Entramos en Sandringham, la espectacular finca 'jacobina' donde han detenido al príncipe Andrés
El lugar era uno de los favoritos para la reina Isabel quien pasó allí sus mejores momentos junto a su padre Jorge

El príncipe Andrés junto a su hermana Ana. | Gtres
Esta misma mañana, a primera hora, un convoy de coches ha entrado en la espectacular finca de Sandringham, en Reino Unido, para detener al que fuera príncipe Andrés en el marco de las investigaciones sobre el caso Epstein. El hijo del rey Carlos se ha visto involucrado en uno de los casos que más ha sacudido a la sociedad inglesa, sobre todo por su relación con la Corona inglesa. Y es que fue una de las víctimas del depredador sexual la que señaló, directamente y sin ninguna duda, a Andrés, lo que hizo que la propia Familia Real y la sociedad inglesa comenzara a perder su total confianza. Ahora, su arresto marca un antes y un después en el reinado de Carlos III y, también, en la monarquía europea.
El lugar donde lo han detenido es, además, clave. Sandringham se ha erigido como uno de los lugares de refugio tanto para Andrés como para el resto de su familia. Para la difunta Isabel II, Sandringham era sagrado. Era el lugar donde su padre (Jorge VI) y su abuelo (Jorge V) murieron, y donde ella pasaba cada aniversario de su ascenso al trono en febrero, en recuerdo de su padre. Es famosa mundialmente porque es donde la Familia Real pasa las Navidades. La imagen de todos ellos caminando hacia la iglesia de St. Mary Magdalene el 25 de diciembre es una de las tradiciones más icónicas.
Así es la espectacular finca de Sandringham

Allí se dedican a la caza, las caminatas por el campo y la caza. Se dice que es el lugar donde la reina se sentía «una persona normal». Sandringham no es solo la mansión principal; es un complejo gigantesco en Norfolk, al este de Inglaterra. Tiene más de 8.000 hectáreas y es una finca agrícola en pleno funcionamiento. Produce desde manzanas y zumos hasta su propia ginebra y miel. Bajo el mando de Carlos III, la finca se ha vuelto un modelo de agricultura orgánica y regenerativa, eliminando pesticidas y favoreciendo la biodiversidad.
Existen, además, varios lugares claves dentro de la vivienda. Uno de ellos es la mansión principal, de estilo jacobino y ladrillo rojo. También, allí se encuentra Anmer Hall, una casa de campo dentro de la finca que la propia reina le regaló a Guillermo y a Kate tras su boda. Wood Farm es más pequeña y modesta donde el príncipe Felipe —el marido de Isabel II— vivió sus últimos años antes de retirarse de la vida pública. Por su parte, Park House también es otro de los lugares que más cariño le tienen. Aunque Carlos ama Sandringham —fue quien la modernizó ecológicamente—, su gestión ha traído cambios. El actual rey de Inglaterra ha ampliado las zonas visitables para que la finca sea económicamente rentable.
«El lugar que más amo en el mundo»

Carlos suele usar Sandringham como su centro de operaciones cuando quiere privacidad, especialmente durante su tratamiento médico reciente. Fue allí donde recibió la visita corta del Príncipe Harry a principios de 2024. A diferencia de otros palacios que parecen museos fríos, Sandringham fue descrita por el rey Jorge V como «el lugar que más amo en el mundo». Sin embargo, también es famosa por ser difícil de calentar; se dice que en invierno es una de las casas más gélidas de la Familia Real.
La estructura actual data principalmente de la década de 1870, cuando el futuro Eduardo VII la mandó reconstruir casi por completo. Su estilo se conoce como Jacobethan —una mezcla de arquitectura jacobina e isabelina—. Lo más distintivo es el uso de ladrillo rojo con terminaciones en piedra caliza blanca, lo que le da un aspecto cálido pero señorial. La silueta del edificio está llena de chimeneas decorativas muy altas y frontones —las formas triangulares o curvas sobre las ventanas— que imitan el estilo de las mansiones del siglo XVI. Algunas partes de la finca, como la famosa iglesia de St. Mary Magdalene, utilizan un material local llamado carrstone, una piedra arenisca de color jengibre que solo se encuentra en esa zona de Norfolk.
Un entorno privilegiado, humedales y estilo ‘jacobino’
Aunque el exterior parece antiguo, el interior fue revolucionario para su época: fue una de las primeras casas en tener iluminación por gas, calefacción central y duchas funcionales. El entorno es, sin duda alguna, su fuerte. Hay dos grandes lagos ornamentales alimentados por manantiales naturales, rodeados de formaciones de roca llamadas Pulhamite —una piedra artificial que parece natural, muy de moda en la época victoriana—. Bajo el mando del rey Carlos, se están recuperando humedales y liberando especies protegidas como el zarapito real (curlew). Gran parte de la finca se gestiona ahora bajo estándares de agricultura orgánica estricta.
Durante más de dos décadas, Andrés residió en Royal Lodge, una mansión de 30 habitaciones en Windsor, de la que fue echada, hace unos meses, por decisión del Rey. Andrés vivía en esta lujosa mansión gracias a un contrato de arrendamiento de 75 años que firmó en 2003. Sin embargo, el rey Carlos III ha estado presionándolo para que se mude por varias razones. La casa está en mal estado —humedades o grietas— y Andrés no tiene los ingresos oficiales para cubrir las reparaciones millonarias que exige el contrato. Además, Carlos III dejó de pagarle el equipo de seguridad que le cuidaba, argumentando que ya no era un «miembro activo» de la realeza.

Para Carlos III, que su hermano viva en una mansión de 30 millones de libras mientras está rodeado de escándalos daña la imagen de una «monarquía austera». Así, este mismo mes de febrero, Andrés fue abandonando, progresivamente, su casa para dirigirse a Sandringham, acomodándose, no en la casa principal, sino en una más modesta dentro de los mismos terrenos. Al estar en Sandringham —que es propiedad privada del Rey, no de la Corona—, Carlos tiene un control total sobre él. Allí está lejos de la vista de la prensa y del público de Londres. Un detalle curioso es que Sarah Ferguson vive con él. A pesar de estar divorciados desde 1996, mantienen una relación muy cercana y ella lo ha apoyado financieramente en los últimos años a través de sus negocios y libros. Ella también se ha visto obligada a seguir esta mudanza.
Sin duda alguna, esta mudanza se ha interpretado como el capítulo final de su caída. Al quitarle su base en Windsor (cerca de Londres) y enviarlo a la remota Norfolk, el Rey ha logrado evitar que aparezca en Windsor y, también, reducir los gastos de seguridad y mantenimiento que la Corona ya no quería asumir.
