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Los rincones gallegos que recomienda Marta Ortega: de un histórico pazo a su restaurante favorito en La Coruña

La hija de Amancio Ortega lleva una rutina muy normal en Galicia donde pasa tiempo junto a sus hijos y su marido

Los rincones gallegos que recomienda Marta Ortega: de un histórico pazo a su restaurante favorito en La Coruña

Marta Ortega, en una imagen de archivo. | Gtres

Marta Ortega es una enamorada de su tierra. La presidenta de Inditex nunca ha abandonado la ciudad que le vio crecer —La Coruña— y allí ha criado a sus tres hijos; Amancio, Matilda y Manuel. Los tres han crecido rodeados en un entorno totalmente normal, sin demasiadas excentricidades y, sobre todo, recorriendo aquellos lugares que más han marcado a su madre. Y es que, como decíamos, la hija de Amancio Ortega tiene un vínculo muy estrecho con Galicia, combinando sus raíces en La Coruña con sus refugios más discretos en las Rías Bajas y en la Costa de la Muerte.

La conexión de Marta Ortega con Galicia va mucho más allá de haber nacido en Vigo o vivir en La Coruña; es una relación de lealtad profunda y un compromiso por posicionar a su tierra en el mapa global del lujo y la cultura. Mientras otros líderes de grandes corporaciones prefieren el anonimato de Madrid, Londres o Nueva York, ella ha decidido que el centro de su universo personal y profesional siga siendo Arteijo. A diferencia de otras multinacionales que deslocalizan sus sedes centrales, Marta ha reforzado la apuesta de Inditex por Galicia.

La conexión gallega de Marta Ortega

Marta Ortega junto a su marido. | Gtres

Bajo su presidencia, la sede ha seguido expandiéndose con edificios de arquitectura vanguardista y sostenible. Arteijo es su centro de operaciones diario. Ha convertido La Coruña en un polo de atracción de talento internacional. Diseñadores y creativos de todo el mundo se mudan a Galicia para trabajar con ella, lo que ha cosmopolizado la ciudad sin que esta pierda su esencia marinera. Marta ha utilizado su influencia y sus contactos personales para traer el arte de primer nivel a La Coruña. A través de la Fundación MOP (Marta Ortega Pérez), ha rehabilitado espacios portuarios degradados para convertirlos en centros de exposición.

Gracias a ella, Galicia ha acogido retrospectivas de fotógrafos legendarios —Lindbergh, Newton o Penn— que normalmente solo se verían en el MoMA o el Victoria & Albert Museum, convirtiendo a A Coruña en una capital mundial de la fotografía de moda. Si hay un lugar que simboliza su conexión con las raíces y la familia, es el Pazo de Anceis (en Cambre). Fue el lugar donde se casó —en ambas ocasiones— y donde la familia Ortega celebra sus momentos más íntimos. Representa esa Galicia verde, señorial y discreta que tanto protege. Allí es donde Marta ejerce de anfitriona para sus amigos internacionales, mostrándoles la gastronomía y el paisaje gallego.

Sus rincones favoritos: de dos pazos a la Costa de la Muerte o las Rías Bajas

Como decíamos, a pesar de su patrimonio, su día a día en La Coruña destaca por una normalidad sorprendente. Es habitual verla caminando por el paseo marítimo, comprando en tiendas locales o cenando en restaurantes de la ciudad sin grandes despliegues de seguridad. Esta discreción gallega es una seña de identidad que comparte con su padre: la idea de que se puede ser la persona más poderosa de la moda mundial y, a la vez, una vecina más que disfruta de un café frente al Orzán. En el centro hípico de Casas Novas (Arteijo), Marta ha logrado unir su pasión por los caballos con la promoción de Galicia. El concurso de saltos que allí se celebra es una cita internacional que sitúa a la comarca en el calendario deportivo de élite, pero manteniendo siempre un ambiente familiar y cercano.

Si hablamos de lugares concretos, no podemos dejar de mencionar el muelle de batería —donde se encuentra la Fundación MOP—. Es, sin duda alguna, su gran proyecto personal en la ciudad. Allí se ubica su fundación artística, donde organiza exposiciones de fotografía de nivel mundial —como las de Peter Lindbergh o Irving Penn—. El espacio cuenta con una cafetería de estilo minimalista con terraza frente al mar que se ha convertido en un punto de referencia. También, Oleiros se ha convertido en uno de sus lugares favoritos. Se sabe que ella y su padre, Amancio Ortega, son clientes fieles de El Refugio, un restaurante clásico conocido por su producto gallego de alta calidad.

Para sus cenas más íntimas en la ciudad, la empresaria frecuenta la exclusivo barra de sushi de Omakase. Es una de sus «pasiones culinarias» declaradas, donde suele confiar en el criterio del chef. El pazo de Aián, en Cambre, situado en la localidad de Sigrás, es su refugio privado. Se trata de una construcción histórica del siglo XIX rodeada de una inmensa finca con huerto, estanque y jardines donde busca desconectar del ritmo urbano. Durante el verano, además, la hija de Amancio Ortega se escapa hasta la playa de Arneles, lo que considera como su tesoro escondido en las Rías Bajas. Es una zona de aguas tranquilas y entorno virgen donde suele fondear el yate familiar, el Valoria B, y donde se la ha visto practicando deportes náuticos como el paddle surf.

Su restaurante favorito en La Coruña

Marta también es una entusiasta de las rutas a pie, ya que lleva una vida bastante activa. Se la ha visto recorriendo tramos de este sendero, específicamente la etapa que va desde el puerto de Malpica hasta la playa de Seiruga, destacando la belleza de las Islas Sisargas. En sus visitas a la Costa de la Muerte suele acudir a un pequeño restaurante, que cuenta con una estrella Michelin, situado en un acantilado con vistas espectaculares al Atlántico. También frecuenta la zona de La Mariña lucense, dejándose ver por el puerto de Mirasol durante escapadas de fin de semana.

Su rutina se desarrolla en la ciudad de La Coruña, donde se estableció hace mucho tiempo después de una intensa formación. En la sede de Inditex en Arteijo se mueve por cada una de las plantas, interesándose por las distintas operaciones y todo lo que se está llevando a cabo. Tras la jornada en la oficina, su vida se traslada al centro. Se la ve con frecuencia paseando con sus hijos por el Paseo Marítimo o por las zonas de juegos infantiles cercanas a su residencia en la zona de la Dársena. Es habitual encontrarla en comercios de proximidad o en el Mercado de la Plaza de Lugo, donde compra productos frescos como cualquier otra vecina. La hípica es su gran pasión. Pasa mucho tiempo en el centro de Casas Novas, en Arteijo, supervisando los entrenamientos o simplemente disfrutando del entorno con sus caballos.

Marta no frecuenta fiestas exclusivas, sino lugares con alma y buen producto. Mantiene costumbres muy coruñesas, como correr la San Silvestre cada 31 de diciembre o tomar algo en el Rialto, una cafetería clásica frente al Ayuntamiento, durante las fiestas. Además, cuando necesita desconectar del todo, se traslada a alguno de los pazos familiares y rurales. Probablemente el más importante es el de Aián. Pero, también, el de Anceis, que sigue siendo el punto de reunión familiar para los domingos o grandes celebraciones, donde el protocolo desaparece en favor de la privacidad absoluta. Su estilo de vida en Galicia es tan discreto que los coruñeses suelen aplicar la ley del silencio: la ven, la reconocen, pero la dejan tranquila, integrándola como una ciudadana más.

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