La villa gallega donde se conocieron Fernando Torres y su mujer: «Me mantiene los pies en el suelo»
El exfutbolista y Olalla se enamoraron cuando tenían 17 años y lo hicieron en una de las playas más bonitas de La Coruña

Fernando Torres, en una imagen de archivo. | Gtres
Fernando Torres se enamoró de su mujer, Olalla Domínguez, en la pequeña localidad gallega donde veraneaba todos los años. Lo suyo fue un amor que fue evolucionando con el paso del tiempo y, ahora, viven una relación madura junto a sus tres hijos. A diferencia de los romances mediáticos que suelen rodear a las estrellas del deporte, lo suyo es un relato de lealtad que comenzó mucho antes de la fama mundial. Su historia de amor empezó en 2001 cuando no habían cumplido la mayoría de edad y él empezaba a despuntar en el Atlético de Madrid.
A medida que la carrera de Torres explotaba —su capitanía en el Atleti, su salto al Liverpool y su éxito con la Selección Española—, Olalla se mantuvo siempre en un segundo plano. Se mudó con él a Inglaterra y ha sido su pilar fundamental en los momentos de mayor presión mediática. Después de ocho años de relación, la pareja decidió formalizar su unión de una manera muy poco convencional para una estrella de su calibre. Se casaron en mayo de 2009 en el Ayuntamiento de El Escorial y fue una ceremonia civil y privada a la que asistieron solo dos testigos. No hubo exclusivas en revistas ni grandes fiestas con cámaras; buscaban la máxima intimidad.
La relación de Fernando Torres con Galicia
Fruto de su relación, la pareja tiene tres hijos; Nora, la mayor, que nació en 2009. Leo vino al mundo un año más tarde y Elsa, la pequeña, nació en 2015. Lo que más destaca de ellos es la normalidad. Olalla ha evitado siempre el perfil de influencer o figura pública —lo que hoy se llama WAG—, centrándose en su vida familiar y profesional. Por su parte, Torres siempre le ha dedicado sus triunfos, destacando que ella lo conoció cuando «no era nadie» y lo ha acompañado en todo el camino hasta su retirada y su etapa actual como entrenador. «Es la persona que me da el equilibrio y la que siempre ha estado ahí, en lo bueno y en lo malo», destacó en una ocasión.
La vida de Fernando Torres ha estado marcado siempre por su unión a Galicia. «Galicia ha marcado mi vida entera; de ahí es mi padre, allí conocí a mi mujer, nació mi hija… Cada verano suponía el momento que estaba deseando que llegara desde que se acababa agosto», contó en una entrevista de Joe Down hace años. «Por la mañana iba a la playa de Cee con mis amigos y por la tarde al pabellón de Corcubión a apuntarnos a los torneos; ese mes lo pasaba increíble», apostilló, sobre cómo eran sus veranos. Su progenitor, José Torres, nació en la parroquia de Gastrar, en el concejo de Boqueixón, a menos de 20 kilómetros de Santiago de Compostela.
La villa marinera a la que siempre vuelve
Allí vivían los abuelos paternos de Fernando Torres, Claudio Torres y Maruja Vigo, quienes tuvieron nueve hijos, entre ellos, José Torres, como cuentan en La Voz de Galicia. Su progenitor era inspector de Policía y, hace tiempo, se trasladó hasta la localidad madrileña de Fuenlabrada donde echó raíces. Allí nacieron sus tres hijos; Paz, Israel y Fernando. «Me gustaría agradecer por supuesto a mi familia. A mi madre, que me acompañaba en el tren a entrenar, todos los días, haciendo los deberes por el camino. Hizo muchos sacrificios, como tantas madres, para que su hijo cumpliera su sueño. Muchas gracias, mamá. A mi padre, por su ejemplo, por no perderse un partido, por enseñarme los valores que luego también el Atlético me enseñó. Gracias por dejarme siempre elegir y equivocarme para así aprender de mis errores. Gracias, papá», confesó el propio Torres en su despedida en 2021, poniendo en valor la labor de sus progenitores.
Cuando eran jóvenes, tanto Olalla como Fernando coincidían en la playa de Estorde, en la localidad de Cee, donde vuelve cada verano. Estorde se encuentra en la Costa de la Muerte, una de las más conocidas en Galicia. Es una localidad costera pequeña, famosa principalmente por su playa. Si buscas paz absoluta, este es el sitio. La playa de Estorde es una ensenada de arenas blancas y aguas muy tranquilas —algo raro en la brava Costa de la Muerte—. Está resguardada del viento, lo que la hace ideal para familias. No es un lugar de grandes hoteles ni discotecas. Es un sitio de campings, casas rurales y un par de restaurantes donde se come el mejor marisco de la zona. Está a medio camino entre Corcubión y Finisterre. De hecho, desde la zona se siente esa energía de estar en el fin del mundo.
Una playa llena de historia y con unas vistas preciosas
Para la pareja, Estorde ha sido su zona segura. Durante los años de mayor locura en el Liverpool o el Chelsea, este era el lugar donde Torres podía ser simplemente Fernando. n Estorde, los vecinos están acostumbrados a verlos. Se dice que Torres podía bajar a la playa con la toalla al hombro o jugar al fútbol con los niños del lugar sin que nadie lo agobiara. Es muy conocido que la pareja frecuenta los locales de la zona para disfrutar de una buena mariscada o un arroz, siendo tratados como unos clientes más de toda la vida. Se dice que fue precisamente en estas playas y en los paseos por los alrededores de Cee donde consolidaron su relación antes de irse a vivir a Inglaterra. Para Olalla, que es gallega, Estorde representa su casa, y para Fernando, el lugar donde desconectar el modo leyenda y conectar el modo padre y marido.
Actualmente, Torres es una de las figuras más prometedoras de la cantera del Atlético de Madrid. Tras pasar por el Juvenil A —donde cosechó grandes éxitos—, en 2024 asumió el cargo de entrenador del Atlético de Madrid B. En mayo de 2025, amplió su contrato con el club hasta junio de 2027, consolidando su proyecto de formación de jóvenes talentos. Se define como un técnico exigente y autocrítico, que busca un fútbol de vértigo, intenso y agresivo. Fuera del césped, Torres ha construido un imperio dedicado al deporte y la salud. Es el dueño de la exitosa cadena de gimnasios Nine Fitness. Su implicación no es solo financiera; ha transformado su propio físico mediante el boxeo y la hipertrofia, convirtiéndose en la mejor publicidad para su marca.

Ha diversificado sus activos en sectores inmobiliarios y proyectos de gestión deportiva. A pesar de su fama, mantiene un perfil bajo en la urbanización La Finca, en las afueras de Madrid. Dedica gran parte de su tiempo a sus tres hijos (Nora, Leo y Elsa). Es común verlo en eventos escolares o apoyando a su hijo varón, quien sigue sus pasos en las categorías inferiores del Atlético. Recientemente ha mostrado una faceta más personal al presentar públicamente a su hermana Paz, destacando su talento como artista. Junto a su esposa Olalla, sigue evitando los eventos sociales masivos, prefiriendo una rutina de mañanas tranquilas, entrenamiento personal y excursiones familiares.
