. Lo primero que destaca del salón es su estructura. Es un espacio de planta abierta y techos altos que busca la continuidad visual. En lugar de cuadros, las paredes tienen enormes ventanales que enmarcan el paisaje asturiano. Esto hace que el verde de los prados de Villaviciosa se convierta en parte de la decoración. Las paredes, techos e incluso la estructura de la escalera son de un blanco impoluto, lo que multiplica la luz natural incluso en los días más nublados del norte.
Si hay un mueble que define este salón es su sofá modular. Se trata de un sofá de dimensiones generosas —de la marca Kave Home—, compuesto por varios módulos que ella reorganiza según la necesidad. Es de líneas bajas, sin patas a la vista —efecto al ras del suelo—, lo que invita al descanso absoluto. El tapizado es en un tono gris perla o crudo, muy sufrido pero elegante. Suele estar lleno de cojines de texturas naturales (lino y algodón) y mantas de lana gruesa, esenciales para los inviernos en Asturias. Blanca no sigue una regla fija; mezcla piezas modernas con recuerdos familiares y elementos low cost con piezas de autor.
Destaca una cómoda de madera de caoba oscura que perteneció a su familia. El contraste del color oscuro de la madera antigua sobre el fondo blanco de la pared le da mucha personalidad. Suele aparecer en sus fotos una silla de estilo Wishbone o similares en madera clara, aportando un aire nórdico. Una gran alfombra de fibras naturales delimita la zona de descanso, aportando calidez al suelo, que es de material cerámico o microcemento claro. El salón cuenta con una estufa/chimenea de diseño minimalista en color negro, integrada para no romper la estética limpia, pero que es el corazón térmico de la estancia.
Blanca Romero y su convulso momento personal
No faltan las plantas naturales que conectan el interior con el bosque exterior, y pilas de libros sobre mesas auxiliares bajas, que refuerzan ese aire de casa vivida. Blanca suele decir que su salón está diseñado para poder ir descalza por toda la casa. Por eso, las texturas del suelo y de las alfombras son fundamentales en la experiencia sensorial de su salón. Como decíamos, Blanca Romero lleva años siendo uno de los rostros más conocidos de nuestro país. Comenzó su carrera muy joven, debutando en su Gijón natal con apenas 14 años. Con 17 años se mudó a Madrid y poco después a París, donde trabajó para firmas de prestigio como Christian Lacroix y fue portada de revistas de referencia como Elle y Madame.

Se convirtió en una imagen muy reconocida en España gracias a campañas para firmas como Cortefiel y su participación en el programa Supermodelo 2006. Su gran salto a la popularidad masiva como actriz llegó en 2008 con la serie Física o química. Interpretó a Irene Calvo, la profesora de Filosofía durante cuatro temporadas. Su personaje se convirtió en uno de los más queridos y recordados por su estilo libre y rompedor. Tras un parón de diez años en los que decidió retirarse a Asturias para centrarse en la crianza de su hijo menor, Blanca regresó a la pantalla en MasterChef celebrity 8. Su paso por el programa fue muy aplaudido por su naturalidad y sentido del humor. Ella misma confesó que este proyecto fue el impulso necesario para «ponerse en marcha de nuevo» y perder el miedo al juicio estético tras años alejada de los focos.
