La adolescencia a la francesa de Samantha Vallejo-Nágera en El Viso: «Era la absoluta nulidad»
La chef fue criada por su madre y vivió junto a sus tres hermanos, pensando, solamente, en pasárselo bien y en el esquí

Samantha Vallejo-Nágera junto a su marido Peru. | Gtres
Samantha Vallejo-Nágera se crio entre Madrid, Pedraza y Francia. Fue la capital de España el lugar donde creció como persona, donde acudió al colegio e hizo su grupo de amigos. Mientras tanto, Pedraza se convirtió en aquel enclave indispensable en sus veranos de niña y, también, donde le esperaban, unos días al año, su familia, con los brazos abiertos. Francia también tiene un hueco muy especial en su corazón y es que, su madre, nació en el país vecino y siempre crio a sus hijos con ese toque francés que le sigue caracterizando. Sin duda alguna, la adolescencia de la que fuera jurado de MasterChef fue de lo más especial, rodeada de sus personas más queridas y condicionada por su rutina.
Samantha creció en una familia de gran peso intelectual y social en España. Es hija del ingeniero Manuel Vallejo-Nágera y nieta del prestigioso psiquiatra Antonio Vallejo-Nágera. Esto le hizo crecer en un ambiente donde se valoraba la cultura, pero ella siempre se sintió más atraída por la acción que por los libros. Ella misma ha confesado en diversas entrevistas que no era una buena estudiante. Su hiperactividad y ganas de hacer cosas prácticas chocaban con el sistema escolar de la época.
La adolescencia rebelde de Samantha Vallejo-Nágera

Durante su adolescencia, Samantha fue lo que hoy llamaríamos una joven inquieta y deportista. Pasó gran parte de su juventud en La Pinilla, donde el esquí no solo era un deporte, sino su vida social y su forma de canalizar toda esa energía que no ponía en los estudios. Siempre tuvo un punto rebelde y una personalidad muy marcada, alejada de los convencionalismos de las chicas de su entorno social más tradicional. Aunque la cocina es hoy su bandera, en su adolescencia no fue una vocación temprana de «fogones desde la cuna».
Tras una etapa escolar algo convulsa, fue una apuesta con su jardín de infancia —donde trabajaba— y la sugerencia de su entorno lo que la llevó a probar suerte en la cocina de Horcher, un emblemático restaurante de Madrid. Fue en esa transición entre el final de la adolescencia y la juventud temprana donde descubrió que la disciplina de una cocina profesional era justo lo que necesitaba para ordenar su caos creativo. Su hermano es Colate (Nicolás Vallejo-Nágera), con quien compartió gran parte de esas vivencias de juventud en el Madrid de los años 80, una época de efervescencia cultural que sin duda marcó su carácter extrovertido.
«Yo era una absoluta nulidad. No me enteraba de nada»
Samantha ha hablado en varias ocasiones sobre cómo fue esa adolescencia. «Yo era una absoluta nulidad. No me enteraba de nada, me aburría soberanamente en clase», contó en una ocasión, destacando que, en su casa, eran todos «inteligentísimos, ingenieros, psiquiatras… y yo era la que sacaba ceros. Me sentía la tonta de la familia». Además, tenía una personalidad inquieta: «Era hiperactiva, pero en aquella época no se sabía qué era eso. Solo decían que era una niña pesada y movida». Su adolescencia no fue la de una chica convencional de la zona alta de Madrid; ella necesitaba calle y acción. Su carácter era la de «una rebelde sin causa». Es más, le encanta «el lío, salir y el mundo de la noche y el esquí».
«Mi madre estaba desesperada conmigo. No sabía qué hacer. Yo solo quería estar en la calle, con mis amigos, yéndome a la sierra a esquiar», explicó. Además, sobre sí misma siempre ha dicho que, en aquellos años, fue «muy disfrutona». «Viví la Movida madrileña al máximo. Probé de todo, pero siempre tuve ese punto de deportista que me salvó», ha mencionado. Sin duda alguna, su madre, también, marcó un antes y un después en su vida, sobre todo cuando le dio un ultimátum. «Un día mi madre me dijo: ‘O haces algo o te vas de casa’. Yo estaba trabajando de monitora de comedor y no hacía nada serio», contó. Su hermano Colate la retó diciendo que no aguantaría ni dos días en una cocina profesional. Ella ha relatado: «Entré en Horcher por una apuesta. Me puse el delantal y, por primera vez en mi vida, alguien me dio una orden y me gustó cumplirla. Me di cuenta de que el orden de la cocina era lo que mi cabeza necesitaba».
Su vida en El Viso, el barrio más caro de Madrid
Samantha creció en la zona de El Viso, en Madrid. Es una de las áreas más exclusivas de la capital, caracterizada por sus chalets y su ambiente residencial de lujo. Era un Madrid muy específico, el de las familias bien de toda la vida. Aunque vivía en Madrid, ella misma dice que su «verdadera casa» emocional durante la adolescencia estaba en la sierra. Pasaba todos los fines de semana y vacaciones esquiando, que era donde realmente se sentía libre y alejada de la presión académica de la ciudad. Su familia era una mezcla de disciplina militar, prestigio médico y éxito empresarial, lo que hacía que su fracaso escolar destacara todavía más.
Su abuelo, Antonio, fue un famosísimo —y controvertido— psiquiatra. Esto le daba a la familia un estatus de intelectualidad superior. Su padre, Manuel, ingeniero de caminos, era un hombre con una estructura mental muy organizada, a quien le costaba entender por qué su hija no podía centrarse en los estudios. Por su parte, su progenitora, Sabine, tenía un estilo muy elegante pero, a la vez, firme. Samantha es la tercera de cuatro hermanos, y la dinámica entre ellos era fundamental. Alejandra, la mayor, es psicóloga y escritora. Era el ejemplo de «hija aplicada» que Samantha no era. Íñigo está dedicado al mundo de la empresa y Colate es el pequeño y siempre ha sido su gran cómplice. Eran los dos hermanos rebeldes y fiesteros, siempre juntos en el ambiente nocturno de Madrid.
Ella ha descrito su casa como un lugar donde se comía muy bien. Gracias a la influencia francesa de su madre, la gastronomía siempre estuvo presente, aunque ella no le hiciera caso de joven. Al ser una familia de «triunfadores», ella sentía que era la que se quedaba atrás. «En mi casa todos hablaban de cosas importantes y yo solo pensaba en salir y en esquiar», ha llegado a decir. Sin duda alguna, lo que le más les marcó fue la marcha de su padre. Cuando Samantha tenía unos 9 o 10 años, su padre, Manuel Vallejo-Nágera, decidió irse de casa de un día para otro. No fue un divorcio amistoso ni una transición suave.
«Mi padre se fue de casa y nos dejó»
Samantha ha relatado que su padre se fue con otra mujer y se desentendió de la crianza diaria. «Mi padre se fue de casa y nos dejó», ha dicho de forma directa en DecoMasters. Durante años, la relación fue prácticamente inexistente. Samantha ha recordado que pasaron de ser una familia de la alta burguesía madrileña a ser una madre sola con cuatro hijos.
